Desborde
En mi cabeza solo se reproduce una y otra vez la imagen de nuestra casa en llamas, la veía desde la acera mientras abrazaba el cuerpo de mi madre sin vida. Recuerdo ver a un montón de personas acercarse, hablarme o solo mirarnos, vi celulares apuntándome como si fuera un show. Tengo el recuerdo de todo, los paramédicos quitándome a mi madre, bomberos levantándome para hacer su trabajo, policías intentando hablar conmigo de lo que había pasado hace apenas quince minutos. No lo estaba sintiendo real, esperaba despertar de una pesadilla que cada vez se volvía más real, estaba cubierta de sangre y luego solo caí, me desmayé.
Desperté en la habitación blanca de un hospital, yo estaba limpia no había sangre en mí y desde donde estaba vi a una mujer de espaldas viendo por la ventana de la habitación, me sobresalté y ella giró para verme.
—Lo siento, no quise asustarte. Estaba esperando que despertases Malia. Soy la enfermera Joane.
Solo la miré y ella a mí. Sentía mi boca sellada, nada salía, no tenía fuerzas para hacerlo. Mis ojos observaron el reloj frente a mí en la pared, había pasado solo horas de lo sucedido.
—Estarás bien Malia—me susurro. Detrás de ella y por el vidrio pude ver un pasillo lleno de oficiales y más enfermeras volteándome a ver cada tanto, no podía reconocer sus expresiones. Hasta que una mujer se acercó y entró sin más.
—Hola Malia, soy la detective Woods—ella se sentó en la silla que tenía al lado de mi camilla—. Quisiera hablar contigo—acomodó su cabello corto detrás de una oreja. Con ella vi que llevaba un maletín n***o.
—Aún no están permitidas estas visitas detective, necesito que salga ahora—la enfermera le dijo echa furia.
—Está bien—dije y ambas me miraron—. Podemos hablar—me senté en la camilla.
—Estaré allí afuera por si me necesitas—dijo Joane antes de salir a esperar en el pasillo.
—Quisiera que me cuentes un poco sobre lo que recuerdes de esa noche—habló ella reposando una hoja en su regazo y apretando el botón de su bolígrafo lista para escribir cada detalle que dé.
—Recuerdo estar soplando las velas en mi cumpleaños y mi madre cantándome al lado y luego dos hombres entraron por la puerta trasera con armas. Uno me encerró en el armario y el otro asesinó a mi madre de tres disparos. Cuando pude salir del armario ellos ya se habían ido, pero antes arrojaron gasolina en casi toda nuestra casa y por eso todo estaba consumiéndose en llamas, como pude saqué el cuerpo de mi madre por el frente de la casa y eso es todo detective—conté casi sin respirar, no quería seguir pensando en eso ni un segundo más.
—¿Recuerdas sus rostros o algo característico de alguno de ellos? —su voz sonó más condescendiente luego de hacer la pregunta mientras seguía anotando.
—Estaban vestidos de n***o, llevaban un pasamontaña, no pude ver sus rostros. Solo sé que uno tenía ojos verdes y el otro marrónes, sus cuerpos eran básicamente igual de fornidos. Uno de ellos daba las instrucciones y el otro las seguía—hablé tratando de recordar algo más sobre ellos y todo lo sucedido.
—Está bien Malia, esta información es muy útil, no ayudaste muchísimo. Te prometo que los encontraré y pagaran por lo que hicieron—me dijo ella y yo asentí con la cabeza pesándome, al salir solo me di vuelta para darle la espalda a la entrada, donde muchas personas parecían verme. Así pasaban las horas y horas hasta que otra mujer entró a mi habitación, otra mujer con expresión de empatía y lastima.
—Hola Malia, soy Samantha, trabajadora social. Los doctores me dijeron que ya tienes el alta médica y ahora corresponde que vengas con nosotros, te conseguimos un lugar temporal mientras nos contactamos con tu abuelo. Mientras tanto te dejo esto aquí para que te cambies y cuando estés lista vengas conmigo—me contó mientras yo la observaba sin ánimos de acotar o decir algo.
Me levanté de la camilla por primera vez y fui directo al baño con la mochila que Samantha me había entregado. De allí saque el jean suelto color azul, un sweater n***o, un abrigo largo color marrón y un par de zapatillas negras. Me coloqué todo eso y me hizo un moño en el pelo antes de salir del baño, no quería ni verme al espejo, me sentía extraña en un cuerpo que no era mío.
