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1880 Palabras
12 –Señores… y señoritas… estamos a tan solo dos semanas de nuestra primera presentación de la gira –dijo Arturo, dirigiéndose al grupo entero, momentos antes de iniciar el ensayo de ese lunes. El primer concierto se había programado para Cali, en el coliseo de la ciudad. El comité, con la ayuda del director, se había dedicado a trabajar en la elaboración de la programación; el número de canciones que se iban a tocar, qué géneros musicales y que interpretes se utilizarían para cada pieza. Conociendo las preferencias musicales de la ciudad, el acto tendría que estar dominado por la salsa, seguido por algo de rock, disco y algunas canciones de artistas como Miguel Bosé y Los Pecos. El contrato firmado entre el grupo y el empresario había sido bastante generoso en lo que a utilidades se refería. Por primera vez, desde la creación de la agrupación, sus cuarenta miembros iban a recibir un buen dinero por su trabajo. Y también por primera vez en su historia, estarían presentándose en un lugar por fuera de Bogotá. Esteban, sentado en la butaca de la batería, trataba de escuchar al director, pero su mente se enfocaba en Mónica. Habían transcurrido poco más de tres semanas desde su liberación, y aunque la relación se encontraba mejor que nunca, le preocupaba mucho el estado de ánimo de su novia. Ella hacía el esfuerzo por mostrarse lo más normal posible, pero siempre que recordaba episodios de su cautiverio le era imposible contener las lágrimas. Dos días antes, en una conversación con Marcela, ésta le había dicho que sus papás estaban pensando que si Mónica no mejoraba en ese aspecto, lo mejor sería mandarla por un buen tiempo a casa de su tía en Quebec, Canadá. Pensaban que le ayudaría el estar en un ambiente diferente, alejada de todo lo que pudiese recordar los oscuros días de su s*******o. Ella estaba viendo a una psicóloga dos veces por semana, y en una de las recomendaciones, se había referido a que tratara de emprender alguna clase de proyecto, algo que la mantuviera ocupada la mayor parte de tiempo posible, y de esa manera mantener su mente trabajando y alejada de los malos recuerdos. Esteban interpretó esto como un mensaje clave. Era supremamente importante que su novia ingresara al grupo antes de que sus papás decidieran enviarla fuera del país. Sería el proyecto perfecto que la mantendría contenta, practicando su música, ocupada con los ensayos y las presentaciones, y conociendo a todos los demás miembros del grupo. Solo quedaba un problema por delante: los cupos estaban completos, el grupo se llamaba Los Cuarenta, no Los Cuarenta y Uno. El ensayo transcurrió en medio de lo normal, tratando de sacar adelante algunas de las más recientes composiciones de la música salsa que sonaba por esos días. Al final de la tarde, después de un arduo trabajo, los miembros del grupo partieron rumbo a sus respectivas casas con la excepción de Andrés, Patricia, Eduardo y Luisa, quienes decidieron tomarse un refresco en la cafetería que se encontraba a una cuadra del estudio. Andrés, echándole azúcar al capuchino que había ordenado preguntó: –Bueno, ¿y qué piensan hacer con la plata que nos vamos a ganar en ésta gira? –Yo quiero un televisor a color y un betamax para mi cuarto –dijo Luisa, su tono suave pero seguro, una enorme sonrisa en su rostro, mientras trataba de escoger cuál de las galletas servidas sobre la mesa le apetecía más. – ¿Y usted para que quiere un televisor a color si en este país la televisión es en blanco y n***o? –preguntó Patricia. – ¿Es que usted no ha oído que el año entrante, desde el primero de enero, van a poner televisión a color? –preguntó Luisa. – Pero como dice mi papá: "está ensillando las bestias antes de traerlas" –respondió Patricia. –Pero para ver películas alquiladas aguanta –intervino Eduardo. – ¡Ay, nooo!, yo no me atravieso toda la ciudad para llegar a un sitio de esos de alquiler, prefiero ir a cine –dijo Patricia. –Pues vamos a cine éste fin de semana –dijo Andrés sonriéndole a Patricia. –Puede ser… ¿si están dando algo bueno? –preguntó la rubia. A Andrés le brillaron los ojos. –Hay varias, "Apocalypse Now", la de "Alien, el Octavo Pasajero"… –Esa de "Apocalipsis Now" es buena, yo me la vi la semana pasada, severo viaje el que hacen esos manes –dijo Eduardo. –Esa es como de guerra, ¿verdad? –dijo Luisa. –Sí, de la guerra del Vietnam, vale la pena verla –dijo Eduardo, saboreando una galleta. –Y también está la de "Kramer versus Kramer" –dijo Andrés. – ¿Eso es de boxeo o qué? –preguntó Patricia. Eduardo y Luisa soltaron la carcajada. –Nooo, es de un divorcio de una pareja gringa; que contratan abogados para repartirse las cosas –dijo Eduardo, todavía entre risas. –A Patricia le va a tocar gastarse la plata de lo que se gane en la gira yendo más a cine –dijo Luisa en tono burlón. –Bueno, no se la monten a mi monita