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El ensayo se concentraba en la preparación de las canciones de rock que no habían sido parte del repertorio en Cali, pero que sí se estarían tocando en Medellín. Por sugerencia de Rodolfo, se debía tratar de seguir el ejemplo de Adriana en el sentido de hacer una presentación menos estática y lograr que tanto cantantes como guitarristas, bajistas, y todo el que se pudiera mover alrededor del escenario lo hiciera. Abandonar un poco el concepto que predominaba con los cantantes de los géneros salsa y tropical, quienes tendían a quedarse detrás de la base del micrófono. Había dicho: "Ustedes no tienen que ser bailarines profesionales o montar una coreografía complicada, simplemente traten de moverse y brincar alrededor de la tarima, eso le gusta a la gente". Siguiendo estos consejos, Arturo empezó a mirar la posibilidad de darle más participación a Adriana como voz principal. Al mismo tiempo, Mónica tendría que reemplazar nuevamente a Luisa, ya no solamente en una canción sino en varias, ya que había demostrado que tenía la capacidad de hacer excelentes presentaciones. De la manera como lo veía Esteban, el concierto de Medellín se iba a convertir en un duelo entre dos de las niñas más lindas del grupo.
A las cinco de la tarde, la secretaria de Los Cuarenta recibió la llamada de Luisa en la que decía que definitivamente no estaba en condiciones de viajar, y que prefería no esperar hasta el día siguiente para tomar la decisión, debido a que consideraba más prudente que el grupo tuviera algo de tiempo para cuadrar el asunto de su posible reemplazo. Adriana lo tomó como una noticia agridulce: le parecía genial tener a su amiga en el grupo, así fuera solo durante el viaje a Medellín, pero su principal objetivo al querer tener a Sandra en Los Cuarenta había sido el de evitar la llegada de Mónica, pero habiendo este fracasado, la presencia de Sandra, sumada a las palabras en las que la reconocía como candidata a una relación amorosa, no haría sino complicar su camino hacia la conquista de Esteban. Sin embargo, no tenía otra salida más que la de llamarla para completar la cuota de los cuarenta músicos exigida en el contrato.
Sandra, que siempre había deseado estar en un grupo de importancia, no dudó un solo instante en aceptar la propuesta. Sabía que se trataba de un reemplazo para un solo concierto, pero le pareció que era de gran valor el poder estar tocando en el grupo, aunque fuera por una sola noche, y sabía que era solo cuestión de tiempo antes de que se abriera una vacante que ella pudiese ocupar.
Mónica se encontraba ensayando "Never can say goodbye", la conocida canción de Gloria Gaynor del año setenta y cinco. Se trataba de un ritmo un poco más acelerado que el de "I Will Survive", y aunque todos opinaban que su interpretación era bastante buena, Arturo e Ismael querían que trabajara un poco más en su expresión corporal. Para sorpresa de Esteban, Adriana se había unido al equipo que la estaba aconsejando en los diferentes movimientos que debía realizar.
–Moni, ¿tú eres zurda o derecha? –preguntó Adriana, que se encontraba parada en frente a Mónica en la parte delantera del escenario, al lado de Ismael.
–Derecha.
–Entonces vas a coger el micrófono con la izquierda, porque aunque la mayoría lo coge con la mano que manejan mejor, en este caso es más importante tener tu mano derecha libre.
– ¿Para qué la quiero libre?
–Con la derecha es que vas a saludar al público, vas a levantarla para que te imiten, puedes tirarles cosas con mejor puntería…
–En caso de que te quieras bajar a alguien en el público –bromeó Ismael.
–Muy gracioso –Adriana se dirigió a Ismael y después a Mónica–, no, imagínate si alguien te manda, por decir algo, una camiseta o una bandera, entonces tú con la derecha la recibes más fácil y se la devuelves más fácil, coordinas mejor así.
Esteban, sentado en el cuarto escalón al lado de Andrés y Patricia, gracias a que Daniel lo estaba reemplazando en la batería, no podía creer que su exnovia le estuviese ayudando a su novia. Las miraba detenidamente y las comparaba como si fuese el jurado de un reinado de belleza. Se notaba que Adriana era mayor, pero Mónica, gracias a su estatura, no parecía que tuviese un año y medio menos. Veía cómo se concentraba al máximo y no se perdía detalle alguno de lo que le estaba indicando. Inclusive las veía bromeando y sonriendo con los apuntes de Ismael. Arturo hacía que tocaran y repitieran únicamente el primer minuto de la canción, se fijaba en lo que hacía Mónica, en lo que decían Adriana e Ismael, y nuevamente mandaba a todos los músicos a empezar de nuevo. Melissa, en el violín lo miraba, fruncía el ceño, y les hacía la señal a los demás violinistas para que volvieran a empezar. Al cabo de veinte minutos de repeticiones, Adriana, Ismael y Arturo consideraron que la actuación de Mónica, para esa canción, estaba lista para ser presentada en Medellín.
