La tensión de la mañana con el incidente de Tommy se disipó, dejando un silencio cargado de nuevas promesas en el aire gélido de Stormholt. Esa misma tarde, apenas unas horas después de encontrar el antídoto, Elara administró la primera dosis del Azul de Prusia a Alaric con manos que apenas contenían el temblor de la esperanza. Cada gota del líquido azul cobalto representaba no solo una batalla contra el veneno, sino la culminación de todo lo que había vivido en estas intensas cuarenta y ocho horas desde su llegada. El proceso fue lento, meticuloso. Fuera, el cielo invernal se teñía de naranja y púrpura, anunciando un atardecer temprano. Minutos después, mientras limpiaba el sudor de la frente de su tío, ocurrió el milagro: la respiración agitada y superficial de Alaric se serenó, se hizo