Samantha me subió a su auto y condujo un largo camino hasta una casa estadounidense típica familiar.
—Es aquí—me dijo mientras estacionaba y ambas bajábamos del auto para cercarnos a tocar la puerta. —Es una casa de acogida, te quedaras hasta que contacte y tenga noticias de tu abuelo—me explico brevemente lo cual no me interesaba, solo quería estar en paz y ahora debía estar con desconocidos. Nos abrió una señora rubia con una sonrisa y aun así llevaba una cara de compasión, instantáneamente me abrazo sin permiso.
—Siento mucho tu perdida—me dijo soltándome y dejándonos entrar. Ella y su esposo solo se presentaron y me enseñaron la habitación donde me quedaría hasta nuevo aviso.
De eso ya hacía tres días, tres días recostada en una cama sin salir y solo viendo por la ventana como el día se convierte en noche y la noche en mañana. Consumida cada minuto por pensamientos y pesadillas de esa noche. Hubo días en los que personas venían y se sentaban frente a mí a hablar, solo que mi cabeza no podía procesar lo que decían ni tampoco sabía quiénes eran, solo veía sus trajes o placas policiales. Comencé a sentir que me estaba perdiendo dentro de mí misma, mi interior lloraba y caía cada vez más profundo en una inmensidad de miseria y tristeza. Y por fuera no había expresión, ni emociones ni nada, hasta el cuarto día, cuando por fin salió el sol y lo sentí entrar por la ventana e iluminarme la cara desde la cama donde me encontraba, sentí que me estaba acariciando y comenzaba a sentir mi piel calentarse luego de tantos días fríos y de creer que estaba muerta. Al mismo tiempo, entró la detective Woods, encargada del caso a la habitación.
—Ya pudimos contactar a tu abuelo. Viene en camino—me dijo mientras se sentaba al borde de la cama.
Mi única familia era mi madre. Jamás conocí a mi padre. Visite a mis abuelos en Irlanda cuando era muy pequeña, solo sé que tuvieron una fuerte pelea con mi madre y no los volvimos a ver. No tenía mucha más información que esa sobre el hombre que estaba viniendo por mí.
—La policía y detectives aun trabajamos en el caso—volvió a hablar mientras me veía, esperando una reacción de mi parte. —Te traje algo que creo que te gustaría tener. No se lo puedes decir a nadie, no debí tomarlo—susurró mientras del bolsillo de su chaqueta sacaba una bolsa hermética, era el collar de mi madre, el que llevaba puesto siempre, pertenecía a su madre y bisabuela.
Logró una reacción en mí, me senté y ella lo colocó en mis manos. Y entonces, solo entonces sentí algo retorcerse dentro de mí, el nudo en la garganta y el dolor en el pecho como si me hubiera encendido. El castillo de cristal se había quebrado y los pedazos empezaban a caer sobre mí, mientras aquel día comenzaba reconstruirse en mi mente, cada minuto y cada segundo chocaron con la realidad. En mis manos sostenía un último recuerdo de su viva existencia, el recuerdo de que debí ser yo y no ella, el collar que debía permanecer aun en su cuello y no en una bolsa de evidencia. Las lágrimas estaban saliendo, estaba llorando cuando caí sobre mis rodillas y acerqué el collar a mi pecho para sentirla cerca de mi. La detective se puso de rodillas como yo y me abrazó, mientras acariciaba mi cabello. Solo podía pensar en que no llevaba el perfume de mi madre, no era ella y no la volvería a abrazar.
Ella se separó de mí en cuanto dejé de llorar, se paró y me ayudó a sentarme en la cama.
—Te prometo que no habrá descanso ni paz hasta que encuentre a los culpables—me susurró antes de irse.Seguí llorando recostada en la cama con el collar en mis manos y viendo por la ventana como el cielo se nublaba y amenazaba con llover.
Desperté al otro día con el sonido de un trueno y me sobresalte al ver a un hombre mayor sentado en una silla frente a la ventana con la mirada perdida, el notó que desperté así que se paró y se alejó un poco dándome espacio.
—Lo siento, no quise despertarte, Malia. Soy Hurley, tu abuelo. No creo que me recuerdes, eras muy pequeña la última vez que... —no pudo terminar la oración. —Lo siento muchísimo y siento que esto deba ser así—dijo mirando sus pies nerviosamente. —Luego de firmar algunos papeles, volveré por ti—solo me observo unos minutos esperando que dijese algo en contra, pero no lo hice porque no tenía ni un poco de fuerza para pelear con un desconocido, ni decir una palabra.