Vino el turno de Adriana con "Come to me", ritmo discotequero interpretado originalmente por France Jodi. En ese momento fue que Mónica se dio cuenta de la diferencia que existía entre las dos. Adriana actuaba con una naturalidad impresionante, se paseaba por entre los instrumentos, le sonreía a todos sus compañeros, daba vueltas, se sentaba en los amplificadores, subía los tres primeros escalones del auditorio y volvía a bajar, se paraba al lado de Juan Carlos y Sergio, quienes estaban en los coros, y se ponía a bailar con ellos, y solo bastó tocarla una vez, en su totalidad, para que Arturo dijera que la canción estaba lista.
–Esta vieja es una natural –le dijo Mónica a Esteban, quienes observaban el acto de Adriana desde la parte de arriba del escenario, sentados en la cómoda alfombra amarilla.
–Ella es súper buena… en esto… digo... –comentó Esteban.
–Parece que hubiera nacido en un escenario.
–La verdad, aparte de lo de Cali, es la segunda vez que la veo así… Supongo que es por lo que dijo Rodolfo, que había que soltarse.
–Puede ser, yo creo que ella va a llegar muy lejos en esto de la música –dijo Mónica.
–No solo ella, aquí hay varios, y eso te incluye a ti.
–De pronto, pero todos dentro de su estilo.
–Sí, claro, yo creo que fracasaría con la flauta –dijo Esteban riendo.
–Mirándola ahora, pienso que lo que hizo en Cali no era tanto por montármela a mí.
– ¿La parte del beso?
–Sí… pues no sé… es que parece ser de esas personas que tienen mucha energía y no se pueden frenar, que simplemente van sacando todo, que no se pueden guardar nada, y claro, a veces terminan embarrándola.
– ¿Significa eso que la estás perdonando?
–No es que la perdone, porque igual ella tiene que respetar lo nuestro; pero ya la entiendo más, es decir… todo tiene una razón de ser, lo que la gente llama disculpas, que no es que sean disculpas, simplemente son la explicación del porqué las cosas suceden.
– ¡Uy!, me hiciste acordar que tengo tarea de filosofía para mañana –dijo Esteban.
–No molestes… y con ella las cosas suceden porque su personalidad le impide frenarse… Mejor dicho, ella no lo hace por mala, simplemente es demasiado expresiva.
–Sí, demasiado, y peor ser expresivo en un país tan retrogrado como este en donde por el hecho de tener el pelo largo ya piensan que eres del otro sexo –dijo Esteban.
–Exactamente… pero entonces… yo la entiendo, pero igual no quiero que se esté sobrepasando contigo, nene.
–En eso tienes razón, toca que en eso sí aprenda a frenarse un poco.
–Un poco, no, un montón…
"Heaven must be missing an Angel" era lo que estaban practicando Ismael, Andrés y Sergio en las voces. Del género disco, esta canción de los Tavares le estaba dando la oportunidad a Mónica de practicar en los teclados. No le tomó mucho tiempo acostumbrarse al mayor tamaño de las teclas, ni a la suavidad de estas con respecto a las del piano. Daba la impresión de que le parecía bastante divertido el hecho de no tener que estar sentada en la butaca, de poder estar de pie moviendo sus piernas al ritmo de la música, y pasar de un teclado al otro o tocar los dos al mismo tiempo, uno con su mano derecha y el otro con la izquierda. Esteban, mientras la observaba desde la batería, pensaba en lo bien que se estaba adaptando a este instrumento, y en lo linda que se veía con su sonrisa perfecta, su pelo suelto, sus piernas casi que bailando, y sus brazos saltando de un teclado al otro en el momento exacto en que le era requerido. Volteó a mirar a Patricia en el trombón, luego a Daniel en el grupo de percusión, a Melissa en el violín, a Adriana en el bajo, a las voces principales, todos interpretando su papel a la perfección, haciendo lo que más les gustaba, disfrutando de cada instante, de cada momento, ¿Qué más le podían pedir a la vida?
