Yo volví a sentarme un poco contrariado, pero enseguida se me pasó, en cuanto escuché a la señora mayor que la dijo a la dueña: ―Ahora que ya no tiene prisa podríamos hablar un rato, y de paso contarnos cosas. Yo abrí los ojos y pensé, “¡Pero bueno!, si esto es lo que yo andaba buscando”, y me quedé calladito a ver el tema por dónde salía. La dueña que, como buena pueblerina, y no es por ofender, le gustaba hablar de las cosas de su pueblo, empezó a contar y contar, conocía mucho y todo de primera mano. No esas personas que te dicen que se han enterado, o que les han contado. No, ella lo había visto, lo había vivido, y nos contó tanto, que yo no cabía dentro de mí, de lo contento que estaba, aquí tenía el tema que quería, vivencias de primera mano. ―Pues como no sé qué sabrá usted de t

