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El lunes fue un día de colegio eterno para Esteban. No veía la hora de llegar a casa a esperar la llamada de Marcela con las últimas noticias sobre la suerte de su novia. Durante el recreo que daban después del almuerzo buscó a Catalina, la compañera de curso que le había presentado a Mónica, con la esperanza de que ella tuviese alguna nueva información al respecto. La encontró sentada sobre el pasto, en un rincón de la cancha de fútbol, conversando con una compañera.
–Hola, Cata, ¿cómo va todo? ––saludó Esteban.
–Hola, Esteban, sigue y te sientas por ahí paradito. No mentiras, siéntate, todo bien, aquí con María Claudia adelantando cuaderno.
Esteban se sentó y saludó a María Claudia.
–Hola, ¿cómo vas?
–Bien, ¿a ti te gustó el almuerzo? –preguntó María Claudia mientras se acomodaba las gafas.
–Normal, como siempre.
–Es que aquí la niña está como con rebote y dice que el almuerzo le cayó súper mal –dijo Catalina.
–Uy sí, yo estaba bien por la mañana y ahora me está doliendo la panza –dijo María Claudia, arrugando los labios.
–Si quieres te acompañamos a la enfermería –dijo Esteban mientras miraba de reojo a Catalina.
–No, no se preocupen –dijo María Claudia, poniéndose de pie–, yo más bien voy a darle una visita al ladie´s room, ahora nos vemos–, y se alejó de ellos con rumbo al edificio principal del colegio.
–Pobre, siempre le sienta mal todo –dijo Catalina.
–De pronto tiene amebas o algo así.
–Pues entonces le figuró purgarse –respondió Catalina mostrando una pequeña sonrisa.
–O que vaya al médico a ver qué le dice…
– ¡Ay no!… los médicos son lo peor, llega uno con una pequeña cosa y sale con diez males –dijo Catalina.
–Sí, eso es verdad… Oye, cambiando un poquito de tema, ¿tú has sabido algo de mi Monina?
–Eso te iba a preguntar, yo hablé con la hermana anoche y me dijo que ya estaban a la espera de la entrega, que el papá ya puso la plata –dijo Catalina.
–Es lo mismo que yo sé, yo también hablé con ella anoche.
–Que se supone que hoy llaman a decir en donde la entregan –adhirió Catalina.
–Sí…, toca que el resto de clases se pasen rápido para llegar a la casa y averiguar qué pasó.
–No te preocupes tanto, estoy segura que esto ya pronto se va a solucionar – dijo Catalina.
–Eso espero… –dijo Esteban subiendo las cejas.
–Ella me había dicho que tiene muchas ganas de entrar a tu grupo, que iba a participar en una audición a ver si la aceptaban…
– ¿En serio te dijo eso? –preguntó Esteban.
–Sí, tu sabes que lo de ella es el piano.
–Sí, y el arpa, pero con esta joda del s*******o… todo se dañó –dijo Esteban.
–Qué lástima, últimamente ese era su tema preferido.
–Me imagino, pero ya ese cupo que estaba libre lo cogió otra pelada.
–Claro, me imagino que era cuasi imposible esperarla… ¿Pero tu si crees que en el futuro pueda entrar? –preguntó Catalina.
–Pues por lo que he visto, yo sí creo. Cuando se pone a tocar el piano en su casa ella es sobrada. Es muy fuerte en música clásica, pero si tocas eso puedes tocar de todo –dijo Esteban.
– ¿Y la voz que tal? Te pregunto porque tú eres el que sabe bien de eso, porque cuando ella canta por ahí molestando lo hace súper.
–La verdad, creo que no hay nadie mejor que ella.
– Lo mismo creo yo. Es que ella imita perfecto a esta vieja… la de "I Will Survive"…
–Gloria Gaynor –intervino Esteban.
–Esa, exacto, tú la vieras, es impresionante.
– ¡Genial! Esa no se la he oído, me figuró escucharla cantando eso, porque imitar la voz de esa vieja no es nada fácil… Ahí, lo que toca ahora, es esperar a que haya un nuevo cupo.
– ¿Y eso se demorará? –preguntó Catalina.
–Pues… Lo malo es que ahorita estamos los cuarenta exactos, y como así se llama el grupo, entonces no reciben a nadie más.
– ¿Y no hay posibilidad de que alguien más se vaya a salir?
–Pues Arturo, el que está haciendo de director ahorita… él está esperando a ver si le sale una beca para ir a Nueva York a una escuela de música de allá.
–Entonces dependemos de Arturo…
–No necesariamente, por ahí hay otros dos que de pronto se van a vivir a otros sitios, pero nada seguro hasta ahora.
– ¡Ah bueno! Pero hay esperanzas –dijo Catalina.
–Si, además están mirando a ver si ponen una edad límite, por ahí hasta los dieciocho o diecinueve, máximo.
– ¿Y eso por qué?
–Es que dicen que ya la gente después de los dieciocho se va para la universidad y ya no tienen tiempo para los ensayos o para las presentaciones. Entonces el que cumple diecinueve saldría obligatoriamente del grupo.
–Y le dan paso a los nuevos talentos… ––dijo Catalina.
–Exacto –sonrió Esteban.
– ¿Y para entrar cómo es la prueba o el examen?, ¿o cómo es que escogen?
