Capítulo 34: Inamovible

2191 Palabras
No era justo tener que estar de madrugada en el aeropuerto, pensó Bethany mientras bostezaba en su asiento, se acercó un poco más al calor de Callaghan, el frío le calaba los huesos, su vuelo hacia Mystic Hills partía a las siete de la mañana, por lo que tuvieron que llegar a la zona de embarque a las tres de la madrugada.   Y Bethany se quejó todo el camino desde su departamento hasta el aeropuerto, su hermano tampoco estaba muy feliz por la hora de partida, pero no podían hacer nada para cambiar su situación, ya que era muy difícil encontrar vuelos directos a su pueblo pequeño, aunque un vuelo con escalas no se escuchaba mal, si por ello podía levantarse a una hora aceptable.   Observo como Cole abrazaba a Mei entre sus brazos, y la Madre del joven se acercaba a los de su esposo, todos abordarían el mismo vuelo, Mei decidió conocer el lugar en el que su novio se había criado, y Cole aprovecharía los días para ir de visita, estaba segura de que el sí amaba el lugar, a diferencia de ella, que solo la mención del nombre le ponía los pelos de punta.   Casi eran las siete, los rayos del sol comenzaban a darle en la cara a los pasajeros somnolientos, Betty se estiró su cuerpo, la verdad tenía algo de hambre, pero decidió esperar a que el resto de la comitiva se pusiera de pie.   —¿Tienes hambre conejita? — pregunto Callaghan, ella se asustó un poco porque no se había dado de cuenta que su hermano ya estaba despierto.   —La verdad sí. — respondió, una vez pasado el susto. — ¿crees que podamos encontrar algo de comida decente a estas horas?   —Hay un restaurante comida rápida que trabaja las veinticuatro horas. — él se volteó para ubicar el establecimiento del que hablaba. — he comido allí un par de veces cuando vengo de visita, si quieres vamos a ver si tienen algo de desayuno.   —Me parece un bueno plan. — sonrió la chica. — ¿los despertamos? — señalo a la familia Jones.   —Si, de todas formas, solo falta una hora para el abordaje. — se encogió de hombros, y ambos se desperezaron en cuanto se pusieron de pie. Luego de despertar al resto de la compañía, quienes decidieron dormir unos minutos más, el par de Andrews se dirigió al restaurante, efectivamente estaba abierto, tenían preparado diferentes tipos de desayunos, todos se veían deliciosos, ellos decidieron tomar sandwiches de atún, con un jugo de manzana, un bol de cereal con leche, y unas galletas de chispa de chocolate, una extraña pero deliciosa combinación.   Durante el desayuno ella trató de sacarle el nombre del hombre que conocería más tarde, pero no logro hacerlo, su hermano continuaba con la boca cerrada, como un muerto, era frustrante, pero lo dejo estar.   Luego de comerse su tazón de cereal, la familia Jones se unió a ellos, y también tomaron algo de desayuno, Betty robo un poco de la comida de Cole y luego se apenó porque al parecer a Mei no le agrado el gesto.   Cole era como su hermano, nada más, nunca lo observo de otra forma, quizás por un tiempo el sí la miro con otros ojos, pero nunca fue correspondido y el coqueteo murió allí, su amigo era muy apuesto, pero no le revolucionaba las hormonas como la hacía Matt, o… Asher Foster.   Se removió incómoda con el recuerdo del chico, ya no estaría tan chico, su adolescencia había terminado, y no podía evitar preguntarse qué pasaría en su mente o en su cuerpo cuando lo viera nuevamente, cinco años eran muchísimo tiempo, de seguro simplemente miraría a un completo extraño, nada más.   ¿Y qué pasaba si Asher era el hombre que su hermano quería presentarle? Se rio de su ridículo pensamiento, porque tenía que ser ridículo, se negaba a darle alas a esa idea, solo esperaba que Asher Foster no tuviera poder absoluto sobre su persona.   El teléfono en sus pantalones vibró y ella lo saco del bolsillo, era Matt, una horrible sensación de culpabilidad la asedio, acaban de terminar su relación y ella pensaba en su antiguo amor de la adolescencia, deberías estar pensando en Matt, no en Asher.   Si disculpo de sus acompañantes y se puso de pie, caminando fuera del restaurante contesto el teléfono.   —¿Aló? —  dijo por el parlante.   —¿Cómo estás? — fue el saludo de Matt, se escuchaba incómodo, como cohibido, una actitud muy extraña en él.   —Estoy bien. — respondió escuetamente.   —¿Qué tal la graduación? — indago de nuevo.   —Muy bien, fue un lindo acto, Callaghan estuvo allí, mi tío no pudo asistir, pero tuve apoyo.— un silencio se estableció entre ambos, ella se mordió una uña mientras caminaba hacia los enormes ventanales del aeropuerto, desde donde podía observar los aviones descansando.— me hubiera gustado verte allí, porque… te extraño.— se atrevió a decir.   —Betty yo…— comenzó él, pero luego cerro la boca de golpe, incluso a través del teléfono escucho el sonido de sus dientes al cerrarse. — estoy viendo a alguien más.   Algo dentro de su estómago se comprimió, fue como si le apretaran el intestino grueso, o delgado, o simplemente le metieran un puñetazo.   —Felicidades. — fue lo que logro decir, sin que la verdadera emoción alcanzara su tono.-   —Sé que es estúpido de mi parte decírtelo, pero solo quería que lo supieras, por si nos ves por allí. — aclaro el pelinegro.   —No tienes que explicarme. — replico ella. — creo que voy a colgar, estoy en el aeropuerto, voy de visita a Mystic Hills.   —Buen viaje. — luego nada, silencio tras la línea.   Betty tuvo ganas de vomitar, todo se acabó entre ambos, sentía que mientras ninguno de los dos estuviera saliendo con nadie más, tenían esperanza, pero ya no la tenían, y Matt acaba de terminar su llamada de una forma impersonal, no quería admitirlo, pero eso le dolió.   Se secó un par de lágrimas que rodaron por sus mejillas, no las había notado hasta que sintió el frío en su piel, era cierto que lo extrañaba, pero su relación se tornó insostenible durante el último año y era lo mejor para ambos, seguir adelante con sus vidas.   Se encaminó nuevamente al establecimiento de comida, donde los demás se estaban poniendo de pie, ella sintió un pequeño vacío en el estómago, en realidad era en su corazón, pero nada le impedía llenarlo con comida, ordeno más galletas de chocolate y un enorme batido de fresa, con mucha azúcar, esperando que el dulce apaciguara el dolor.   ***   Unas horas después, cuando Betty abrió la puerta de su antigua casa se sintió transportada al pasado, todo parecía seguir intacto, desde la última vez que visito su hogar, a excepción del mueble donde su pierna fue apuñalada, Callaghan lo retiro unos días después del incidente.   Dio un par de pasos dentro y tuvo que detenerse, tenía miedo, miedo de entrar nuevamente a casa y tener deseos de quedarse, no podía hacerlo, su vida se encontraba a millones de kilómetros de allí, en una gran ciudad, con bullicio, personas molestas y una gran aventura en su horizonte.   —Subiré tus maletas. — dijo su rubio hermano, le quito el agarre mortal que tenía sobre su equipaje y se perdió escaleras arriba.   Ella caminó hacia la cocina, la casa de los Andrews era pequeña, la puerta principal se abría hacia un pasillo, al final encontrabas la cocina, hacia la derecha el acceso a la sala, y a la izquierda un armaría para guardar los abrigos, y las escaleras que llevaban a la siguiente planta, donde encontrabas tres dormitorios, y un baño.   Luego de la salita se hallaba una sala extra, donde su Padre había posicionado el televisor, no logro contar todas las veces en las que se había besuqueado con Asher en esa estancia, la única diferencia con el ahora, era que su hermano había puesto un sistema de último modelo para ver películas, parecía una sala de cine.   Sentía como si observara cada espacio por primera vez, cinco años se sentían como una eternidad si se observaban en retrospectiva, se dejó caer en uno de los sillones y suspiro cansada, una parte de ella rugió con fuerza, extrañaba este lugar, después de todo fue el hogar donde se crio.   —Mi cita viene a cenar. — dijo Callaghan, entrando a la estancia apresurado. — por lo que voy a hacer algunas compras de último minuto, ¿quieres venir conmigo?   —No lo creo. — respondió, negando con la cabeza, no deseaba enfrentarse a los ojos chismosos de sus vecinos, no aún. — voy a desempacar mis cosas, te espero acá.   —Muy bien. — él asintió y se retiró del lugar.   