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–Como les había dicho el sábado, el concierto fue todo un éxito –dijo Arturo, dirigiéndose a los miembros de Los Cuarenta. Todos estaban sentados en el estudio escuchando el informe que hacía el director acerca de la última presentación del grupo en la plaza de toros. Esteban, sentado al lado de sus amigos, Andrés y Patricia, trataba de concentrarse en las palabras del director, pero su mente se mantenía muy lejos de allí, especulando acerca de lo que a esa hora pudiera estar sucediendo con Mónica.
–El empresario quiere que hagamos una gira por algunas ciudades del país. Creo que no serían muchas, por ahí tres o cuatro. La idea es arrancar más o menos en dos o tres semanas –dijo Arturo, provocando los silbidos y aplausos de sus compañeros.
–Mr. Director, ¿y cuántos días estaríamos por fuera? –preguntó Melissa.
–Todavía no se sabe, hasta ahora están empezando a mirar unas fechas. La idea es hacer todas las presentaciones en fines de semana, nada entre semana –dijo Arturo.
–Pero tocaría pedir permiso en el colegio…, supongo –dijo Ismael.
––Nooo, simplemente renunciamos al colegio y listo –bromeó Carolina, la niña de diecisiete años, admitida en la más reciente audición, y quien se distinguía por sus pecas.
–Buen punto, Ismael –dijo Arturo cuando todos pararon de reír––, por eso se va a tratar de cuadrar para los fines de semana, para perder el menor tiempo de colegio o universidad posible.
–Oye, Arturo, ¿y hay posibilidad de que nos ganemos algo ahí?, ¿o toda la plata se va a ir para pagar lo del viaje, la logística y el arriendo de este estudio? –preguntó Adriana.
––Ya empezó a cansar con sus intervenciones de parlamentaria barata – dijo Juan Carlos, un joven de rostro simpático y pelo oscuro, que siempre lucía camisetas negras de grupos de rock pesado.
––Al menos intervengo, no como usted que solo abre la boca para montarla –dijo Adriana.
–Bueno, calmados, las peleas internas las dejamos para después del ensayo… Pero sí, Adri, la idea es empezar a ganar a partir de ahora –dijo Arturo–, el empresario paga por hoteles, comidas, traslados y todo lo demás, y estamos cuadrando una suma decente para que nos quede a nosotros.
–Pero supongo que eso tiene que ser aprobado por el comité, ¿o no? –dijo Adriana.
–Adrianita, no le pongamos problema al asunto, la idea es sacar este proyecto adelante –dijo Esteban sonriéndole.
–Mi único problema eres tú, desde que no volviste ni a llamar –dijo Adriana.
Hubo pequeños comentarios y exclamaciones en voz baja por parte de todos.
–Bueno señores… y señoritas… silencio por favor –dijo Arturo–, es verdad lo que dice Adriana. Esto debe ser aprobado por los del comité. Lo que pasa es que los datos no son muy precisos todavía, pero apenas la propuesta esté más clara, yo me siento con ellos y les doy todos los detalles.
– ¿Qué posibilidad hay de meterle un poquito más de rock a los conciertos de esa gira? –preguntó Juan Carlos.
–El hecho de ser el rockero del grupo no te da derecho a decidir lo que se va a tocar –dijo Adriana.
–Tan linda pero tan inmamable –le dijo en voz baja Juan Carlos a Ismael, que se encontraba sentado al lado suyo.
–Toca mirar, Juan Carlos, dependiendo de la ciudad. Parece que la idea en principio es ir a Cali, Medellín, Barranquilla o Cartagena, y de pronto Bucaramanga. Tal vez por ahí en Medellín se podría, pero ustedes saben que Cali es muy de salsa y las ciudades de la costa muy tropicales.
– ¿Y Bucaramanga? –preguntó Juan Carlos.
–La verdad no sé, toca hacer la investigación a ver qué les gusta por allá –dijo Arturo.
–Allá son súper rockeros –dijo Patricia–, pues por lo menos mis primos y sus amigos que son de allá.
–Bueno, que tal si vamos arrancando con el ensayo –dijo Adriana mientras se ponía de pie.
–Adriana tiene razón. Bueno, todos a sus puestos. Patricia, vamos a probar tu voz con "Emotion" –dijo Arturo.
– ¿"Emotion"? – Patricia abrió los ojos y la boca al mismo tiempo.
–La de Samantha Sang, ¿si te la aprendiste?
– ¡Ah!, siii, es que con este guayabo terciario… –dijo Patricia riendo.
Luisa en los teclados, Esteban en la batería, Juan Carlos en la guitarra y Eduardo en el bajo, hicieron la introducción, y Patricia, micrófono en mano, arrancó con las palabras: "It´s over and done, but the heartache lives on inside"
Pero Arturo hizo una señal con la mano para que todos se detuvieran.
–Pero como que te sentaron duro los tragos, Pati. No te estoy escuchando. Además que la entonación está un poco alta. Vamos de nuevo, con fuerza.
Arrancaron de nuevo, Patricia cerró los ojos, y se concentró en la letra y en la entonación correcta de la canción que apenas se había logrado aprender en la mañana, cuando iba rumbo al colegio.
Andrés, sentado un poco más arriba, la observaba embobado mientras ella cantaba: "There'll be nobody left in this world to hold me tight, nobody left in this world to kiss goodnight".
Mientras tocaba la batería, Esteban observaba a Andrés y pensaba en la dificultad tan grande por la que estaba atravesando al intentar que Patricia le hiciera caso. Y para empeorar las cosas, le daba la impresión de que la rubia estaba detrás suyo y no quería saber nada de su amigo.
