Capitulo 3

1839 Palabras
*Actualidad* Aquel chico no se había percatado en lo absoluto que en aquella gran biblioteca que creía deshabitada, realmente no estaba solo como él pensaba, ya que en todo momento, hubo alguien que lo estaba observando entre las sombras. — Todavía no es momento de que nos conozcamos— dijo aquella voz suave entre las sombras, tal vez él momento correcto llegaría en un tiempo exacto.  A pesar de que Elliot se encontraba en un lugar que no conocía y nunca en su vida había visto, él se sentía muy bien y se sentía con mucha tranquilidad en un lugar desconocido para él ya que era un lugar silencioso y sin personas que lo pudieran molestar, "sin jóvenes molestos" como él pensaba, pese a que él también era un joven, Elliot no sabía cuándo estos momentos en un lugar silencioso se terminarian, ya que él pensaba que la biblioteca tal vez muy pronto abriría, pero aún así él pensaba disfrutar del ahora ya que podría leer con tranquilidad, aquella biblioteca era "el lugar perfecto", eso pensaba Elliot. Elliot salió de la biblioteca, pero se percató que todo estaba iluminado, era algo extraño, era de día cuando él había visto que era de noche, pero él pensaba que eso era tal vez algún reflejo de la biblioteca o no sabía con exactitud, él no sabía cómo explicar ese raro fenómeno, pero aún así no le tomo mucha importancia, lo único que podía pensar era lo bien que se la había pasado en la biblioteca. Aquel joven camino por un largo tiempo de vuelta a su casa, aquel joven al llegar a su hogar, entro sin tocar la puerta y pudo ver a su  padre con total tranquilidad sentado, su padre estaba sin percatarse que Elliot estaba ahí, el señor Seliut estaba sin decirle nada a su hijo, sin estar preocupado, era algo totalmente extraño. — ¿Por qué está tranquilo?, Me fui por muchas horas— dijo entre susurros aquel joven. El padre de aquel chico no lo había escuchado, así que seguía sin prestar atención mientras miraba el celular con total tranquilidad, esto le sorprendia mucho a Elliot ya que no era lo que un padre debería de hacer después de que su pequeño hijo desapareciera por tanto tiempo. — Papá, ya llegué — dijo de repente Elliot mientras interrumpía al señor Seliut. El señor Seliut volteó a ver de repente y sus ojos se iluminaron. — Oh vaya hijo, supe que regresarías pronto, estaba muy preocupado, pero decidí guardar la calma ya que supe que regresarías muy pronto, si no, asustaría a todos, se que eres un muy buen chico y sabía con exactitud que no te irías lejos. — dijo el señor Seliut con total tranquilidad. Esto le parecía extraño a aquel joven, ya que ese pronto que decía su padre, fue en realidad más tiempo de lo que pudiera imaginar. — Papá ¿De que hablas?, Me fui por muchas horas — dijo aquel joven muy extrañado. — Hijo, solo te fuiste por treinta minutos, te fuiste a las una y todavía son las una y media ¿Estás seguro que te encuentras bien?, Tal vez caminaste mucho y piensas que fueron horas — dijo el padre intentando encontrar alguna explicación lógica. — Es que en la biblioteca se podía ver que ya era de noche, es imposible, desde la ventana se notaba como oscurecia, no lo entiendo— dijo Elliot mientras estaba muy confundido. — Espera ¿De que biblioteca hablas Elliot?— preguntó de repente el padre de aquel joven mientras lo miraba muy confundido. — De la biblioteca que hicieron en las afueras, el lugar por dónde a veces pasamos, el cual está deshabitado— dijo Elliot con seriedad. — Hijo, creo que estás confundido, en ese lugar no hay una biblioteca y no lo han anunciado, hay veces que pasamos es cierto, pero también date cuenta que no podria haber nada en ese lugar ya que hace una semana pasamos por ahí y estaba desierto, creo que pensar en cosas de fantasías te está afectando y no quiero eso — dijo con preocupación el señor Seliut. — Papá, es real, hay una biblioteca— dijo con insistencia aquel joven. —¿Que?, En aquel lugar no hay una biblioteca, ese lugar está deshabitado, nadie lo a comprado desde hace décadas — soltó de repente el señor Seliut. — Pero es real, yo lo ví y leí libros, pude sentir que todo era mágico, todo era asombroso — replicó de repente aquel joven. — Ya veo, lo supuse, pensar en la magia te está afectando como a tu madre— Dijo con mucho enojo aquel señor. — Padre, me tarde horas, no minutos en regresar — soltó de repente Elliot. — No entiendo por qué dices eso, te repito, te fuiste a las una de la tarde del día de hoy y a penas cuando regresaste eran las una y media de hoy también, solo tardaste media hora — soltó de repente el señor Seliut ya cansado de que su hijo siguiera aferrado a lo mismo. — MI MADRE AL MENOS ME COMPRENDÍA, ELLA ME HUBIERA CREÍDO — soltó Elliot entre gritos para después salir corriendo a su habitación, aquel joven cerro con mucha fuerza la puerta y le metió seguro, él estaba cansado de que su padre no le creyera. Aquel joven se sentó a un lado de la puerta de su habitación. — Es imposible, desde la ventana