Después de ese momento Katsuki lo besó y lo acarició con mayor dulzura sin detener la lujuria y el ritmo intrépido que llevaban sus caderas. Los amantes consolidados en sus roles eran muy ruidosos durante el sexo. Katsuki gruñía, maldecía y gemía de manera cavernosa ante su orgasmo próximo. Izuku sonó más lloroso al sentir como comenzaba a eyacular. —¡Ahh! Te quiero, te quiero —chilló el pecoso al percibir cómo su m*****o se sacudía y esparcía su eyaculación sobre las abdominales de su amo combinado a la intensidad de sus fantasías cumplidas con su Dios del vino lo hicieron llorar. —Te quiero —dijo de nuevo y lo abrazó con sus piernas. —¿M-me quieres? —El rubio pronunció agitado, estaba casi perdido en su propio punto culminante. Katsuki besó a Izuku mientras aceptó el semen calien

