Ellos eran bien visibles con sus enormes gabardinas, sería su uniforme, pero claro si se las quitaban yo no les podría reconocer por que pasarían desapercibidos para mí, mientras que ellos sí que me conocían, así que estarían en clara ventaja. Nada, los alrededores estaban vacíos, no había sitio donde se pudieran haber escondido si me hubieran seguido. Más tranquilo pude cruzar y dirigirme a un banco que vi a lo lejos en un pequeño jardín, cuando llegué me senté, de la forma en que uno se sienta después de una gran carrera, dejando el cuerpo caer como si pesara una tonelada. Al fin estaba libre de peligro, casi seguro que no me habían seguido, y ya no me podrían encontrar. Mirando distraído aquella Pirámide que veía a lo lejos, seguí pensando en los secretos que ocultan las cosas, y cómo