Después de más de tres repeticiones, al fin pudieron sacar adelante la canción de Samantha Sang; luego, Patricia se dirigió al puesto de Esteban con una sonrisa de oreja a oreja.
–Casi no doy, apenas me aprendí la letra esta mañana en el bus del colegio.
–Pero bueno, lo lograste, y eso es lo que importa –dijo Esteban.
–Tú siempre tan amable. El problema es que Andrés no paraba de mirarme y eso me puso nerviosa.
–Pero si el sábado en el concierto te estaban mirando más de quince mil y tú fresca, ¿ahora te vas a achantar porque te mira uno? –dijo Esteban.
–Es que ese uno mira demasiado, y hace como por veinte mil.
–Pues va a tocar que le hagas caso a ver si deja de mirarte –le dijo Esteban con una sonrisa.
Patricia torció la boca.
–No sé… vamos a ver qué pasa. Bueno, vamos a seguir…
–Perfecto, señores… y señoritas… Ahora vamos con Dr. Hook, "Sexy Eyes" –dijo Arturo–, Esteban, te tocó cambiar las baquetas por el micrófono.
–Listo, no problem, me fascina esa canción –dijo Esteban, y levantándose de su puesto, agarró el micrófono que le pasó Patricia y se hizo adelante de los demás. Luisa arrancó en los teclados, acompañada en la batería por Daniel. Esteban, por su parte, se concentró, y a la señal de Arturo arrancó su canción con las palabras: "I was sitting all alone, watching people get it on, with each other". La canción fluía de manera impecable. Daniel hacía un excelente reemplazo de Esteban en la batería, y los demás integrantes no se quedaban atrás en su desempeño. Patricia, que descansaba sentada en el segundo escalón, al lado de Andrés, no dejaba de mirar a Esteban. Juan Carlos, en la guitarra líder, se reía internamente al darse cuenta de lo que sucedía entre estos tres, mientras que Eduardo, en la guitarra rítmica, miraba constantemente al piso como era su costumbre. Adriana, en el bajo, tenía los ojos puestos en Arturo, atenta a cualquier señal que éste pudiera dar. Los miembros del grupo que no participaban en ésta interpretación, estaban sentados en los diferentes niveles del estudio escuchando atentamente a sus compañeros. Todo fluía correctamente, y el joven cantante, a pesar de no poder sacar de su mente a Mónica, trataba de concentrarse en interpretar, de la mejor manera posible, los diferentes tonos que exigía la canción. Para poder hacerlo, miraba a un punto fijo en la parte superior del estudio, más exactamente a la parte en que se encontraba la puerta de acceso al lobby. Cerró los ojos en el momento en que pronunciaba las palabras: "I looked up, what did I see, sexy eyes, movin' cross the floor, got me wanting more". Cuando los volvió a abrir, con su visión todavía fija en el mismo punto, la puerta que daba al lobby, creyó estar viendo visiones. Parada allá arriba, y vestida de jeans y camiseta negra, con el pelo suelto y una enorme sonrisa en sus labios, se encontraba Mónica. Cerró los ojos y se los frotó, y cuando los volvió a abrir, su hermosa novia seguía allá arriba, mirándolo todavía con esa inigualable sonrisa. El resto del grupo, al ver que Esteban dejaba de cantar, miró también hacia arriba.
–¿Entonces ahora vamos a parar el ensayo porque llegó de visita la noviecita de éste? ––dijo Adriana, abriendo los brazos.
A Esteban se le cayó el micrófono al piso y Arturo dijo:
–Señores… y señoritas… tomémonos cinco minutos de descanso.
Esteban salió corriendo hacia la parte superior del estudio donde se encontraba Mónica. Todos lo miraron como si estuviera loco, con excepción de Arturo y Andrés, quienes eran los únicos que entendían lo que estaba sucediendo. Al llegar al nivel en el que se encontraba su Monina, se quedó observándola detenidamente, como asegurándose de que fuera la misma persona, de que no estuviera diferente, que no le faltara nada. La abrazó con toda la fuerza del mundo, le dio un pico en los labios y luego recostó la cabeza en su hombro y arrancó a llorar.
–Estoy bien mi nene…, ya estoy aquí, no llores… –fueron las primeras palabras de Mónica. Esteban levantó la mirada, le cogió suavemente la cara con las manos y la besó tiernamente. Cuando se separaron vio que Marcela se encontraba detrás de su novia, acompañada por un señor de corbata con aspecto de guardaespaldas.
–Si no la traigo hasta aquí se nos muere ésta niña –dijo Marcela mirando a Esteban.
– ¡Mi Monina, por fin estás aquí!, ¡y estás súper bien! Esto ha sido peor que una pesadilla… ésta horrible espera…
–Ya, mi nene lindo, pero no quería interrumpir tu ensayo, ni molestar a tus compañeros.
–No importa, esto es más importante que todo, es lo más importante en la vida, que estés aquí, ¡no lo puedo creer!
–Nene, te veo como más flaquito –dijo Mónica.
–Supongo, Monina, casi no estaba comiendo, pero tu carita también está un tris más delgadita. Pero más linda que de costumbre.
–Gracias, nene, pero si quieres regresa a tu ensayo, yo te espero si quieres.
En ese momento Esteban escuchó cómo el grupo empezaba a tocar "Shadow Dancing" de Andy Gibb. Se volteó, y al mirar hacia abajo observó cómo Arturo le hacía una señal de despedida con la mano. La señal de que se podía ir. Él le correspondió y le dijo a Mónica:
–Vamos, Monina, para mí ya no hay más ensayo por hoy.
Mónica le agarró la mano.
–Lo que tú digas, nene–. Y salieron del estudio, pasaron el lobby del edificio, y al salir a la calle se montaron en el carro de la familia, seguidos por Marcela y el guardaespaldas.
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