de aquella biblioteca se notaba como oscurecia, yo lo ví, pasaron horas — dijo Elliot muy confundido. — Elliot— dijo en un susurro aquel señor. — Solo quiero proteger a mi hijo, no pude proteger a su madre, quiero que él separe la magia de la realidad, aún si eso implica que el me odie — dijo aquel padre muy preocupado mientras una lágrima salía por sus ojos. — No comprendo el por qué de que mi papá no comprenda, la magia existe, la magia es real, mi madre me enseñó que siempre hay que creer aunque los demás te digan que todo es falso o alucinaciones tuyas, por simples comentarios no voy a dejar de creer que todo lo que ví, es real — dijo aquel chico mientras se secaba las lágrimas. Pasaron unas cuantas horas y el padre de Elliot llegó a su habitación. Se escuchaba la puerta sonar. — ¿Que quieres? — preguntó muy enojado Elliot detrás de la puerta. — Solo quiero hablar contigo — dijo el señor Seliut soltando un suspiro mientras se rascaba el brazo. — Ya estamos hablando— contesto aquel joven mientras estaba muy enojado. — Ya ya ya, se que esa no fue la manera de decir las cosas, pero está bien, si dices que aquella biblioteca existe, vamos, te acompaño a visitarla y así tal vez pueda creer en la magia, si eso quieres— dijo de repente el señor Seliut, el padre de Elliot quería ver si lo que decía su hijo era real, era cierto que quería que su pequeño dejara de creer en duendes y hadas, pero también sabía que era imposible, así que si lo que su hijo decía era cierto, esa biblioteca debería estar en el mismo lugar. La puerta rápidamente se abrió y Elliot abrazo de inmediato a su padre. — Muchas gracias por creer — dijo de repente Elliot con total emoción. — Está es una gran oportunidad para que mi padre crea en que la magia es real — pensó aquel joven. Ambos de inmediato se separaron de aquel abrazo acogedor y bajaron por aquellas grandes escaleras, para luego abrir la puerta de su casa y encontrarse cerca del carro, en el cual irían a ver la "biblioteca", el señor Seliut se subió al volante y Elliot en el lado del copiloto. — Abrochate el cinturón — dijo de repente el señor Seliut mientras el terminaba de hacerlo, Elliot no tardó mucho en ponerse el cinturón y en cuestión de minutos, el señor Seliut ya había puesto en marcha su carro. Los minutos pasaron y ya se encontraban por el lugar que Elliot había dicho. — Ya estamos en la salida ¿Tengo que doblar o algo ?— pregunto el señor Seliut de repente al no poder percatarse de dónde se encontraba la biblioteca. Elliot se quedaba viendo sorprendido a todos lados. — Deten el carro — dijo de repente aquel joven. — ¿Por qué?— preguntó confundido el señor Seliut, el cual iba aminorando la velocidad. — Deten lo por favor — dijo de nuevo Elliot. El señor Seliut obedeció a lo que su hijo le había dicho y de inmediato detuvo el carro. Elliot se desabrochó el cinturón muy rápidamente y abrió la puerta del carro. Aquel joven fue corriendo a unos cuantos metros y en un punto se detuvo, Elliot se quedaba viendo a todos lados como si estuviera buscando algo. El señor Seliut hizo la misma acción intentando seguir a su hijo. El padre de Elliot se posicionó a su lado, quedando ambos enfrente de un gran campo deshabitado. — Exactamente estaba aquí — dijo Elliot señalando a un campo totalmente vacío, en el cual no se encontraba nada y mucho menos una gran biblioteca como Elliot había dicho. — Te lo dije, fue parte de tu imaginación — dijo de repente el señor Seliut. — Estoy seguro, estaba aquí, te digo la verdad, por favor creeme— dijo aquel joven desesperado mientras veía a su padre, él intentaba que su padre pudiera creer que lo que estaba diciendo era verdad. — Elliot, yo no te crié para que fueras un mentiroso — le reprochó en señor Seliut a su hijo. Estas palabras hicieron que a Elliot le dolieran mucho. — Pero padre — soltó de repente Elliot. — Nada de peros, nos vamos en este preciso momento — dijo el señor Seliut muy enojado. — Está bien — dijo ya rendido Elliot. Elliot sabía que por más que le dijera a su padre, el señor Seliut nunca creería en lo que decía y lo seguiría tachando como a un mentiroso, así que decidió mejor ya no decirle nada. Ambos, padre e hijo se subieron al carro para regresar a casa, Elliot no dejaba de ver a aquel lugar, no sabía que había pasado, pero intentaría volver, debía volver y averiguar qué era lo que pasaba. El silencio se había hecho presente en aquel carro, nadie decía nada. Después de unos cuantos minutos más, por fin habían podido llegar a su casa de nuevo. — Elliot, se que dejar de creer en cosas de fantasías no está en tus planes, pero por favor hazlo, algún día te puede traer problemas o te puedan hacer bullying — dijo con preocupación aquel señor. — No pasará, yo te comprobaré que lo que digo es verdad — dijo Elliot mientras subía corriendo las escaleras, aquel joven estaba decidido a comprobar que lo que decía era real y que no mentía.
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