Iba andando despacio, como esperando, pero ¿esperando que?, allí a nadie conocía. Había llegado ayer, y nadie sabía que estaba allí, pues a ningún familiar le había dicho el lugar en concreto en donde me pensaba quedar. Seguro que ellos pensaron que me quedaría en Lisboa y así fue también lo que yo pensé en principio, pero al llegar aquí a Fátima y callejear un poco, para echarle un ojo al lugar, vi ese cartel que decía, “quartos”, y frené el coche, me bajé, tenía que preguntar si había sitio libre para poder pasar la noche. En la puerta del local estaba un hombre allí parado y acercándome a él se lo pregunté. ―Sí, hijo, alguna queda, no se dan tortas por venir, esto solo se llena en alguna fecha señalada, y ahora parece que el tiempo no acompaña mucho ―me contestó y luego se introdujo e

