CAPÍTULO TREINTA Y SIETE El autobús se detuvo con un chirrido enviándome de cara al suelo del pasillo. Sonaron algunas abruptas y breves órdenes gritadas en el frente, seguidas por las fuertes vibraciones a través del suelo de pisadas. Me levanté evitando movimientos bruscos. Mi estómago revoloteó con inquietud. Incluso sin ver el motivo por el que nos habíamos detenido, supe que algo iba mal. En el frente del autobús había soldados del ejército y algunos de La Élite, todos se pusieron firmes o se agacharon, todos con las armas en la mano, algunos me miraron con sospecha, otros miraron hacia la oscuridad exterior. Detrás, la estática crepitaba y alguien decía incoherencias. El general/teniente respondió: “Negativo. Yo vigilo. Llévate a Wallace, Connor y Midget a revisar la parte de atr

