Confesiones

1540 Palabras
Me quedo estática en la puerta, no podía creer todo lo que estaba escuchando. —Tú me has engañado, muchísimos años ¿crees que soy estúpida? —dice mi madre gritando —Bueno, son cosas que pasan, que pretendías que hiciera, si mi mujer no quería ni verme, no soy de hierro, te enfrascarse en esa niña—grita furioso mi padre, me quedo quieta escuchando todo, ¿de que niña hablaban? —Es tu hija, porque tienes que decirle así, fue lo mejor que te pudo pasar en tu maldita vida, pero porque no dices, cual fue el problema, porque no asumes la verdad, me quedé a tu lado, incluso sabiendo que tienes más hijos de la edad de nuestra hija, eres una basura de esposo, eres nada—Dice mi madre, escucho cosas romper e y decido entrar Entro corriendo, voy directo a la cocina, donde mi padre está a punto de darle una cachetada a mi pobre madre. —BASTA—grito —Hija—Dice mi madre en un susurro —Basta papa, no tienes por qué pegarle a mi madre, no conocía esta faceta tuya, pero créeme que me decepciona muchísimo, para mi eras el hombre más importante de mi vida, ¿como voy hacer para verte de otra manera? —Hija, lo siento perdí los estribos. —No es a mí, a quien tienes que pedirle disculpas, voy a salir por ahí con lis, nos vemos más tarde, espero llegar y no conseguir a mi madre muerta—Digo mientras miro a mi madre llorar en silencio. Salgo directo a mi habitación, encerrando en el baño, me doy una ducha rápida, estaba de muy mal humor, me sentía triste ¿como es posible que mi familia estaba resquebrajándose y ni cuenta me había dado? ¿Qué clase de hija soy? Voy al cajón y busco una linda ropa interior, por supuesto que era de encaje y de un color blanco imperial, me gustaban las cosas así, rebusco en el closet algo que ponerme, decido colocarme un lindo vestido, me llegaba por las rodillas y eran de color morado intenso, Busco unas converse del mismo color, pero un poco más claras, mi tobillera de estrellas hacia juego con mis zapatos, dejo mi cabello suelto, estaba bastante largo, color n***o. Salgo a la sala, cuando el reloj marca a las siete y cincuenta, justamente cuando piso el último escalón, alguien toca mi puerta, mi madre viene abrir, pero me adelanto, no quería preguntas. —Es para mi mama, tranquila nos vemos ahora—Digo mientras beso su mejilla —Esta bien hija, Dios te cuide y te acompañe—Dice regresando a la cocina Abro la puerta y allí está el, era bastante guapo, llevaba puesto una hermosa camisa negra, manga larga, unos Jean azul oscuros y unos hermosos mocasines negros, todo una belleza —Hola, estas hermosa—Dice mirándome sonriente —Tu igual—Digo devolviéndole la sonrisa —También estoy hermosa. Dice riendo a carcajadas Sonrió—cállate me van a descubrir—Le digo mientras intento no reírme —Lo siento, vamos. —Dice guiándome a su auto Abre la puerta para mí, como todo un caballero, cuando sube veo que se acerca a mi, ¿Acaso iba a volver a besarme? Comienzo a ponerme nerviosa, estábamos enfrente de mi casa, si mi padre nos veía, se canaria nuestra buena suerte. —Tranquila, estoy colocando tu cinturón, tengo que asegurarme de que llegues sana y salva —Gracias Conduce por el camino de manera segura, no íbamos ni muy rápido, ni muy lento, llevábamos un silencio exquisito, pero había cosas que quería saber de él. —Oye, ¿puedo preguntarte algo?. —Si claro, pregunta lo que quieras —Cuéntame cosas de ti, no se que preguntar en específico, soy muy tímida, así que no quiero invadir tu privacidad, eres libre de contar lo que quieras. —Tranquila, te diré que amo mi carrera, pero también soy el alma de la fiesta, ya te había dicho que odio el béisbol, mi color favorito es el verde, me gusta la carne y jamás en mi vida he probado una torta, siento que no es nada saludable, además de eso me gustan las cosas caras y finas, si te casas conmigo te daré el mundo entero, vestirás de marca, ojo no es que este diciendo que vistes mal, es solo que en mi estúpida clase social, no se permiten mujeres sin vestir de etiqueta. —No voy a casarme contigo, ya te lo dije, te concedí esta cita, para que te des Cuenta que no soy la chica que estas buscando, soy