―Claro, no tenéis más remedio ―le dije pensativo―. Uno siempre necesita a alguien. ―Sí, eso es cierto y cuando uno necesita algo, estamos todos allí para echarle una mano ―me contestó―. Y sabemos que nunca nos fallan. ―¿Y os lleváis tan bien como dices, o es que os conformáis? ―le pregunté de nuevo. ―Mira, si viene uno y no está a gusto con algo, pues se va y ya está, pero si se queda es porque se encuentra bien. Eso nos pasa a nosotros, los ratos que estamos juntos lo pasamos bien. Sabes, hemos hecho un club de ajedrez, y eso también nos ha unido mucho ―me estaba diciendo. ―¿Qué? ―le interrumpí―. Yo también sé jugar. ―Pues mira, estamos organizando que venga alguien importante a jugar ―me dijo bajito. ―¿Quien? ―le pregunté con curiosidad. ―Fischer ―me contestó él―. ¿Sabes quién es?