linda, que yo sé que ella siempre anda muy ocupada, como para andar perdiendo el tiempo en cine… a menos que sea conmigo, lógicamente –dijo Andrés, pasándole el brazo por la cintura a Patricia, a lo que ésta reaccionó corriendo su silla lo más alejada posible de él. –Sin tanta confiancita, si no va a tocar cancelar el asunto –dijo Patricia. –Bueno, bueno, pero entonces volvamos al tema de antes. ¿Qué te vas a comprar con la plata que te vas a ganar? –le preguntó Andrés a Patricia. – ¿Cuánto fue que dijeron que nos vamos a ganar cada uno? –Son como cincuenta mil pesos por los tres conciertos, porque como el de Bucaramanga al fin no se va a hacer –dijo Luisa mientras se acomodaba su oscuro pelo largo por detrás de la oreja. –Yo no sé… mis papás andan tan mal de plata que yo creo que les voy a regalar todo eso… si al caso dejo algo para comprarme una pinta –dijo Patricia en tono triste, mirando hacia la superficie de la mesa. Eduardo tosió para aclarar la garganta y dijo: –Es un muy buen gesto, mona, solo piensen que el sueldo mínimo está como en tres mil quinientos…esa plata les puede ayudar mucho. –Sí, con eso se hacen varios mercados y muchas cosas más –dijo Luisa–, pero bueno…, Andrés, ahora te toca a ti, ¿tú que te vas a comprar? – ¿Yo?..., creo que también otra pinta, y el resto se lo regalo a los papás de la mona. Patricia se quedó mirándolo a los ojos, se le salieron las lágrimas, se paró furiosa de su silla y salió a paso apresurado de la cafetería. Andrés miró a sus otros dos amigos. – ¡Ay…la embarré!, ya vengo –se puso de pie y salió corriendo detrás de Patricia. –Es que ese Andrés si es bien imbécil. Súper tragado de la mona y se pone a humillarla de esa forma, así sí se la va a levantar corriendo… –dijo Luisa. –Yo creo que en el fondo la está tratando de ayudar, pero es que no piensa lo que dice…o más bien, cómo lo dice. Pero es un gesto bien generoso –dijo Eduardo. –Pero la traga como que le tiene el cerebro en reposo –dijo Luisa. –Eso parece… ojalá la mona no le vaya a coger bronca porque ese man se muere. –Y bien churro que sí es el pendejo, pero como no ha aprendido a hablar… –Todas como que se mueren por él…, o por Esteban, ahí se hacen la competencia, a ver cuál es más pinta –dijo Eduardo. –Yo no me muero por nadie…pues sí están bien los dos, pero también hay más. – ¿Tú no estuviste tragada de Esteban hace un tiempo? –Un poquito –se rio Luisa–, pero como se cuadró con la oji clara esa divina…, pues nada que hacer. Pero cero rencores, además esa niña parece ser muy querida; por lo menos cuando ha venido a chismosear los ensayos se ha portado súper bien. –Sí, la vieja es re querida, y más linda para dónde… Ese man se ganó la lotería. –Y como que tiene ganas de entrar al grupo –dijo Luisa. –Eso dicen… lo cual me hace acordar de algo. – ¿De qué? Eduardo, pensativo, con la mirada puesta en la vitrina del pan se tardó unos instantes en responder. –Luisa, yo me voy a salir del grupo… pero no se lo digas a nadie. Luisa quedó con la boca abierta y al momento dijo: –¡Nooo!, ¿cómo así?, ¿pero a ti que te picó? –Nada… la cosa es que me voy a vivir a Barranquilla. – ¿A Barranquilla? ¿Tú que carajos te vas a hacer a Barranquilla? – ¿Tú te acuerdas cuando te conté, hace como un mes, que mi abuelito se había muerto? –dijo Eduardo. –Por supuesto, el que me contaste que tocaba el acordeón en las reuniones de tu familia, y que tomaba por diez y los tragos nunca le cogían… –Exacto, el mismo que canta y baila, o que cantaba y bailaba. Pues resulta que el viejo dejó una herencia grande. Muchas propiedades, mucho negocio, muchas cosas, pero todo está allá. –Lógico, y supongo que ustedes se van a ir a manejar todo eso… –dijo Luisa. –Estás en lo cierto. –Ay no, que vaina Edi, pero… ¿cuándo te irías? –Por ahí en dos semanas. – ¿Dos semanas? ¿Y la gira qué? ¿No vas a estar para la gira? –No, Luisita, no creo que alcance, mi papá quiere que le ayude en un poco de cosas que hay que hacer –dijo Eduardo torciendo la boca. –Pues me dejas de una pieza. ¿Y tu carrera musical qué? –Tú sabes que en la costa hay mucho ambiente para la música, algo me resultará por allá. – ¿Y ya le dijiste a Arturo?, ¿o a los del comité? –Hoy, antes del ensayo, hablé con Adriana, es la única del comité que lo sabe, y ahora más tarde voy a llamar a Arturo a contarle. –Te cuento que quedo muy triste con la noticia, ¿de dónde vamos a sacar ahora tu reemplazo? Tu voz es inigualable, y la manera como tocas la guitarra y el bajo, ni se diga. –Hay mucha gente que quiere hacer parte de este grupo; empezando por la novia de Esteban, creo que no será tan difícil reemplazarme. Luisa, con la mirada triste, le cogió la mano y dijo: –Espero que no te pierdas del mapa, y que cuando estemos en la gira por la costa, al menos me invites a comer un helado. –Serán cuatro, cinco y hasta seis helados, si tú quieres…
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