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1095 Palabras
54 No sabía cómo lo había logrado. Había sido como cuando alguien tiene que decidir si toma la ruta de la izquierda o la de la derecha en medio de una oscura noche en una carretera sin señalización alguna, y que por esas determinaciones del destino, que no se sabe exactamente de dónde vienen, termina de alguna forma tomando las dos carreteras al mismo tiempo, o por lo menos llegando al mismo destino no importa cuál de las dos haya decidido tomar. Y como Andrés no había querido terminar hiriendo a ninguna de sus dos amigas, y mucho menos terminar herido, agradecía la manera como se le "había aparecido la virgen", término utilizado por su mamá, y que bien podría aplicar a lo que ese día se le había presentado. La forma de ser de Sandra, sumada a la comprensión de Patricia, habían logrado el milagro. Las dos eran excelentes personas, las dos valían la pena, las dos tenían miles de cualidades, y para su fortuna, el destino o esas cosas de la vida que rara vez se presentan lo habían llevado a salir librado de la mejor manera. Y ahora que tomaba el ascensor del hotel y se dirigía a la habitación de Patricia, se sentía feliz, pero por sobre todo tranquilo, muy tranquilo de que, por fin, después de más de dos meses de espera, y de muchísima paciencia, había no solamente logrado su objetivo, sino también tener en Sandra a una excelente amiga y compañera de grupo. Lo que venía de ahora en adelante era la cosecha, la hora de cobrar, la hora de la recompensa, la hora de ser feliz al lado de Patricia, la niña que para él era la más linda, la más querida y la más sexy de todo su grupo, no importaba que otros u otras tuviesen una opinión diferente. Tocó a la puerta y en menos de diez segundos Patricia apareció al otro lado de esta. Aún llevaba puesta la blusa y la falda que había lucido durante la cena en el comedor del hotel. Antes de que pudiera decir algo, Andrés la abrazó fuertemente y le dio un pico en la mejilla. Ella lo tomó por los hombros y lo alejó suavemente y con una dulce sonrisa le dijo: –Antes de cualquier cosa, ¿ya eres todo para mí? Él la miró directo a los ojos y mientras le agarraba las manos respondió: –Sí, mi monita linda, ya quedó todo claro, ya soy todo para ti, desde ahora y para siempre –a lo que ella respondió abrazándolo y juntando sus labios con los de él en un tierno beso mientras usaba el pie para darle un empujón a la puerta que los dejó excluidos del mundo exterior. Después de un par de minutos lo apartó y tomándolo de la mano lo llevó a sentarse al borde de la cama de su compañera, mientras ella se sentaba frente a él en el borde de su propia cama. Le volvió a agarrar de las manos y simplemente se quedó mirándolo sin pronunciar palabra, pero con una sonrisa que lo único que demostraba era una total felicidad. –Tienes la sonrisa más linda de todo el planeta– dijo él. – ¿Solamente la sonrisa? –preguntó ella bromeando. –Solo estoy comenzando… Ahora tengo que seguir por tus pies, tus piernas, tus manos, tus brazos, tu cuerpo, tu cuello, tu cara, tu pelo, tu nariz, tus ojos, tus orejas, toda tú –y terminó inclinándose hacia adelante para darle un nuevo beso. –Definitivamente no hay mal que dure cien años… –dijo Patricia. – ¿Por qué lo dices? –No te imaginas lo bien que me siento, lo feliz que me siento en este momento, todo como que se está empezando a dar, con todo lo del grupo, ya estamos ganando plata, ya puedo ayudar a mi familia, nos fue súper bien anoche en el concierto, lo que se viene es aún más grande y mejor, y ahora finalmente estoy contigo… Claro que reconozco que esto se había demorado por mi culpa, pero ya, ya estoy súper decidida y quiero tenerte para siempre, quiero quererte para siempre –dijo ella antes de volverlo a besar. –Sí, mi monita linda, siento exactamente lo mismo, y no sé…, creo que así lo vamos a valorar más, lo vamos a saber apreciar, por el hecho de que no haya sido fácil llegar hasta este punto. –Pero fue mi culpa, mi Andy, yo toda indecisa…, por bobadas o por complejos baratos… Yo le agradezco a Dios que tuviste la paciencia de esperarme. –Es que tú me fascinas, mona, ¿cómo no te iba a esperar? –Te hubieras podido ir con esa loca… –Yo sé…, pero cuando las cosas no son de uno…, definitivamente no son de uno… –Te juro que yo ya estaba decidida a cuadrarme contigo desde ayer por la mañana cuando te fuiste con los demás hasta la tienda, si quieres pregúntale a Mónica y verás. –Yo te creo, monita. –No es que yo me haya decidido por el hecho de que te viera como bien con Sandra…, es decir no fue cosa de celos ni nada, eso fue solo una coincidencia justo en ese momento. –Bueno, por eso ya no nos preocupemos, es decir, no nos preocupemos por Sandra, ella está muy tranquila, es muy noble, y lo más importante es que también está feliz porque ya le dijeron que va a ser parte del grupo. – ¿En serio? ¿Y eso cómo? –preguntó Patricia torciendo los labios. –No sé muy bien, pero hace un rato, cuando yo estaba aclarando las cosas con ella, llegaron todos los del comité en pleno y le dijeron eso, que de ahora en adelante quedaba como m*****o permanente del grupo; y como sería la felicidad de esa vieja, que se puso a saltar y se botó vestida a la piscina… – ¿En serio? No…, es que definitivamente sí es como bien corrida…, con tal de que sus locuras no nos afecten a nosotros… –No te preocupes, mi monita, eso ya quedó todo claro, además como tú me dijiste, a ella le interesan más las niñas… –Claro, eso se notaba a leguas… y me imagino que Adriana está entre sus planes… –Así es, pero como Adri está detrás de Esteban, entonces quién sabe qué pase ahí. –Eso está como interesante…, bastante interesante –dijo Patricia mientras besaba a su nuevo novio.
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