Capítulo 2

1864 Palabras
¡La magia no existe! ¡La magia no existe! ¡La magia no existe! ¡La magia no existe! ¡La magia no existe! Elliot podía escuchar aquellas palabras repetir una y otra vez en su cabeza, que su padre no creyera en esas cosas, le molestaba mucho, si su padre no quería creer, estaba bien, pero Elliot lo único que quería, era que su padre no se interpusiera en lo que él pensaba, a él le gustaba imaginar y estaba harto de escuchar que siempre le dijeran eso, que la magia no existia, si él creía en eso o no, los demás no tenían por qué interponerse y meterle ideas de que la magia no existia. Elliot, a pesar de tener 17 años, creía mucho en seres mitológicos, pensaba que un día podría ver a alguno, pero también sabía que podría ser imposible, pero a pesar de todo, no se limitaba a creer en la magia. Elliot empezó a vagar por un largo tiempo en la gran ciudad de Tembion, todo lo que le decía su padre, también le dolía y mucho, no podía creer que su padre se comportará así con él. Por otra parte, su madre siempre le decía que podía creer en lo que quisiera y que la imaginación no tiene límites, que hiciera caso omiso a todo lo que los demás le dijeran, que él era un buen niño y que a pesar de todo, sabía que él soñaba en grande y que no se limitará a soñar, solo por las críticas de los demás. Elliot era un niño muy soñador, si creia en la magia, también era cierto que le encantaba imaginar que algo como lo que pasaba en los libros que leía, le podría pasar, pero también sabía que todo era falso, eran cuentos de fantasía, pero eso no lo limitaba a creer y a pesar de saber que todo era falso, le enojaba mucho que lo cuestionaran y dijeran que la magia no existia, él sabía que la magia podía estar disfrazada de muchas cosas, lo cual algunos, no entendían. — Te extraño mami, al menos tu si me entendías — decía aquel joven, mientras miraba al cielo y podía sentir, como unas lágrimas rodaban por sus mejillas. La madre de Elliot, siempre lo apoyaba en todo y no le importaba que su hijo fuera un creyente de las cosas no existentes, ya que ella sabía que la magia era más que real.   Elliot pudo ver qué pronto la lluvia se haria presente, ya que el cielo empezaba a oscurecer, Elliot bajo la mirada y empezó a buscar donde poder refujiarse, pero por dónde estaba Elliot, no había muchas casas donde pudiera meterse, a decir verdad, no había ninguna casa, todo ahi estaba desierto o eso creía él, hasta que su mirada se detuvo en un solo lugar, en ese lugar había una gran biblioteca, la cuál estaba muy retirada de todas las casas, ninguna otras casa, se podía asomar por ahí, aquella biblioteca por fuera se veía en muy bien estado, parecía ser nueva, pero era muy extraño, ya que nunca se había anunciado de la construcción de una nueva biblioteca, pero Elliot, no le tomo mucha importancia. De pronto gotas empezaron a caer, cada vez un poco más rápido, hasta el extremo de llover extremadamente fuerte, así que sin pensarlo más, Elliot se fue de inmediato a aquella biblioteca para poder protegerse de la lluvia, al entrar, estaba un poco empapado, pero se había metido tan rápido a la biblioteca, así que la lluvia no alcanzo a mojarlo por completo. Elliot intento abrir la puerta de la biblioteca, pensó que tal vez y todavía no había sido la inauguración, así que podría estar cerrada, pero a pesar de eso, quizo intentarlo y para sorpresa de él, la puerta se abrió con total facilidad. Cuando entro Elliot,  cerro la puerta de inmediato, no quería que la lluvia entrara, Elliot al mirar todo por dentro quedó muy asombrado y maravillado, realmente no sabía que está biblioteca existiría, pero por dentro estaba  tan hermosa, tenía demasiados libros. Elliot, estaba demasiado extrañado, ya que debían de haber tardado demasiado tiempo en la construcción de aquella biblioteca y era raro que no hubiera escuchado que estaría en ese lugar, pero pensaba que estaba pensando demasiado en eso, ahora solo quería disfrutar de su nuevo refugio. La biblioteca estaba realmente limpia, libros acomodados extremadamente bien, pero se veía un poco antigua y eso le gustaba mucho a Elliot. — Esto es demasiado ¡GENIAL!— dijo mientras miraba a todos lados, para luego decir la última palabra en un sonoro grito, de repente se tapó la boca, pensó que tal vez, podría haber otro curioso husmeando por ahí y podría estar arruinando su lectura. Por horas, Elliot estuvo buscando si había alguien más, pero estaba totalmente vacía, solo estaba él y parecía que realmente nadie sabía de la existencia de la biblioteca o simplemente solo esperaban la inauguración. Inauguración que nunca había sido anunciada. Elliot, al ver qué no había nadie, empezó a revisar los grandes estantes, aquellos estantes que tenían demasiados libros que con solo leer el nombre, se veían muy interesantes. Elliot nunca había escuchado los nombres de aquellos libros. La magia del unicornio. Sueña. Bailemos. Te encontraré. El pegazo que no podía volar. Algunos libros, a decir verdad, tenían nombres muy extraños y chistosos, lo cual hacía que Elliot se interesará más y más por aquellos libros. A Elliot le parecía simplemente genial que nadie se enterará de la existencia de aquella biblioteca,  tal vez, cuando por fin anunciarán la inauguración, tal vez llegarían más personas, pero ahora que no había nadie, él pensaba aprovechar al máximo esa suerte que tenía, ya que estaba completamente solo, así podría leer sin tener que ser molestado y podría dejar de pensar solo por un momento en lo que su padre, hacía unos momentos atrás le había dicho entre gritos — La magia no existe, ¿Quién se cree?