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Rara vez las cosas son como uno quiere. Nunca nada es completo: si se logra tener algo, siempre hay alguna otra cosa que queda faltando. Las dichas son pasajeras al igual que los malos momentos. Cuando se está disfrutando, el tiempo pasa rápido y antes de lo que se quiere el momento llega a su final. Y a veces los malos momentos parecen eternos; pero como decía el abuelo de Esteban: "No hay mal que dure cien años…, ni cuerpo que lo resista". Con esos pensamientos en su mente, el baterista número uno de Los Cuarenta esperaba en el lobby del hotel a que su novia regresara de la habitación, a donde había subido en busca de un sweater. Desde que la había conocido, había tenido la ilusión de tenerla junto a él en el grupo, de poder tocar junto a ella en los ensayos, en los conciertos, de permanecer el máximo tiempo posible al lado de ella. Y ahora que su Monina hacía parte de Los Cuarenta, estos últimos días se habían convertido en algo muy cercano al paraíso. Incluso, durante su estadía en la capital del departamento del Valle, había recordado la famosa frase "Cali, la sucursal del cielo". Porque en realidad se había sentido en el cielo; había logrado juntar las dos cosas que más amaba en su vida, punto al que había logrado llegar gracias al mérito de los dos, pero también al esfuerzo, a la paciencia y a la suerte. Si Eduardo no se hubiese ido a vivir a Barranquilla, ni su novia ni Sandra estarían ahí. Y tanto Mónica como la hippisita estaban demostrando que su aporte era definitivo, que en cierta manera estaban innovando y que gracias a lo que habían hecho la noche anterior, las cosas estaban empezando a cambiar para el grupo.
Pero esos cambios no parecían ser todos positivos. Su novia, que durante el tiempo en que la había conocido, siempre se había mostrado totalmente comprometida en lo que se refería a la relación de los dos, ahora parecía estar mostrando una nueva faceta. Lo que había sucedido con el tal Camilo, tanto después del concierto como durante la cena en el restaurante del hotel, lo había dejado con varias dudas. ¿Cuáles eran las verdaderas intenciones del aprendiz de empresario? ¿En realidad se trataba solamente de un esfuerzo publicitario o había algo más ahí? ¿Estaba Mónica interesándose por el sobrino de Rodolfo o se trataba solamente de la niña que se deja descrestar por las nuevas experiencias? ¿Por qué lo había defendido durante el episodio del restaurante? Definitivamente era muy complicado que todo fuera perfecto, que todo funcionase al mismo tiempo; pero de lo que estaba totalmente seguro era de que gracias a él, su novia hacía parte de la agrupación, aparte de su enorme talento y de todo lo demás; pero era él el que la había llevado y la había presentado y le había conseguido un cupo para la audición, y esa audición la había hecho ser parte de todo esto, la estaba dando a conocer al mundo, la estaba empezando a catapultar a lo que posiblemente podría llegar a ser una brillante carrera como solista, ¿pero iba a ser él quien terminara pagando el precio? Se daba cuenta de cómo su relación se empezaba a afectar, de cómo todas estas nuevas experiencias estaban poniendo a Mónica a actuar de manera diferente. Desde la noche anterior ya no parecía que él fuese lo más importante para ella, que primero estaban las ruedas de prensa, las fotos, los periodistas y hasta el mismo Camilo. Y para empeorar las cosas, ahora todo el grupo se había enterado de la noticia de su s*******o. ¿Qué clase de situaciones se iban a presentar de ahora en adelante? ¿Qué clase de presiones? ¿Estaba su Monina preparada para todo eso? En realidad, pensaba que no. Hasta hace unos pocos días la había visto con los ojos humedecidos por las lágrimas, todo era demasiado reciente, y ella era muy joven para poder lidiar con lo que ahora se estaba viniendo encima.
¿Hubiese sido mejor que no entrara al grupo? ¿Que hubiese tenido tiempo de recuperarse plenamente? De pronto era un pensamiento egoísta, sin tener en cuenta los deseos de ella. Además de que, muy posiblemente, hubiera terminado viajando a Canadá a casa de su tía. No se podía tenerlo todo, pero tenía muy claro que no la iba a dejar ir, que la iba a ayudar en todo, apoyarla en todo, pero sabía que iba a tener que ser muy paciente, de eso no cabía la menor duda. Ahora solo faltaba que él lograra tener toda esa paciencia.
– ¿Qué estás viendo? –le preguntó Mónica a Patricia cuando entró a la habitación que las dos compartían. Su mejor amiga dentro del grupo se encontraba cómodamente recostada en su cama viendo televisión.