una mujer de clase social baja, no soy pobre, ni vivo en las calles, pero tampoco soy la chica que tus padres querrán para ti. —Hablas demasiado, ¿quieres saber que es lo que veo en ti? —A ver dime—Le digo intrigada, quería saber que veía en mi, necesitaba saberlo, algo dentro de mi quería que el viera lo mejor de mi alma, me importaba mucho causar buena impresión —Veo una joven talentosa, con una familia estable, pero con secretos, veo en ti la sencillez y la honestidad, sé que el hombre que se case contigo, se estaría llevando una joya, y aunque intentes negar lo, estuviste llorando, ¿que te ocurrió? Tus hermosos ojos tienen un brillo gris, opacado tu pureza. Escucharlo era maravilloso, como podía ver a través de mis ojos, me describo con tan solo una que otra palabra, también se dio cuenta de mi tristeza por el problema de mis padres, no quería que se separa, ni me dejara, aún los necesitaba mucho —Sabes, a veces las cosas no son como parecen, esta tarde encontré a mis padres discutir, después de años juntos, les veo cara de querer separase y eso me aterra, no estoy preparada para estar sin ellos, mi madre es dueña de una agencia de festejo y repostería y mi padre es un chófer, te imaginas si te casas con una mujer como yo, la prensa devorará a tu familia, ya me imagino los titulares "La Familia zarcos, empañada por el matrimonio de su hijo Edder, quien se casó con una mujer corriente, hija de un simple chófer y una panadera" B—asta, no digas esas cosas, si la prensa hiciera eso, que es lo más probable saldría a declarar mi amor por ti, eres fácil de querer, no te conozco y quiero pasar mucho tiempo contigo, quiero ser tu día y tu noche, te conquistar Juli. Dice estacionado el carro, me ayuda a bajarme dándome la mano, resulta que nada es lo que parece, el señor ricachon me había traído a comer aún restaurante de comida rápida. —Espero te guste la comida chatarra, no me gusta ir a restaurante pijos, esta vez quiero mostrarme como solo y lo que siento, quiero que seas tu quien conozca al verdadero Edder—Dice tomándome de la mano —Tranquilo, me encanta la comida chatarra. Hacemos nuestro pedido, las mesas estaban en plena calle y la brisa batía mi cabello, soltando un aroma a manzanilla, Edder pidió dos hamburguesas grandes para el, y yo pedí una, si quedaba con hambre pediría otra, no me da nada de pena, yo no lo mande a invitarme Luego de comernos nuestras hamburguesas que por ciertos estaban divinas, con. Mucha salsa y papitas, el me dice que va. A llevarme a bailar, acepto encantada, me gustaba ir a fiestas, también era un alma libre como el. Cuando llegamos al bar, todo el mundo estaba en sus asuntos, la música estaba muy alta, nos sentamos en la barra y pedimos dos tragos. —¿Que quieres beber? —No se, lo que tu quieras. —Entonces hagamos una ronda de tequila, cinco chupitos y nos vamos—Dice sonriendo —Es un trato Pasamos la noche increíble, me divertí bastante, me gustaba muchísimo la química que teníamos, el tiempo se fue volando, pero debía volver a casa, mañana iría a mis últimas clases. El camino de regreso a casa fue grandioso, el coloco música y cantaba a todo pulmón por las calles, me hacía reír muchísimo, era muy loco, el es el tipo de locura que le hace falta a cualquiera El estaciona en todo el frente de mi casa —Gracias por regalarme esta noche, la pasé demasiado bien a tu lado—Dice sonriente —Gracias a ti, la pasé muy bien, Eres un buen chico, tengo mucha suerte de conocerte, nos vemos luego—Digo intentando bajar, pero el toma mi mano y me hace voltear, cuando esto ocurre me da un beso, pero no uno cualquiera, sino un beso de verdad, su boca era suave, con un rico sabor a menta, el beso se torna largo y cuando lo termina muerde mi labio inferior. —Gracias cariño, quiero verte de nuevo por favor —Veremos cariño, por ahora muchas gracias. Que duermas bien. Digo bajando del auto, saco mi juego de llave y abro la puerta, entrando silenciosamente, subo a mi habitación, lanzándome a la cama, esta sin duda, era una de las mejores noches de mi vida, gracias Edder
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