— decía Elliot entre susurros, mientras miraba los grandes estantes y seguía viendo los maravillosos títulos de aquellos libros ya que se disponía a leer uno. Después de mucho tiempo, por fin se había podido decidir y escogió uno, ya que le llamo la atención por su pasta gruesa y que tenía un hermoso dibujo de un unicornio y su título le sorprendía mucho. El unicornio soñador. — Los unicornios son mágicos, así que este libro es perfecto para que lo pueda leer — dijo Elliot mientras lo agarraba. Elliot se sentó y acomodó en un lugar cerca de los estantes. A aquel joven no le daba miedo en lo absoluto estar solo, al contrario se sentía demasiado feliz, ya que creía que era mejor así, dado que podía leer sin ninguna interrupción y sin que nadie le estuviera apresurando, se sentía muy bien, mientras estaba ahí, en ese gran lugar. Después de unas horas más, por fin había terminado de leer aquel libro, había tardado mucho tiempo leyendo y perdió la noción del tiempo, miro de repente hacía una gran ventana que había en el techo y se dio cuenta que empezaba a anochecer, así que se dispuso a salir muy rápidamente, sabía que su padre estaría muy preocupado y molesto, pero eso no le importaba ya, sea como sea, su padre estaría enfadado porque había huido, pero en esos momentos, Elliot creía más importante, protegerse y salir lo más rápido posible, no quería que cayera la noche por completo, ya que podria haber algún malechor merodeando por esos lugares, ya  que era muy tarde. Aquel chico no se había percatado que en aquella gran biblioteca, realmente no estaba solo, ya que en todo momento, hubo alguien que lo estaba observando entre las sombras. Tras la salida de aquel chico, por unos cuantos segundos, apareció el unicornio de la historia que no hacía mucho acababa de leer, la persona oculta dentro de las sombras salió y empezó a acomodar todo de nuevo. — Pequeño amiguito, es hora de regresar a tu libro — dijo aquella voz con una gran sonrisa, mientras regresaba al unicornio de nuevo a la historia, no lo podía dejar libre. Aquella persona acomodo el libro que a Elliot se le olvido acomodar, ya que aquel joven tenía mucha prisa que tenía, lo limpio y lo puso en el lugar donde horas antes, había sido agarrado, después de unos cuantos minutos, todo se volvió a iluminar, era de día otra vez y muy rápidamente, aquella chica, de nuevo había vuelto a las sombras. No pasó mucho tiempo para que una chica entrara a la biblioteca, aquella niña que portaba un gran vestido, estaba llorando mucho, algo le había pasado, se escuchó la puerta cerrar tras su entrada, de inmediato y al percatarse de lo grande que era la biblioteca por dentro, se empezó a secar las lágrimas y empezó a observar en todas las direcciones. Aquella niña, estaba maravillada. — WOW, es tan grande y hermosa por dentro, nunca había visto una igual, parece mágica — decía la chica con mucha alegría. Aquella chica empezó a merodear a sus alrededores, no pudo observar a ninguna persona adentro, así que eso le parecía maravilloso. Aquella chica, no se podía explicar como está biblioteca estaba sola en un lugar donde estaba deshabitado, pero luego no le tomo importancia, ya que estaba extremadamente maravillada, así que no le preocupaba estar sola, en una gran biblioteca Aquella chica, empezó a revisar los grandes estantes, intentando encontrar un libro que fuera de su agrado, después de unos cuantos minutos y de leer muchos títulos, por fin había encontrado uno que llamaba por completo su atención. El viento toca a la puerta. — Que extraño título— pensó. De inmediato empezó a leerlo. — El viento esta tocando— leyó una frase Aquella frase que acababa de leer, por alguna extraña razón, le había dado muchos escalofríos, así que  dejo el libro a un lado de ella, de repente, mucho aire empezó a soplar, mientras la dejaba muy despeinada, esto que pasaba, le asustaba y gustaba, ya que era realmente imposible, aquel lugar estaba por completo cerrado, ventanas y puertas estaban cerradas, así que soplará aire en aquel gran lugar, era imposible y algo que no se podía explicar. La chica se percató que estaba oscureciendo, así que se acomodo un poco el cabello y el vestido y se dispuso a salir. — Volveré pronto a mi casa— dijo con total emoción. Parecía que aquella joven había recordado algo. — A mi cruel realidad— dijo un poco triste mientras cerraba la puerta tras su salida. Aquella chica, que se ocultaba tras las sombras, salió de nuevo y empezó a acomodar todo. Con una sola mano agarro el viento y  con la otra mano sostenía el libro. — Que travieso eres— dijo aquella voz con una pequeña risa y de inmediato  metió al viento de nuevo al libro, el cual limpio, para luego ponerlo de nuevo en el lugar que le correspondía. Aquella persona que se ocultaba entre las sombras hizo un pequeño chasquido y de nuevo era de día.
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