57 Fue un sentimiento de envidia el que experimentó Esteban en el momento en el que vio a su amigo Andrés, sonriendo de oreja a oreja y cogido de la mano de Patricia, entrando al estudio para el ensayo de ese miércoles en la tarde. La sonrisa de ella era inigualable y se notaba que los dos estaban pasando por ese momento casi perfecto que las parejas tienen cuando apenas están empezando una relación. Los saludó como todos los días y cuando ellos lo invitaron a seguir hacia el interior del estudio, él les explicó que prefería esperar a Mónica en la puerta del edificio, ya que le urgía conversar con ella. Había llegado diez minutos antes de las cuatro, y lo primero que hizo fue asegurarse de que su Monina, si es que todavía era su Monina, no estuviese ya instalada en el auditorio de ensayos