–Se acaba de terminar "Revivamos Nuestra Historia", estaban en lo del general Córdoba.
–Muy educativo el asunto –dijo Mónica mientras descolgaba un sweater de su gancho.
– ¿Y vas a salir?
–Esteban quiere hablar, pero dice que mejor por fuera del hotel, y ya está empezando a refrescar un poquito.
– ¿Hablar de qué? Si se puede saber…
–No sé, anda como raro, no le gustó lo de la entrevista de anoche –dijo Mónica mientras se ponía el sweater.
– ¿En serio? –dijo Patricia pretendiendo que no estaba enterada de nada.
–Celos…, pero no tiene por qué preocuparse, yo lo adoro y lo seguiré adorando por siempre y para siempre… –dijo Mónica sonriendo.
–Genial eso, pero tienes que entenderlo. Seguramente no ha sido fácil para él todo este cuento con los periodistas y lo del sobrino del empresario.
–Yo sé, pero ese tipo nada que ver, es muy mayor, y se nota que es como avioncito… Anoche, cuando veníamos de regreso de la emisora era a cogerme la mano en el taxi…, y yo a quitarla…, es buena gente y todo, pero no, yo no cambio a mi nene por nada del mundo –dijo Mónica.
– ¡Uy! Entonces te está tirando pelota.
–Sí –respondió Mónica torciendo la boca–, pero conmigo pierde su tiempo…
–Así me gusta que hables, pero déjaselo saber a Esteban.
–Eso es lo que voy a hacer en breve.
–Oye, pero embarrada lo de ese periodista que publicara eso… –dijo Patricia.
–En este país no se puede confiar en nadie…
– Pero, ¿cómo se habrá enterado?
–Como eso salió en el periódico…, con foto mía y todo, entonces cualquiera que investigara un poquito podía hacer la conexión…
–La cosa es que ahora todo el grupo sabe… –dijo Patricia.
–Sí…, –dijo Mónica torciendo los labios–, con tal de que no me empiecen a mirar como bicho raro…
– ¿Pero alguien ha dicho algo?
–Hasta ahora no, claro que cuando entré al comedor esta noche, más de uno se volteó a mirarme…
–Claro…, me imagino…, por lo de la novedad…, pero no creo que vayan a decir nada, la gran mayoría de la gente aquí es pulidita, decentica…, no es que vivan del chisme.
–Sí me ha parecido, igual a la larga eso ni quita ni pone, es mi problema y no puedo hacer mucho si les da por hablar de mí o no –dijo Mónica.
–Le caes bien a todos, yo creo que hasta a Adriana –dijo Patricia sonriendo–, así que no creo que te la vayan a montar por eso…
–Adriana…, ella solo está esperando la oportunidad para caerle a mi nene…, apenas yo me descuide…, y mientras tanto se las da de niña buena.
–Puede ser así, entonces con mayor razón tienes que estar pilas con lo de tu nene…
–No lo dudes –dijo Mónica–. Oye, ¿y Andrés al fin qué?
–Súper bien, hablamos antes de la comida… –dijo Patricia sonriendo.
– ¿Y qué pasó?
–Bien…, que iba a hablar con esa loca para decirle que nada que ver.
– ¿Y cuándo va a hablar con ella?
–Se supone que hoy mismo… –dijo Patricia.
–Allá estaban en las sillas de la piscina con nosotros hace un ratico.
– ¿Y cómo estaban?
–Cada uno en su silla –dijo Mónica riendo–, supongo que le va a hablar.
–Eso espero, es nuestro último chance, tenemos que llegar mañana a Bogotá con esto definido.
–Me parece bien, porque dicen que eso ya está medio larguito –dijo Mónica con su linda sonrisa.
–¿Medio larguito? Larguito y medio –dijo Patricia arrugando un cachete.
–Bueno…, suerte con eso…, yo voy a bajar a calmar a mi nene para que deje de preocuparse, ahora nos vemos.
–Listo, aquí te espero para que chismoseemos más tarde.
–Así será –dijo Mónica mientras salía de la habitación.
La sonrisa que su hermosa Monina mostraba al salir del ascensor era inigualable. El sweater que se había puesto para el frio, y su lindo conjunto, no hacían la mejor combinación posible, pero teniendo en cuenta que era domingo en la noche, y que no iban para ningún lugar en particular, hacía pensar que se podía pasar por alto ese detalle.
– ¿A dónde quieres ir? Le dijo ella a su novio mientras lo cogía de la mano y lo ayudaba a ponerse de pie.
