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Adentro ya estaba oscuro y Esteban nuevamente se sentó al lado de la que parecía ser Patricia. En el escenario, iluminado por un spot, ya se encontraba uno de los aspirantes. Vestía totalmente de blanco y una amplia sonrisa se dibujaba en su rostro.
–Buenas tardes a todos, como ya lo deben saber, mi nombre es Orlando Sierra; yo vengo de Riohacha, bueno… en realidad vivo aquí en Bogotá hace dos años, pero soy guajiro, así que hoy les traigo un poco de sabor Caribe. Mi instrumento principal son las tumbadoras, que es con lo que voy a empezar, y después voy a seguir con la guacharaca. De antemano les agradezco la oportunidad que me están dando y espero que disfruten mi presentación… muchas gracias.
–Este tipo cree que está en "Espectaculares Jes" –le susurró Patricia a Esteban.
–O en "La Nueva Estrella de la Canción" –comentó Esteban mientras se volteaba a mirar hacia la puerta de entrada.
El aspirante de blanco empezó con un solo de tumbadoras basado en ritmos africanos. En realidad se notaba que tenía experiencia. Lograba imprimirle un ritmo y un sabor a su música que hubiese sido difícil de proyectar con cualquier otro instrumento. Su primera presentación duró un poco más de dos minutos, y al final de esta y sin mediar palabra, dejó las tumbadoras y agarró la guacharaca para iniciar un rápido movimiento de brazos, que logró sacar unos sonidos algo interesantes para los oídos del público. Finalmente se escuchó la pista del conocido vallenato "De rodillas", y Orlando empezó a entonarlo de una manera casi que idéntica a como lo hacía Rafael Orozco, voz principal de la agrupación "El binomio de oro". Cuando terminó su presentación, todos los miembros del grupo lo aplaudieron hasta que las luces del recinto se encendieron.
–Muchas gracias, Orlando –dijo Arturo mientras se levantaba de su puesto–, muy buena presentación. Ahora, por favor, todos escriban su puntaje y lo depositan en la segunda urna, la que está marcada con el número dos.
Esteban miró su reloj, ya eran las cuatro y media de la tarde y todavía no había señal alguna de Mónica. Pensó que algo grave tenía que haber sucedido en el recorrido entre la casa de su novia y el estudio. Lo único que lo consolaba era pensar que estaba acompañada por el chofer y el guardaespaldas, y sintió que a estas alturas lo que le importaba era la seguridad de Mónica, que estuviera bien, que no estuviera viviendo una situación de riesgo nuevamente; la audición había pasado a un segundo lugar.
En el corto receso, después de la presentación del segundo aspirante, Adriana se acercó a Sandra, quien se encontraba frente al espejo del baño. Su amiga estaba concentrada dando los últimos retoques al suave maquillaje que se había aplicado antes de salir para el estudio.
–Creo que sería más que imposible mejorar tu imagen en este momento… te vez simplemente… espectacular.
–Tampoco exageres, Adri, la espectacular aquí eres tú –dijo Sandra utilizando el reflejo del espejo para dedicarle una sonrisa a su amiga.
Adriana tomó impulso, pegó un pequeño brinco, y quedó sentada sobre el mueble de los lavamanos.
– ¿Cómo te han parecido los dos que han pasado hasta ahora?
Sandra dio un paso hasta quedar al frente de su amiga y le agarró las rodillas con ambas manos.
–Este último tipo canta muy bien, y la manera como trabajó los instrumentos me gustó, sabe darle buen ritmo a las tumbadoras.
– ¿Y la primera te gustó?
–Está muy feíta –dijo Sandra torciendo la boca hacia un lado.
–Yo sé que está inmunda –rio Adriana–, pero me estoy refiriendo a su presentación.
–Mmmm… el saxo bien, aguanta, el bajo… bastante bajo –dijo Sandra mientras le agarraba las manos a la pelinaranja.
Adriana sonrió y apretó fuertemente las manos de su amiga antes de decir:
–Puede que la siguiente seas tú, y para lo que hemos visto hasta ahora, no te van a llegar ni a los talones.
–Tú siempre exagerando… que la más linda, que la mejor, que no hay nadie como tú, esperemos a ver qué pasa… –dijo Sandra mientras soltaba las manos de Adriana y la agarraba por la cintura dirigiéndole una tierna mirada.
En ese preciso momento entró Patricia al baño y no pudo disimular su mirada de sorpresa al ver a Adriana en una posición tan comprometedora con una de las aspirantes. Sandra, al darse cuenta que tenían compañía, soltó a su amiga, se volteó y le sonrió a la rubia. Adriana se bajó del mueble y lo único que se le ocurrió decir fue:
–Hola, Pati, te presento a Sandra, ella es la novia de mi hermano, a lo que Patricia la quedó mirando con una mueca en los labios y los ojos entrecerrados.
–Entonces ahora supongo que las novias se comparten con los hermanos…
–No sé porque dices eso, lo que pasa es que Sandra está bastante nerviosa... por lo de la presentación… y yo la estaba tratando de calmar –dijo Adriana.
Sandra le dirigió a Adriana una mirada de desaprobación. No le gustaba para nada que su amiga la estuviera negando delante de los demás miembros del grupo.