–Básicamente son dos pruebas, la de canto y la de interpretación de los instrumentos que la persona toca. Eso lo hacen primero delante de todo el grupo y todo el mundo vota por el que piensa que lo hizo mejor. Si pasa la primera ronda, le toca lo mismo otra vez, pero solamente delante de Arturo y de cuatro personas más del comité directivo, y finalmente ellos escogen quien entra y quién no.
– ¿Y se presentan muchos aspirantes?
–No muchos, por ahí cuatro o cinco. Es que las exigencias son altas y la mayoría no se le miden ni siquiera a hacer la prueba –contestó Esteban.
– ¿Y tú estás en ese comité?
–No, pero si me gustaría estar. En enero hay elecciones para escoger uno nuevo y voy a proponer mi nombre.
–Ah, bueno, entonces en cuatro meses ya podrás ayudar a Moni a que entre…
–Tráfico de influencias se llama eso –dijo Esteban riendo.
– ¿Pero si no la ayudas tú, entonces quién?
–No, claro, a mí me fascinaría tenerla en el grupo, ¿te imaginas?, ¡sería lo máximo!
En ese momento sonó el timbre que indicaba el regreso a clases y Esteban y Catalina se levantaron presurosos para dirigirse hacia su salón.
Esteban se bajó del bus del colegio y caminó lo más rápido posible las dos cuadras que lo separaban de su casa. Al entrar, saludó a la empleada que se encontraba planchando la ropa y le preguntó si alguien lo había llamado. Ante la respuesta negativa de la señora, siguió para su cuarto y dejó la maleta y la chaqueta sobre la cama. Eran las tres y media de la tarde y tenía ensayo con el grupo de cinco a siete de la noche. No sabía si esperar un rato a ver si sonaba el teléfono o simplemente marcar él y preguntarle a Marcela acerca de las últimas noticias. Disponía de máximo una hora para esperar la tan anhelada llamada. De pronto sonó el teléfono y corrió a la sala de televisión a contestar.
–Aló.
–Qué hubo hermano, le tengo noticias –su desilusión fue mayúscula al oír la voz de Edgar al otro lado de la línea.
–Qué hubo, pensé que era Marcela, su amada –dijo Esteban.
–De eso quería hablarle.
– ¿Qué, ya la invitó a salir?
–No, no le dije que yo por allá no llamo –dijo Edgar.
– ¿Entonces qué pasó?
–No, hermano, imagínese que anoche estuvimos con mi papá hablando por radio, en el equipo de radio aficionado que le mostré el domingo.
–Sí, sí me acuerdo –dijo Esteban.
–Llevábamos como dos horas en esas y ya íbamos a apagar cuando cogimos una frecuencia en que estaba hablando la policía.
–Sí –dijo Esteban sintiendo que el corazón se le empezaba a acelerar.
–Yo no sé si le debería decir esto por teléfono… –dijo Edgar.
–Pues hágale porque yo tengo que salir para el ensayo de Los Cuarenta como en media hora.
–Bueno, el caso es que había dos policías hablando y uno de ellos decía que el objetivo estaba localizado. Y el otro le dijo que vigilaran el sitio pero que no hicieran nada hasta poder planear bien un operativo de rescate.
–Entiendo –dijo Esteban mientras caminaba alrededor del estudio.
–Que tenían que hablar con el señor Márquez, papá de la niña, para consultarle antes de hacer cualquier movimiento –continuó Edgar.
– ¡Uy, socio!, ¿qué hacemos?, ¿será que sí es la misma?, ¿será que se trata de mi Monina?
– ¿No me dijo usted que ellos son de apellido Márquez? –preguntó Edgar.
–Sí, claro, ella es Mónica Márquez.
–Pues eso le cuento…
– ¿Y qué hora era cuando escucharon eso?
–Por ahí las diez de la noche.
– ¿De anoche?
–Sí, de anoche –dijo Edgar.
– ¿Y ahora qué?, eso de un rescate puede ser muy peligroso. Además ya pagaron, ¿para que se van a poner a revolver las cosas ahora?
– ¿Y si llama a Marcela y le cuenta? –dijo Edgar.
– ¿Pero no se supone que la policía se iba a comunicar con el papá?
–Eso parece, dijeron que iban a hablar con el señor Márquez.
–Entonces yo supongo que a esta hora ya deben estar enterados de todo –dijo Esteban.
–Sí, pensándolo bien, mejor no llame a nadie porque nos podemos meter en problemas. Después nos empiezan a investigar y tenaz.
–Aquí como son de retrasados, es lo más seguro.
–Ahí si como dice mi mamá –dijo Edgar–, el que se mete a redentor… sale crucificado.
–Pues me deja nervioso con su información, y ahora que me toca salir para el ensayo y estar allá hasta las siete de la noche…
– ¿Y ni modos de no ir? –preguntó Edgar.
–Pues no sé; lo que pasa es que van a hablar de lo del concierto del pasado sábado y de una posible gira por todo el país.
–Ya, ahí si le toca entonces irse para el ensayo. Además si se va para donde su novia, mínimo con tanto revuelo ni lo dejan entrar.
–Oiga, si sabe algo más me avisa, y gracias por la información –dijo Esteban.
–Listo hermano, yo lo mantengo al tanto, suerte en el ensayo, y cualquier cosa hablamos ésta noche.
–Bueno, se cuida, hablamos.