–Ningún lugar en especial, solo un sitio en donde podamos hablar con tranquilidad –respondió Esteban.
Salieron del hotel y, agarrados de las manos, caminaron hacia la Avenida Maracaibo. La mayoría de los establecimientos comerciales ya se encontraban cerrados a esa hora y la temperatura, aunque había bajado, todavía era bastante agradable. Después de caminar un poco menos de dos cuadras encontraron un pequeño y sencillo lugar en donde vendían arepas y chorizos. En vista de que era bastante difícil encontrar algún otro sitio abierto, decidieron entrar y acomodarse en una de las pequeñas mesas, no sin antes haber ordenado una arepa para cada uno con su respectiva bebida gaseosa. Se sentaron enfrentados y Mónica lo primero que hizo fue estirar su brazo y agarrarle la mano a su novio.
–Nene, yo no quiero que estés así –le dijo ella con una tierna sonrisa.
– ¿Que esté cómo?
–Así como…, raro, como bravito.
– ¿Y tú sabes por qué estoy así? –preguntó Esteban arqueando las cejas.
–Me imagino…, por lo que me fui a esa entrevista…
–Bueno…, eso ya lo habíamos hablado…
– ¿Y entonces?
–Me dio mucha piedra lo que pasó en el comedor esta noche –dijo él, con la mirada enfocada en un cuadro bastante colorido de unos extraterrestres verdes y cabezones que atacaban con sus armas de rayos láser a un bus escalera en medio de una carretera de montaña.
– ¿Por lo que todo el mundo se enteró de lo mío? –preguntó Mónica.
–Eso fue lo primero…, pero eso no es tu culpa…
– ¿Y entonces qué? ¿Qué es lo segundo?
–Que yo me paro a hablar con ese aprendiz de empresario y le reclamo por lo que pasó en la entrevista, y tú llegas a los dos minutos a darle la razón a él…, a respaldarlo a él, y quedo yo como un imbécil –dijo Esteban mirándola directo a los ojos.
–Nene, ¿cómo puedes decir que yo lo estaba respaldando a él? –dijo ella soltándole la mano.
– ¿Acaso no le dijiste que no se preocupara? Que él no tenía la culpa…
–Yo sé que dije eso, pero igual ya lo había dicho Arturo…
–A mí me importa un pepino lo que Arturo diga o deje de decir…, a mí lo que me importa es lo que tú digas, lo que tú pienses…, y lo que dijiste fue que él tenía la razón.
–Yo no dije que él tuviera la razón…, yo le dije que no se preocupara, que él no tenía la culpa –dijo Mónica.
–Sí, pero tres minutos antes yo lo estaba responsabilizando a él por el desastre de esa entrevista.
–Pero él no tuvo la culpa, él ni siquiera sabía lo de mi s*******o, hubieras visto la cara de sorprendido que puso cuando el periodista me hizo esa pregunta…
–Claro, sigue defendiéndolo… –dijo Esteban volviendo a enfocar su mirada en el cuadro de los marcianos.
–Pero, nene, yo solo quiero ser justa, no quiero echarle la culpa a alguien que no la tiene…
–Y mientras tú juegas a ser justa, me haces quedar a mí como un pendejo… ¿Es que tú no conoces el significado de la palabra solidaridad?
–Nene, cuando yo llegué a esa mesa Arturo estaba diciendo algo de que los periodistas publican esa clase de cosas para obtener beneficios personales, yo en realidad no sé qué era lo que ustedes estaban hablando antes de eso –dijo Mónica con los ojos humedecidos.
– ¿Entonces a qué crees que me paré y me fui hasta esa mesa? ¿A felicitarlo por haberse llevado a mi novia hasta las dos de la mañana?
–No tienes por qué hablar así –dijo Mónica al tiempo que las lágrimas empezaban a invadir sus lindos ojos.
–Tú verás de qué lado estás…, el caso es que yo siento que quedé como el más idiota de este mundo, me paro a reclamarle a ese tipo, y todos…, el empresario, el director del grupo y hasta mi propia novia, terminan dándole la razón a él… –dijo Esteban bajando la mirada.
–De pronto ellos tenían la razón…, pero yo estoy contigo –dijo Mónica buscándole la mirada.
–Mira, si le vas a seguir dando la razón a ese tipo –dijo Esteban mientras se ponía de pie–, porque por lo que veo en realidad tú como que no conoces lo que el término solidaridad significa, entonces puedes ir mirando a ver qué haces…, y es mejor que te devuelvas conmigo al hotel, ya está como tarde para que andes por ahí sola –y se apresuró a salir del pequeño sitio seguido de cerca por la triste niña.