Claudia ya no tenía el apellido Montilla. Ahora era Gardner.
Aquel era el apellido de su madre, uno que había sido utilizado en ella como un segundo apellido que apenas era visible para los demás, pero si alguien escuchaba tal apellido, todos pensarían en Stella Gardner, la mujer que revolucionó la industria cosmética y que había estado una vez en la pasarela con diferentes modelos.
Stella Gardner había sido una supermodelo que llamó la atención del público y de expertos debido a su habilidad de que toda ropa que se ponía se veía tan bien y espectacular que era un poco asombroso. Había sido al menos la número dos en el ranking de supermodelos, pero un día desapareció del medio del modelaje y se dedicó a la cosmética.
Ella sabía bien porque.
Sus padres eran un matrimonio arreglado. Albert, la única manera que se haya casado con Stella fue por un matrimonio arreglado. No hubo amor, no cuando Stella despreciaba a Albert por sus miradas promiscuas y que la única vez que lo dejó tocarla, fue para tener un heredero.
Aunque claro, eso no quitó que Stella amara a su hija, la luz de su vida tan miserable que la habían condenado sus padres.
Albert, por otro lado, la odio cada minuto de su vida porque representó algo que ella era y eso fue el odio de Stella hacía él y el amor que sentía hacía su hija.
Claudia sabía que su padre amó a su madre, pero de una manera obsesiva y enfermiza hasta el punto que le suplicó a sus propios padres arreglar un matrimonio con aquella mujer que quería poseer. Cuando Stella no le devolvió el amor, él la odio hasta el punto que la quería muerta.
No era sorprendente que su propio padre fuera el causante de la muerte de su madre. Claudia lo supo solo por casualidad que hizo temblar su mundo y esperar una venganza de años.
Y ahora era el momento.
Saliendo del registro civil junto con Daniel, todo en ella brillaba de felicidad que había llamado la atención de las personas que se apresuraron al ver las manos de ambas personas por si era el registro de un matrimonio, pero no había nada.
Si Claudia supiera lo que pensaban las otras personas, se habría sentido un poco asqueada porque pensaba en Daniel como un padre.
—Claudia, ahora tendré que arreglar algunas cosas de la empresa —mencionó Daniel cuando iban al auto de este.
Se había convertido en el secretario de Claudia, por lo que no fue sorpresa que empezara a ayudarla en los temas administrativos de la empresa dejada por Stella Gardner. Con su experiencia, era algo que podría hacer con los ojos cerrados, y dado la idea que se le había metido Claudia, no tenía de otro que ayudarla en cada aspecto y dar un informe cada día. Aunque no fue una mala idea de Claudia ver aquellos que se estaban aprovechando de la empresa después de ver algunas inconsistencias con los papeles, serviría para sacar a todos que trataban de perjudicar a la empresa.
Y aparte, sería entretenido para Claudia que quería aparentar ser una empleada normal.
—Perfecto, yo iré a ver algunas cosas, Daniel, nos vemos después —dijo ella alejándose del mencionado que solo negó con la cabeza.
Sin embargo, cuando Daniel se fue y Claudia caminó hacía unas cuadras más, un auto n***o se aparcó frente de Claudia justo cuando iba a cruzar y ella entrecerró los ojos.
La ventanilla del auto bajo y ojos azules la miraron de la misma manera que lo habían hecho antes en el hospital, sin embargo, otro par de ojos azules, unos más grandes y que brillaron al verla, la hizo bajar la guardia.
—¡Mamá! —exclamó Adan.
—Entra —ordenó el hombre.
Claudia dudó por un momento. No quería obedecer a este hombre, el cual levantaba cada alerta de su cuerpo, pero no tuvo miedo al presentarse frente a él. En realidad, estaba más encantada por entrar gracias al adorable pequeño que aún la llamaba mamá a pesar de que no lo era.
Su corazón se derretía por aquella cara tan tierna que quería besar cada mejilla suave y sonrosada, sin olvidar la sonrisa de dientes blancos que le daba.
—Solo voy a entrar por esa ternura que tienes de hijo —respondió Claudia enfrentándose con la mirada al hombre.
Este suavizo la mirada, encantado de aquella mujer que seguía con la misma mirada y ahora fuera de todos los medicamentos que tenía en el cuerpo, aunque estaba interesado de que ella estuviera en el lugar de registro, más con un hombre mayor que parecía doblarle la edad.
No dijo nada, más que abrir la puerta para que Claudia entrara y se sentara, siendo abordada por un pequeño que ella gustosa sostuvo en sus brazos.
—Eres una cosita tan adorable llena de ternura —arrulló Claudia al menor en sus brazos.
—Mamá —dijo el niño, esta vez llorando a lo que el corazón de Claudia se rompió y no pudo evitar tranquilizarlo, que, a pesar de no estar con un niño en su vida, hacía lo que Daniel le había hecho cuando era más pequeña y lloraba por su madre muerta y por un padre ausente que no la quería.
—Shhh, cariño, tranquilo, todo está bien —murmuró acariciando la espalda de Adan,
Los ojos azules, unos más maduros, miraron con impacto aquella escena y no pudo evitar cerrar los ojos con un suspiro.
A pesar de saber que su propio hijo le faltaba una figura femenina, no espero que fuera tan impactante. Y lo más impactante, es que aquella mujer le dedicara tanto cariño al hijo de otra persona, casi como si supiera lo necesario que le faltaba a su hijo.
Aunque eso no debía ser sorprendente, a final de cuenta, esta chica fue abandonada por su propio padre y con una madre muerta a una joven edad. No era sorprendente, pero aquí estaba él, viendo la ternura que a su hijo le hacía falta.