Esperé a Hurley una hora, pero debía hacer algo y ya no podía esperar. Me coloqué el collar de mi madre y salí por la ventana de esa habitación. No había nada allí que me perteneciera, no me importaba volver por nada. Corrí unas cuadras bajo la lluvia hasta asegurarme que nadie me haya visto, en cuanto me ubique y supe dónde estaba, camine a nuestra casa, necesitaba verla.
Me acercaba a la pequeña casa blanca que ya no existía, que hoy solo eran cenizas, frente a mi veía el único lugar donde me sentí amada y comprendida, el lugar estaba incinerado. Me recordé a mi intentando salir del armario donde estaba atrapada y luego intentando arrastrar el cuerpo de mi madre para salir del lugar que estaba cayéndose a pedazos.
—La detective estaba preocupada, huiste sin avisar—alguien habló detrás de mí. —Me dieron esta caja, son algunas cosas que pudieron rescatar del incendio—esta vez giré para ver a Hurley sosteniendo una caja con cosas.
Me acerqué para tomar la caja y dejarla sobre el suelo, me dispuse a observar detenidamente lo que había, nada que realmente valiera para mi eran cosas estúpidas. Cargué la caja y la arrojé en el primer cesto.
—Solo es basura—le dije y suspiro con calma, nos mirábamos a los ojos buscando una respuesta a lo que vendría, luego sus ojos se posaron en el collar de mi madre y su expresión cambio, no supe descifrarla.
—Tomaremos un avión en 2 horas, nos vamos a Irlanda—replicó dudoso a mi reacción.
—Como sea—obedecí porque quería y necesitaba irme, porque en cuanto despierto y caigo en la realidad de la situación que estoy viviendo me destruye un poco más, me ahoga.
Comencé a caminar en dirección al aeropuerto con Hurley detrás de mi arrastrando una valija. No estábamos lejos, pero en cada paso dejaba atrás muchas cosas que me pesaban, con cada paso me acercaba a lo desconocido.
Llegamos casi a tiempo, Hurley presentó los pasajes e identificaciones mientras yo esperaba alejada de eso y acariciando el collar de mi madre que reposaba en mi cuello.
El me hizo una seña con la mano para que lo siguiera y ambos entramos al avión, nos sentamos juntos y no recuerdo más, me quede completamente dormida por primera vez desde ese día.
—Malia, ya llegamos.
Abrí mis ojos y pude ver toda la luz que entraba por las ventanillas del avión, con Hurley comenzamos a imitar a los demás pasajeros y descender del avión.
—Mira, allí está Erick. Te lo presentaré—dijo mientras yo lo seguía.
—Oh, déjame ayudarte—el chico que Hurley señaló, le arrebató la valija mi abuelo. —Hola, soy Erik, trabajo en el hotel—me sonrió relajado y extendió una de sus manos como saludo y le devolví el saludo extendiendo mi mano también. Parecía tener unos 25 años, era alto y con una contextura esbelta. Sus ojos eran de un color gris azulado y caídos. Como Hurley, él también tenía la piel bronceada y su cabello ondulado le daba un aspecto aún más veraniego.
—Soy Malia—me presente aun pensando de que hotel estaba hablando él.
—Lo sé, todos están muy emocionados por conocerte—rio y se alejó para abrir la camioneta y subir el equipaje.
—¿Hotel? —le pregunte a Hurley dudosa, de que hotel hablaba Erick.
—Hablaremos en cuanto lleguemos, hay cosas que no te dije—¿acaso mis abuelos vivían en un hotel? Todo el camino me estuve preguntando si tal vez vendieron su casa por problemas económicos o si realmente vivan en un hotel por gusto.
Subí a la parte trasera de la camioneta esperando a llegar a donde sea que debíamos llegar para poder encerrarme en algún lugar sin tener que hablar con nadie.
Fue un viaje de 15 minutos, los conté con mi reloj y de hecho pareció una eternidad escuchar a Erick y Hurley hablar de cosas que no logre tomar en consideración.
—Bien llegamos, hogar dulce hogar—sonrió Erick viéndome por el espejo retrovisor antes de bajar la valija de Hurley.