–Tú tranquila, Adrianita; y tú, Sandra, relájate, no es más que música, aquí nadie te va a comer –dijo Patricia con una leve sonrisa y una mirada suspicaz dirigida a la amiga de Adriana–. Y apúrenle con su cuento que ya va a empezar la tercera audición –y salió del baño esgrimiendo una perspicaz sonrisa.
– ¿Por qué te inventaste ese cuento? –preguntó Sandra mientras movía su cabeza para ambos lados.
Adriana le cogió las manos y dijo:
–No te pongas así, y menos en este momento. Lo que pasa es que esa mona es de las mejores amigas de Esteban, y seguramente le va a dar un puntaje bien alto a la audición de su novia… y creo que no conviene para nada que empiecen con chismes y cuentos en este preciso momento –y le dio tres picos, uno en cada mejilla y otro en los labios.
–Si no fuera porque me gustas mucho, me iba ya para mi casa –dijo Sandra con una mirada triste, a lo que Adriana respondió con un nuevo pico en los labios y un fuerte abrazo.
La tercera audición de la tarde le correspondió a Héctor García, un muchacho de aproximadamente diez y siete años. Vestido de jeans y camisa roja, comenzó su presentación parado frente a la marimba, sosteniendo dos baquetas en cada mano, y con la interpretación de "Nocturna" de Chopin, la cual dejó a mitad de camino para pasar a un popurrí de ritmos guatemaltecos y caribeños mucho más rápidos y divertidos. Esteban, que era un gran admirador de este instrumento, no le quitaba los ojos de encima a los ágiles movimientos que el aspirante realizaba con las manos. Su música era bastante pegajosa, tanto así, que la mayoría de los miembros del grupo intentaban seguirle el ritmo desde sus puestos con el movimiento de hombros, brazos y caderas. Estaba seguro que este muchacho iba a sacar un puntaje bastante alto, siempre y cuando su presentación en la batería y el canto llegasen a ser tan buenas como la de la marimba. Después de finalizar la presentación con su primer instrumento, y con el correspondiente aplauso de los miembros de Los Cuarenta, Héctor pasó a sentarse en el butaco de la batería. Esto va a ser interesante, pensó Esteban.
Con una gran sonrisa dirigida a Luisa, quien se encontraba sentada en primera fila, el aspirante de camisa roja agarró las baquetas y empezó con un solo de batería digno de cualquiera de los mejores percusionistas de jazz en el planeta.
–Este tipo es cosa seria –le susurró Andrés a Patricia–, de pronto le mueve la butaca a Esteban.
–No hay nadie como Esteban –le contestó Patricia con un tono serio, a lo que su pretendiente respondió torciendo la boca.
Al cabo de aproximadamente cinco minutos, Héctor concluyó su segunda presentación, nuevamente dirigiéndole a Luisa una amplia sonrisa.
–Este tipo se quiere ganar el voto de Luisa –le dijo Andrés a su pretendida.
–Yo creo que se quiere ganar algo más… no solo su voto –respondió Patricia con una leve sonrisa.
– ¿Y Luisa está andando con alguien?
–Que yo sepa… no; ahí le puedes caer, si antes no te la gana ese tipo –dijo Patricia en un tono sarcástico mientras su mirada se mantenía fija en el escenario.
–Se me hace el colmo que digas eso, tú sabes cuales son mis intereses –dijo Andrés con tono de disgusto mientras se empezaba a escuchar a Héctor cantando "Lady Love" de Lou Rawls.
Patricia lo volteó a mirar y le dio un pico en la mejilla –solo te la estaba montando, relájate.
–Hablando de relajarse, al pobre Esteban como que no le ha llegado la novia –dijo Andrés.
– ¿No ha llegado todavía?... Todo con esa vieja como que es un solo problema, es como si siempre anduviera desconectada de él… o de todo –dijo Patricia mientras volvía a concentrar su mirada en el escenario.
–Lamentablemente… como que sí, y lástima porque según él, como que es severa pianista.
–Severa incumplida, más bien… tirarse esta oportunidad… ¿A quién se le ocurre?
Rompieron los aplausos cuando Héctor terminó su presentación. Inclusive Luisa se levantó de su puesto para aplaudirlo, y el aspirante le correspondió con una venia que provocó algunos chiflidos y una nueva ronda de aplausos por parte de los asistentes. Esteban se levantó de su puesto, escribió el puntaje para Héctor en el papelito y descendió los escalones hasta llegar a donde estaba la urna. Depositó su voto y cuando se disponía a subir nuevamente al lobby en busca de su novia, Arturo lo interceptó.
– ¿Qué hubo, socio? ¿Ya llegó Mónica?
–Hasta ahora no –respondió Esteban con tono nervioso–, precisamente me disponía a ir a la entrada a chequear a ver…
–Bueno, voy a hacer que la otra pelada se presente primero, eso le da de quince a veinte minutos más para que aparezca, si no… pues… será para la próxima oportunidad –dijo Arturo en un tono condescendiente.
–Fresco, yo entiendo, voy a subir a revisar mientras los demás votan… ya regreso.