*Año 1901*
— Que raro, no está oscureciendo como ví en la biblioteca, tal vez pudo ser algún reflejo — dijo aquella joven intentando encontrar alguna explicación lógica.
— Eso debe de ser o tal vez fue mi imaginación — dijo aquella chica sin tomarle importancia alguna.
Elizabeth empezó a caminar, aquella joven estaba haciendo un largo viaje desde la biblioteca hasta su casa, pero antes de llegar a su hogar empezo a pensar en todo por lo cual estaba pasando, ella quería que aquel viaje fuera un viaje de reflexión, aquella chica se pudo olvidar de sus problemas por solo un momento, ya que cuando salió de la biblioteca, lágrimas rodaban por sus mejillas, volvió a estar triste.
— Que libros tan más interesantes, fueron capaces de ayudarme a olvidar por un momento de todo por lo que he tenido que pasar, a pesar de que solo pude leer uno, por un momento pude ser feliz pese a todo lo que con anterioridad se me había revelado, pero intentaré ser fuerte, debo de de serlo— dijo aquella joven mientras se secaba las lagrimas para luego soltar un gran suspiro, ella guardaba tantas cosas en su interior.
Elizabeth aquella joven que vestia su gran vestido color azul de encajes.
Aquella joven después de caminar por un largo tiempo, por fin habia llegado a su casa.
Aquella gran casa que contaba con dos pisos y un gran patio.
Elizabeth se acomodo un poco su vestido e hizo una pequeña sonrisa, ella no quería que nadie la viera que había estado llorando.
Aquella chica abrió la puerta y entro.
— Madre, ya llegue— dijo aquella bella joven mientras cerraba la puerta.
Elizabeth no obtuvo respuesta alguna por parte de su madre.
Aquella joven miro al reloj que se encontraba en la pared.
— Que raro — susurro aquella joven — solo me fui por treinta minutos, aunque parecía que fue por más horas, no lo entiendo — dijo aquella chica muy confundida, ella no sabía a qué poder atribuirle esto, pero aún así no le tomo mas importancia.
— Madre, ya llegue— volvio a repetir aquella joven en un pequeño grito esperando por fin obtener respuesta alguna.
A lo lejos se pudo ver a una señora correr hacia donde se encontraba Elizabeth.
— Oh bella dama, bienvenida — dijo la ama de llaves mientras hacia una reverencia ante elizabeth.
— Hola — dijo aquella chica con una gran sonrisa — disculpa, mi madre ¿Dónde se encuentra?— preguntó aquella joven mientras miraba a todos lados sin poder verla.
— Oh claro, sigame, está viendo lo del vestido — dijo la ama de llaves mientras empezaba a caminar.
— Claro, el vestido — dijo entre susurros aquella chica mientras una lágrima rodaba por su mejilla izquierda, la cual de inmediato se seco, ella no quería llorar y mucho menos que la vieran así, ella quería mostrarse fuerte.
— Muy bien, ese vestido está quedando perfecto — se alcanzo a escuchar a lo lejos.
Elizabeth pudo escuchar esa voz y se notaba muy triste, ella sabía a lo que su madre se refería.
— Querida, me tengo que ir, debo hacer la comida — dijo el ama de llaves de repente.
— Oh claro, no te preocupes, muchas gracias — dijoo Elizabeth con una leve sonrisa.
— Con permiso — dijo el ama de llaves de repente para luego irse.
— Esos encajes, esa tela, esos detalles, ese vestido está quedando perfecto, solo falta que mi hija se lo pruebe y podamos ver qué le quede a la medida — se escuchó decir a aquella voz con total felicidad.
Aquella joven seguía escuchando lo que menos quería escuchar, pero aún así, poco a poco se iba dirigiendo en dirección a donde escuchó aquellas palabras.
Elizabeth entro a la habitación y pudo observar a su madre observando el vestido con total felicidad.
— Madre — interrumpió aquella joven.
La madre de Elizabeth la escucho y volteó a verla de repente.
— Oh cariño, ya haz llegado, que emoción, por favor pruebate este vestido — dijo aquella madre con total emoción.
Aquella joven accedió y se dirigió al baño a cambiarse, cuando se puso su vestido, su madre la quedaba viendo con detenimiento mientras daba vueltas a su alrededor intentando poder ver si había algún error en él, lo cual fue imposible, el vestido era asombroso.
— Está perfecto — dijo aquella señora mientras daba un pequeño aplauso y sonreía con total felicidad.
— No me quiero casar — dijo aquella joven con seriedad.
— No digas tonterías, ya el vestido está hecho, ¿Que querías? ¿Casarte con el jardinero?, El era un bueno para nada, que bueno que lo despedí — dijo aquella señora con una gran sonrisa.
— No tenías por qué hacerlo — dijo Elizabeth intentando contenerse las lágrimas.
— Puras tonterías, si debía, él no es de nuestra posición social, vete a cambiar que bajaremos a ver a tu prometido — dijo la madre de Elizabeth sin tomar importancia a lo que su hija quería.
Elizabeth soltó un gran suspiro y no quiso seguir discutiendo, ella sabía que era imposible ganarle una pelea a su madre.
