CAPÍTULO 5. Un ligero dolorcillo en la barriga, me hizo recordar que hacía mucho que no tomaba nada. En ese momento escuché de pronto un ruido y me dije, “¿A qué suena?, es como si subieran una persiana metálica, de esas que tienen algunas tiendas. A ver si tengo suerte y es una cafetería y como algo, lo que sea, a estas alturas me conformo con cualquier cosa, lo mismo me da dulce que salado, pero lo que no puedo es resistir mucho más sin probar bocado ―pensé―. Voy a acabar desmayándome”. Levantándome de las piedras, aquellas en las que había pasado un buen rato, y notando en mis posaderas cierto dolor, producido por la incomodidad del asiento, me dirigí hacia el lugar, donde me pareció que había venido aquel sonido. Iba andando despacio, pues las piernas de la postura que las había ten