–Pero miren quién acaba de llegar por aquí… –dijo Arturo mirando hacia la parte superior del estudio, justo en el momento en que acababan de tocar "Disco Inferno", con Alejandro, Ismael y Esteban imitando las voces de The Trammps. Con su acostumbrado vestuario tipo rasta, Sandra venía descendiendo hacia el escenario.
–Ya sé que son casi las seis, pero si me hubieran llamado antes se hubieran tenido que aguantar mi presencia desde antes de las cuatro –dijo Sandra cuando llegó a la parte baja del estudio. Por su manera de actuar, parecía que toda su vida hubiese hecho parte del grupo. Les sonrió a todos y saludó de beso a Arturo, a Adriana y a Ismael.
– ¡Genial que hayas venido!, igual fue a última hora que nos enteramos de que Luisa no podía viajar –dijo Arturo exhibiendo su acostumbrada sonrisa.
–Qué pena yo me atravieso y saludo a Moni –dijo Sandra mientras caminaba hacia la parte de atrás.
Al verla venir, Mónica le dio la vuelta a los teclados y caminó hacia donde venía Sandra. El abrazo y el beso de saludo en la mejilla no fueron del agrado de la niña de pelo cobrizo.
– ¿Entonces ya estamos listos para Medellín? –preguntó Sandra.
–Yo creo que sí… ¿cierto Arturo? –dijo Mónica.
–Yo creo que solo nos falta subirnos al avión.
–Los felicito por lo de Cali, todo el mundo dice que estuvo del carajo –dijo Sandra mientras le cogía la mano a Mónica y se la llevaba hasta donde estaban Arturo, Adriana e Ismael.
–La que estuvo del carajo fue Adriana, que definitivamente se robó el show –dijo Ismael.
–Sí me comentó Moni –dijo Sandra mirando a Ismael, y después a Adriana–, y tú saliste divina en esa foto del periódico.
– ¡Ay, no!, esa foto no me gustó, salgo horrible –dijo Adriana.
–Si eso es horrible… ¿cómo será divina, entonces…? –dijo Sandra sonriendo.
–Bueno, es que a nadie le gustan sus propias fotos –dijo Arturo.
–Únicamente a mi novia, ella sí es fascinada con las fotos que le toman –dijo Ismael.
– ¿Y al fin cuándo es que la vas a presentar? –preguntó Adriana.
–Por ahí en un mes, ella va a venir para las novenas de navidad –respondió Ismael.
–Para la mejor época –dijo Mónica.
– ¿Y ella dónde está ahorita? –preguntó Sandra.
–En Istmina, terminando colegio –dijo Ismael.
– ¿Ya se va a graduar? –preguntó Mónica.
–Sí… imagínate, monita, perdón… Mónica, la monita es Patricia.
– ¿Pero cuántos años tiene?, porque tú te ves sardino… –dijo Sandra.
–Ella tiene diez y seis, igual que yo.
–Yo te hubiera puesto máximo… dieciséis –dijo Sandra provocando la risa de todos.
– ¿Y al fin la vas a traer al grupo? –preguntó Arturo.
–Por supuesto, caballero, ella es diestra en la marimba y la percusión –dijo Ismael.
–Pero tranquila, Sandrita, que la primera en la fila de espera eres tú –dijo Arturo.
–Con tal de que la espera no sea taaan larga –dijo Sandra con una leve sonrisa.
–Es que aquí vamos a tener que cambiar el nombre de esto de Los Cuarenta a Los Cuarenta y Dos para que Sandra y la novia de Ismael puedan entrar rápido –bromeó Adriana.
–A Los Cuarenta y Tres si contamos a Héctor –dijo Arturo–, pero bueno, nos faltan un par de canciones por ensayar, así que todo el mundo de regreso a sus puestos, y tengo una idea contigo, Sandra.
– ¿Solo una? –dijo Sandra en tono de broma.
–Por ahora una, y para más adelante como un millón –respondió Arturo sonriendo.
– ¿Y de qué se trata? –preguntó Sandra mientras todos, con excepción de Adriana, regresaban a sus puestos.
–Que en Medellín cantes lo que cantaste aquí en la audición… –dijo Arturo con una sonrisa de oreja a oreja.
Sandra mostró la inmensidad de sus ojos verdes, se tapó la boca on la mano y fijó su mirada en Adriana.
