22 LA TORTUGA DE LA DISCORDIA —Hay demasiada gente —murmuré esquivando a tres chicos que corrían desaforados por ver una exposición. —Lo sé —exclamó ella dando un saltito—, aunque me siento una inadaptada porque no traemos disfraces —sonreí por la ironía de eso. Generalmente a los frikis se les tiene por inadaptados y ahora resulta que nosotras lo somos por no tener un disfraz. Genial. Me acerqué a una máquina expendedora para comprar un refresco. Juro que desde que había llegado a América había tomado más bebidas carbonatadas, que en toda mi vida. No sería de extrañar que al irme nuevamente a Inglaterra, el piloto me pidiera que subiera al área de equipajes pues mi gordo trasero no cabría en un asiento normal. Miré la lata en mi mano vacilando antes de darle un trago mientras la

