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1612 Palabras
2 Recorriendo en el bus del colegio las calles de la ciudad, Esteban Palacios pensaba en su buena suerte: estaba saliendo con Mónica Márquez, la niña más linda del universo, y al mismo tiempo, tenía el honor de ser el baterista de Los Cuarenta, la banda con mayor potencial en la escena musical del país, según la opinión de los críticos y analistas del medio. Si la suerte lo acompañaba, al final del día Mónica sería la nueva integrante de la banda, en reemplazo de Hugo Lucumí, quien se había visto obligado a renunciar debido a problemas familiares. Renunciar a Los Cuarenta era una locura: era como renunciar al premio gordo de la lotería, pero todas las personas eran diferentes y nadie había podido convencer a Hugo para que cambiara de opinión. Ahora Mónica, y otras tres personas, lucharían por ser escogidas, aunque Esteban confiaba, gracias a las cualidades musicales de su novia, en que ésta sería la elegida. Mientras pensaba en lo que esa tarde podría suceder, miraba el rápido desplazamiento de los carros por las avenidas, mientras escuchaba la música que el conductor del vehículo compartía con sus pasajeros. Algunos de sus compañeros de ruta escuchaban su propia música a través de los recién salidos walkman, o reproductores portátiles, aparato que por su elevado costo, eran pocos los que podían disfrutar del privilegio de tenerlo. Si su banda seguía triunfando, dentro de poco empezaría a recibir dinero con el cual podría adquirir uno de esos dispositivos, y además estaría en condiciones de invitar a su novia a los sitios más llamativos de la ciudad. Después de un largo recorrido, de un poco más de cuarenta minutos, llegó a casa en el momento en el que las manecillas del reloj estaban a punto de marcar las cuatro de la tarde. Como se había vuelto su costumbre en el último mes y medio, lo primero que hizo, después de dejar la maleta y la chaqueta sobre la cama de su habitación, fue coger el teléfono y marcar el número de Mónica. Venía saliendo con ella desde el día de la fiesta de cumpleaños de su amigo Edgar. Se podría decir que se trataba de su primer amor, de su primera novia en serio. Pero no era la primera; un poco menos de dos años atrás había estado saliendo con Adriana, una niña de cabello naranja, de finas y llamativas facciones, y quien también hacía parte de su grupo de música. Sin embargo, el asunto con ella se había limitado a un par de visitas de sábado en la tarde y una ida a cine, todo esto en un lapso de tan solo dos semanas. Cuando cogió el teléfono para llamar a Mónica, se acordó que había prometido pasar por su casa para de allí salir juntos hacia el estudio de Los Cuarenta, en donde ella presentaría la audición. Solo era asunto de cambiarse de ropa y coger la buseta que, en cuestión de cuarenta minutos, lo dejaría a dos cuadras de su casa. Aunque la había visto la noche anterior, no podía esperar la hora en que le abriera la puerta y la pudiera abrazar y darle un largo beso. Marcó su número con la idea de avisarle que en breve estaría saliendo hacia su casa. Un minuto después alguien contestó. Se sorprendió cuando una voz desconocida, masculina y adulta, le habló en un tono serio y de corte formal. Pensó que se había equivocado de número, y sin embargo, preguntó por ella. –Buenas tardes, señor, fuera tan amable de pasarme a Mónica –a lo que la voz al otro lado de la línea respondió con un tono serio. – Sí, buenas tardes, ¿quién llama? –Habla con Esteban Palacios. – ¿Esteban Palacios…? En ese momento, Esteban escuchó cómo tapaban la bocina por unos instantes y enseguida distinguió la voz de la mamá de Mónica, hablándole desde el otro lado de la línea, usando un tono bastante apresurado y nervioso. –Esteban, ¿eres tú? ¡Ha sucedido algo terrible! Esteban sintió cómo el corazón se le subía a la garganta. –Hola, doña Clemencia, ¿qué pasó? Estaba llamando a Mónica porque hoy tiene la audición de Los Cuarenta y quedé de pasar por ella para irnos juntos al estudio. Con voz entrecortada y al borde del llanto la mamá le contestó: – ¡Ay niño! ¡Se llevaron a Mónica esta mañana, la secuestraron unos tipos cuando estaba esperando el bus del colegio! Esteban sintió cómo las piernas se le debilitaban, el corazón le empezaba a latir más rápido que de costumbre, la garganta se le secaba y tuvo que sentarse en la primera silla que encontró para no caerse. – ¡Nooo! ¡No puede ser! ¿Cómo así? ¡Tenaz! ¿Pero cómo pasó? ¿Qué se sabe? –Se la llevaron cuatro tipos, en un carro azul, creo que un