Cuando llegué a la cocina con Oliver en brazos, la cena estaba puesta. Lo dejé en el balancín que tenía James en la encimera de la cocina y desde donde podía verlo. No tenía hambre, pero si se lo decía a James, entonces se preocuparía de verdad. Intenté picar un poquito de todo lo que había y la verdad que la comida me sabía a nada, mi cerebro no estaba para procesar su sabor, mi cerebro estaba gastando energía en dilucidar que era lo correcto, ¿Renunciar? Si lo hacía tenía que hacerlo por una razón justificada y estaba visto que James se estaba encargando de que Oliver no lo fuera. —James…, tengo mis dudas de seguir en el juzgado. —expresé con una voz apenas audible. — Savannah, yo puedo darte mi opinión, pero eso no quiere decir que tengas que seguirla al pie dela letra. Si estás preoc