Elizabeth obedeció y rápidamente se cambió, aquella joven no sabía quién era la persona con la cual se casaría, todos lo habían mantenido en secreto por alguna extraña razón.
— Ya madre — dijo aquella joven cabizbaja.
— Perfecto cariño— dijo aquella señora mientras agarraba de brazo a su pequeña hija.
Después de unos minutos llegaron a dónde se encontraban dos personas.
Elizabeth se percató de un joven alto y guapo, aquel joven vestía formalmente y tenía 16 años — PRIMO — dijo en un grito aquella chica con total emoción.
Elizabeth se puso muy feliz y corrió a sus brazos.
— Que bueno que estén felices— dijo la madre de Elizabeth.
— Hola pequeña — dijo aquel joven mientras le daba un beso en la mejilla a su prima.
— ¿Que hacen aquí mi tía y tú?— dijo Elizabeth mientras lo miraba con ternura.
— Mi madre me dijo que vería a mi prometida en tu casa— dijo aquel joven alzándose de h
hombros.
— Que extraño, mi madre me dijo que tambien que vería a mi prometido — dijo aquella joven mientras se separaba del abrazo y estaba muy confundida.
— Es un poco obvio ¿No creen?— soltó de repente la madre de aquel joven.
— ¿Que cosa?— preguntó con incredulidad Elizabeth.
— Ustedes se van a casar — soltó de repente la madre de Elizabeth.
Ambos jóvenes se quedaron viendo con sorpresa, se notaba que ninguno de los dos se esperaba algo así, ambos estaban realmente confundidos.
— Eso no es cierto, es una broma ¿Verdad ?— dijo aquella joven intentando pensar que todo esto era mentira.
— No cariño, esto es demasiado real — dijo con emoción la madre de Elizabeth.
— Madre, no quiero faltarte al respeto, pero ¿Ves lo que dices?, Quieres que me case con mi primo hermano, aquel con el que he crecido, estaba dispuesta a aceptar si fuera algún desconocido, eso me dolería menos, pero es mi primo, al cual amo, pero un amor de hermanos, no de algo más — dijo aquella joven mientras lloraba.
— Tía, Elizabeth tiene mucha razón, no podemos estar juntos, Elizabeth, creeme, yo no sabía que tú eras mi prometida — dijo el joven Louis mientras observaba a Elizabeth.— Madre, renuncie a mi novia, la mujer que amaba, pensando que esto era bueno para la familia y más que nada por su seguridad, pero si hubiera sabido que era mi prima con la que me iba a casar, nunca hubiera terminado con Amelia — dijo aquel joven ya con los ojos rojos.
Ambas señoras veían con detenimiento lo que ambos jóvenes decían.
— Madre, yo también termine con un buen hombre, termine con Sebastián, pensé que esto sería bueno, he llorado por dejarlo, pero pensé en mi familia, también pensé en que estaría bien así, pero de saber que sería con mi primo, al que más quiero como a un hermano, me hubiera negado rotundamente desde un principio — dijo aquella joven mientras caía de rodillas.
— Bueno, terminaron de hablar, ven, no seas dramática — dijo la madre de Elizabeth sin expresión alguna mientras la ayudaba a parar.
— Lo único bueno que tenían sus ex, por qué eso son, era ciertamente ser buenos chicos, pero no venían de una buena posición social, eso sería una gran vergüenza para la familia, tener que emparentar con alguien de clase baja, con la servidumbre — dijo de repente la madre de Louis mientras hacía cara de asco.
— Es cierto, el jardinero y la sirvienta no se acercaban a nuestra clase social, además, nuestros padres tuvieron suerte ya que aunque no se casaron con alguien de su familia, se casaron con alguien de buena posición, además, debemos conservar el linaje de esta buena familia y créanme que nos lo agradecerán muy pronto, luego se olvidarán que eran primos y todo eso quedará en el pasado — dijo la madre de Elizabeth mientras intentaba según ella hacer entrar en razón a su hija y a su sobrino.
— ME NIEGO ROTUNDAMENTE — dijo aquella joven en un gran grito.
Elizabeth no pudo soportar todo lo que había estado escuchando y después de decir aquellas palabras, corrió de inmediato a su habitación, en la cual empezó a llorar amargamente, ella no quería nada de esto.
— ¿Ven lo que hicieron?, Ella es mi prima y no la veo como algo más, ciertamente la quiero mucho, pero es como una hermana para mí, no la puedo ver cómo algo más — dijo Louis mientras tragaba saliva.
— Ustedes no tienen por qué replicar — dijo con enojo su madre.
— Ustedes no tienen por que decidir por nosotros, lo han hecho hasta ahora, pero ya no más, no con mi prima, pensaba hacerte caso por el compromiso, pensaba en mi familia, pero ella es como mi hermana menor y no lo acepto, con permiso — dijo aquel joven mientras hacia una reverencia y se iba, él ya no quería seguir peleando.
— LOUIS AGH — se quejo la madre de aquel joven.
— Tranquila hermana, ellos aceptarán, deben de hacerlo — dijo la madre de Elizabeth con total seriedad.