Bm. Mira, Esteban, es difícil seguir hablando por aquí, hasta ahora no se han comunicado, es mejor colgar por si están llamando, apenas sepa algo yo te llamo… o te llama Marcela, la hermana de Mónica. –Bueno, señora, no, ¡qué embarrada!, quedo muy pendiente, ¿será que puedo pasar por allá? –Es mejor que no, todo está muy alborotado por aquí; cualquier cosa te llamamos, cuídate mucho–, y en seguida escuchó como la señora colgaba el teléfono. Esteban sintió cómo el mundo se le venía encima. Estrelló el puño de su mano contra la palma de la otra mientras daba vueltas alrededor de la sala. Lo que había sido lindo y perfecto durante el último mes y medio, de un momento a otro se tornaba trágico y oscuro. Lo peor de todo era que no podía hacer absolutamente nada para ayudar. La impotencia reinaba, y lo único que se le ocurrió fue maldecir e insultar a los causantes de todo. No ayudaba para nada el hecho de conocer tan pocos detalles de lo que había sucedido, además de la imposibilidad de acercarse a la casa de ella. Su primera reacción, todavía con el corazón latiéndole a un ritmo endemoniado, fue llamar a Edgar, su mejor amigo, para contarle lo sucedido. –¡Marica, secuestraron a Mónica! Esgar se mostró igual de sorprendido y ofreció todo su apoyo, a sabiendas de que en una situación tan delicada y extrema, era muy poco lo que se podía hacer. Siendo consciente de la enorme posibilidad de no volver a verla, recordó cómo fueron los días en que se había ennoviado con ella: la había conocido hacía tres meses en el bazar del colegio. A pesar de ser una estudiante de otro plantel, ella había asistido al evento gracias a la invitación de Catalina, una de sus compañeras de curso. Recordó que él se encontraba en el parqueadero de los buses escolares esperando la llegada de un compañero de curso, cuando de repente vio descender de un largo automóvil n***o a Catalina, quien iba acompañada de una niña de aproximadamente quince años, quien desde el primer momento le llamó la atención. La niña tenía el pelo largo y castaño, ojos azules y esbelta figura. Iba vestida de jeans, zapatos tennis y blusa blanca. Ahí mismo se dio cuenta de que no existía en el colegio ninguna compañera, ni en su curso ni en ningún otro, tan linda como ella. Aprovechando la amistad que tenía con su compañera de curso, se acercó hasta donde ellas se encontraban con la esperanza de ser presentado, lo que para su fortuna sucedió. A pesar de su belleza, la amiga de Catalina resultó ser una persona muy simpática, amable y sencilla. Esto hizo posible que desde el primer momento se empezara a desarrollar una buena amistad entre los dos. Cuatro meses atrás, Mónica había terminado una relación con su último novio, con quien solo había durado un mes, y en el momento tenía la idea de conocer otras personas y de empezar a disfrutar de nuevos y diferentes planes. Pasaron el día disfrutando de los juegos, las comidas y la música que ofrecía el bazar. Al final de la jornada, Esteban tenía apuntado en un papelito, dentro de su billetera, el teléfono de su nueva amiga. Empezó a llamarla casi todos los días; hubo salidas al centro comercial, a jugar bolos, a cine, a comer pizza o hamburguesa. Y fue en la fiesta de Edgar, su mejor amigo, tres semanas después de haberla conocido, donde las cosas finalmente se dieron. La relación de amistad se convirtió en noviazgo, justo cuando bailaban al ritmo de una canción vallenata, muy de moda por aquel tiempo. Algunos días después, Mónica le confesó que el momento en el que se había convencido que debía ennoviarse con él, fue cuando lo escuchó tocando la guitarra y cantando la conocida canción de Neil Sekada, Laughter in the Rain, en una lluviosa noche durante una pequeña reunión que había organizado Catalina. La forma de interpretar la canción, y el sentimiento que le había puesto, resultaron bastante convincentes. Desde entonces, habían estado viéndose al menos dos o tres veces por semana, especialmente los sábados y los domingos, y en algunas tardes después del colegio, cuando ninguno de los dos tenía que hacer muchas tareas, o Esteban no estaba ocupado en las prácticas de su banda. Se sentía realizado: siempre había querido tener a una persona así, tan linda no solo en lo físico, sino también en su interior, en la forma como pensaba y actuaba. Sabía que se estaba enamorando, y se daba cuenta de que ese sentimiento era correspondido. Sin embargo, nunca se imaginó que el destino les depararía lo que ahora estaban viviendo.
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