Capítulo 27 Los rayos del justo

1136 Palabras

Capítulo 27 Los rayos del justo Mientras que todos en el lugar, ya se encontraban despiertos, en especial el ojo oculto de un animal dentro de un agujero, en un gran árbol del doble de grueso de tres árboles comunes. El ojo parpadeaba y cada vez que lo hacía tenía un color diferente, el pelícano no observaba al hombre y a la mujer, sino el lugar hasta la arena que era tocada por las olas del mar, para percatarse de que la presencia de Dios, no andará en la isla, para luego salir sin impedimento alguno y por medio de una serpiente, hablarles a Dambert y a Darsal. —Bendito sea hoy tu ausencia en esta mañana, que el brillo de tu presencia no derrita mis ojos, y que la arena fría no moleste mi piel —¿Satanás? —habló Dios—, ¿Dónde estás tú? —Me oculto de ti —respondió él como si fuese part

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