– ¡Sería divino, Sandra!… Hazle de una –dijo Adriana.
– ¿Ustedes quieren que salga al estilo Donna Summer a cantar "Mac Arthur Park"?
–Sí, Sandrita, es que le vamos a meter mucho disco a este concierto, por recomendación del empresario –dijo Arturo.
–Se me hace bien y yo lo hago… ni loca que no aprovechara… pero también les tengo una propuesta si de música disco se trata –dijo Sandra–. ¿Ustedes conocen "Souvenirs" de Voyage?
– ¡Uy, sí!, excelente, me fascina –dijo Adriana.
–Sí, es rapidita, genial –dijo Arturo.
– ¿Nunca la han tocado? –preguntó Sandra.
–No, en presentaciones no, alguna vez la estuvimos ensayando pero una de las peladas que la cantaba se salió del grupo y no le volvimos a hacer –dijo Arturo.
– ¿Y qué tal si la cantamos en ese concierto? –dijo Sandra.
– ¿Y tú la puedes cantar? –preguntó Arturo.
–Sí, a mí me fascina… pero lo clave es lo siguiente…
–Esto se está poniendo interesante... –dijo Adriana.
–Mónica me contó que el empresario quiere que el grupo haga más show…
– ¿Y tú desde cuándo te hablas con Mónica? –preguntó Adriana con una mueca.
–Desde el día que la conocí aquí en la audición, es muy buena gente…
–Entiendo… dijo Adriana mientras volteaba a mirar a Mónica que ya se encontraba en los teclados repasando unas partituras.
–Bueno…, el caso es que si el empresario quiere más show, toca dárselo –dijo Sandra.
– ¿Y cuál es tu idea? –preguntó Arturo.
–No es por sonar excluyente, ¿pero quienes son las niñas más bonitas del grupo? –preguntó Sandra.
Adriana y Arturo se miraron.
–Yo diría que la niña que está aquí presente –dijo Arturo pasándole el brazo a Adriana por los hombros– y lógicamente Mónica, Patricia y Luisa.
–Y tú que ya estás prácticamente en el grupo –dijo Adriana mirando a Sandra.
– ¿Y es que vamos a hacer un reinado de belleza durante el concierto o qué? –preguntó Arturo.
–No, no, no –dijo Sandra riendo–, pero se me ocurre que las cuatro podríamos cantar "Souvenirs"…, yo sé que tú Adri tienes la voz, lo mismo que Moni, no sé si Patricia la tenga… Y digo las cuatro porque como Luisa no va a estar.
–Pati es muy buena, y creo que sí puede dar para "Souvenirs" –dijo Arturo.
– ¿Y tú dices… montar una coreografía o algo así? –preguntó Adriana.
–No hay tiempo para eso, simplemente nos vestimos todas de blanco, para destacarnos un poco, y cada una que haga lo que quiera, el todo es moverse por toda la tarima, compenetrarse con el público, no quedarnos quietas… algo así como lo que el periódico dice que hizo Adriana en Cali, pero con cuatro personas…
Arturo sonrió y se quedó mirando a Adriana.
–Lógicamente tener a cuatro bellezas cantando llamaría mucho la atención… La canción es buenísima, es rápida… es el tipo de canción con la que abres o cierras un concierto… ––dijo Arturo.
–O la tocas arrancando el encore… –dijo Adriana.
–Arturo, ¿vamos a seguir?, mira que todavía nos faltan dos canciones –dijo Silvia desde su puesto detrás de la marimba.
–Danos dos minuticos… ya seguimos –dijo Arturo mirando a su compañera antes de guiñarle el ojo.
– ¿Entonces… qué dicen? –preguntó Sandra sonriendo.
–A mí me gusta la idea, toca empezar a hacer cosas así, el problema ahorita es el tiempo… –dijo Adriana.
– ¿Qué horas son? –preguntó Arturo.
–Seis y diez –dijo Adriana mirando su reloj de pulsera.
–Hagámosle –dijo Arturo–, así salgamos un poco más tarde, pero el que no arriesga un huevo… no saca un pollo.
–Mónica…, Patricia…, si tienen ropa blanca llévenla a Medellín, si no la tienen me avisan que yo les presto… –dijo Adriana en voz alta.
––¿Qué? ¿Y ahora las va a vestir de fantasmas? –dijo Juan Carlos.
–¿Y a usted a cómo le pagan la hora por estar jodiendo? –fue la respuesta de Adriana.