23 ESTE MOMENTO La habitación estaba sumida en un completo silencio, la oscuridad apenas perturbada por el pequeño fragmento de luz que se atrevía a deslizarse por la ventana a través de las cortinas. Derek dormía a mi lado, con la respiración profunda y acompasada, los labios gruesos entreabiertos por los cuales escapaba un leve ronquido. Su cabello era un absoluto revoltijo, como estaba segura que estaba el mío. Pero hasta ahí llegaban las comparaciones. A diferencia de él, no había podido pegar ojo en toda la noche. O el resto de ella, al menos. Después de hacer el amor por tercera vez, ambos habíamos quedado saciados y agotados, él haciendo honor a su sobrenombre, se había acurrucado a mi lado, envolviendo sus extremidades alrededor de todo mi cuerpo para descansar. M