No queriendo quedarse sola allí en esa habitación que le traía tantos recuerdos, subió a su dormitorio, pero antes paso frente al dormitorio de sus Padres, por un impulso incontenible abrió la puerta.   Una capa de polvo se levantó por la brisa que hizo la puerta, lo cual la hizo estornudar y toser, suponía que su hermano tenía años sin entrar allí, porque todo estaba inmaculado, ni un solo mueble se encontraba fuera de su lugar, sobre la cama se hallaba el mismo edredón que ella misma extendió años atrás.   Paso con cautela, una estúpida parte de ella tenía miedo de que el fantasma de su Madre apareciera en una esquina y le gritara que abandonara su habitación, pero obviamente no sucedió, camino sin rumbo fijo por el espacio, hasta llegar al buro de su Madre.   Sus artículos personales seguían allí, al igual que sus prendas y joyas, tomo un collar de perlas que había permanecido en la familia de su Padre por generaciones, la tradición dictaba que se la prenda era obsequiada luego de la boda, el novio del Andrews que lo poseyera.   Hacía mucho tiempo de Callaghan le dijo que lo tomara para ella, que no pretendía regalárselo a su esposa, pero detrás del simple objeto, se encontraban demasiadas memorias agridulces.   Esta vez decidido tomarlo, y se lo llevo consigo hasta su habitación, se prometió que antes de retirarse limpiaría el dormitorio de sus Padres, para honrar su memoria. Tomo una ducha porque no quería estar con las mismas fachas madrugadoras, cuando conociera al enigmático hombre que su hermano se empeñaba en ocultar. Se vistió con un sencillo vestido de pliegues, color azul marino, se colocó unas zapatillas blancas, eran satinadas, algo de maquillaje, una coleta y el collar familiar.   Prácticamente su hermano regreso al mismo tiempo que ella estuvo lista, se asomó por su ventana, donde él le grito que tomaría una ducha antes de comenzar a preparar la cena, ella asintió y lo observo perderse dentro de la casa.   Se quedó allí, con los ojos atrapados en la ventana del frente, la de la habitación de Asher, se preguntaba que tanto habría cambiado su casa, o su propia habitación, durante los años transcurridos se enteró de muy pocas cosas de su vida, como por ejemplo que su Padre falleció por un ataque al corazón, fue muy repentino, siempre fue un hombre muy saludable así que nadie lo esperaba.   Asher estaba estudiando ciencias políticas, en la universidad comunitaria del pueblo, cuando todo el asunto estallo, decidido a cuidar de su familia abandono su vida académica, se dedicó a dirigir el negocio familiar, y a velar por su Madre y hermana.   Todo eso lo sabía gracias a Callaghan, quien trabajaba para Asher, que vueltas daba la vida, pensó, pero le pareció irónico, porque el destino de muchas personas del pueblo parecía no dar ni una sola vuelta.   Su hermano mayor estudio repostería y dirigía una pastelería en el centro de la ciudad, la pastelería le pertenecía a la familia Foster, por lo que Asher era su jefe, y ambos eran buenos amigos, dejando el pasado atrás, no estaba segura de poder hacer lo mismo.   Escucho como el rubio dentro de la casa, cerraba el grifo, minutos después bajo las escaleras comenzando a preparar la cena, debió bajar, pero se quedó atrapada en sus pensamientos y en la vista que tenía frente a ella.   Asher Foster… sopeso el nombre en sus labios, sin estar segura de que sensaciones le provocaba, tenían seis años sin hablar, no podía seguir importándole de la misma forma, además hasta donde sabía, él seguía con Valeska Morózov.   La infame la destruye sueños, la zorra… Bueno basta, se dijo a sí misma, según había superado su odio hacia la pobre chica, según era madura y dejaría el pasado detrás, según se olvidó completamente de su antigua vida en los últimos cinco años.   —¡Betty! — grito su hermano desde la planta baja. — necesito tu ayuda aquí, ¿puedes venir por favor?   —Ya voy respondió. — se dio una última mirada en el espejo y se alejó de este, para quitarse esos pensamientos tan melancólicos de la cabeza, y además prepararse para conocer al misterioso hombre de su hermano.
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