CONNOR
Salí de la mansión Crane y fui directo hacia un restaurante donde me había informado que un informante estaba ahí esperándome.
Me dijeron que era enemigo de Osvaldo Castillo, así que ahora mismo necesitábamos un informante y un nuevo aliado.
Cuando llegué al restaurante, había un tipo esperándome. Tomé asiento y le ofrecí una mano.
—"Mucho gusto, Connor Tynes".
—"Lo sé, soy Renato Velasco".
—"Muy bien, ¿qué es lo que quieres?".
—"Soy enemigo de los Castillo en España, quiero una alianza con ustedes".
—"¿Por qué creería que no me está mintiendo?".
—"Si estuviera pensando eso, no estaría aquí hablando conmigo".
Tiene razón, lo mandé a investigar y me enteré de que Osvaldo mandó a matar a su familia entera. Lo mismo que hizo con Walter; lo hizo con cada m*****o de su familia. Le mandó la cabeza hasta de su hija pequeña de 3 años.
—"Tienes razón".
—"Mire, Sr. Tynes, no ando con rodeos; quiero hacer una alianza con usted. A cambio, me dará la cabeza de Osvaldo para ponerla como colección en mi casa".
Me gustaba su actitud y sabía que decía la verdad; lleva en guerra con los Castillo alrededor de dos años.
—"Muy bien, haremos negocios con usted".
—"Nosotros".
—"Mi esposa y yo".
—"Así que de verdad está casado con una Crane".
—"La única, y es mi mujer".
—"Muy bien, después de todo, es detrás de ella que andan".
Lo miré bien; sabía demasiada información, pero supuse que también nos investigó. No podía negarlo, yo también hice lo mismo.
—"Estaremos en contacto".
—"Aquí está mi número; me puede avisar cuando estén de acuerdo".
—"¿Y qué gana tú si matamos a Osvaldo?".
—"Sería el rey de España, sin mencionar que mató a toda mi familia".
—"Muy bien".
Él se levantó de la silla y yo me levanté casi unos minutos después. Estaba caminando cuando choqué con alguien.
Estaba a punto de sacar mi pistola y darle un tiro, pero cuando la miré bien, era una mujer.
—"Lo siento mucho".
—"Está bien, no hay problema".
—"No estaba viendo por dónde iba, de verdad lo siento".
—"No hay problema".
Empecé a caminar y ella me tomó del brazo. Me giré rápidamente para mirarla.
—"¿Puede aceptarme un café por disculpa?".
—"No puedo".
—"Vamos, me sentiré mal si no lo hace".
—"Mire, le dije que no puedo".
—"Tienes pareja, ¿verdad?".
—"Más claro, estoy casado".
—"Es solo un café, no creo que sería malo".
—"Muchas gracias, pero no quiero".