Tenía razón. Estaba muy húmeda y excitada. Aquella cercanía, aquel
hombre y sus palabras la tenían cardíaca, pero no dispuesta a caer bajo su
influjo, siseó:
—¿Qué tal si me sueltas para que pueda ir a pasarlo bien?
—¿Quizá otro día?
______ negó con la cabeza y susurró:
—Ni hoy ni nunca. Soy muy selectiva con los hombres a los que
permito meter sus manos entre mis piernas. No me vale cualquiera y tú...
no me vales.
Tom la soltó como si se quemara. Sus palabras no le gustaban.
Apartó las manos de su trasero y ella, guiñándole un ojo, murmuró antes de
marcharse:
—Pásalo bien..., nene.
Sin moverse de su sitio, Tom vio cómo ella se acercaba al grupo que
la esperaba y charlaba con ellos. Él dio un trago a su bebida y maldijo. Era
la primera vez en su vida que una mujer le daba calabazas. Pero eso no era
lo malo. Lo malo era que era la primera vez en su vida que él deseaba con
ansia a una mujer y no la conseguía.
Sin quitarle la vista de encima, observó cómo se encaminaba hacia los
reservados con dos hombres sin mirarlo siquiera. Lo ninguneaba. Eso lo
mosqueó, y pidió otro whisky al camarero. Instantes después, varios
amigos se unieron a él e intentó no pensar en lo que ocurría tras aquellos
cortinajes.
Pero media hora más tarde no pudo más y se encaminó hacia allá.
Rápidamente supo dónde estaba ella. Sonaba la música de Bon Jovi y,
ofuscado, abrió la cortina para observar.
En un jacuzzi redondo, _______ se divertía mientras los hombres que
había elegido le daban placer. Como si le hubieran pegado los pies al suelo,
Tom se quedó allí durante un buen rato, hasta que su mirada y la de ella se
cruzaron y, sin tocarla, sólo con mirarla, sintió que su pene iba a reventar.
Aquella descarada debía de esperarlo, porque no llevaba ninguna
venda y, entre gemidos de placer, clavó sus bonitos ojos negros en él y
sonrió con malicia, mientras era penetrada con entusiasmo por dos
hombres. Tom quiso marcharse de allí, pero no pudo.
Deseaba oírla...
Y se moría por poseerla...
Pero eso era imposible. Al final, ofuscado, se fue del reservado y
decidió montar su propia fiesta. En la sala, dos amigas se animaron
rápidamente a entrar en un reservado con él, y allí disfrutó de otros cuerpos
mientras en la mente sólo la tenía a ella.
Días después, volvieron a coincidir. En esta ocasión, ______ estaba
rodeada por varios hombres en la barra y, sin ningún disimulo, Tom se
acercó hasta ellos para escuchar lo que decían.
Todos querían ser los elegidos por ______.
Todos le regalaban los oídos.
Todos se morían por jugar con ella.
________ cogió a dos de la mano y se los llevó a un reservado, donde poco
después se oyó la voz de Bon Jovi.
En otra ocasión, otra noche, _______ estaba sola en la barra. Los hombres
se le aproximaban, pero ella los echaba de su lado. Tom no se acercó, se
mantuvo a distancia y sus miradas, como siempre, se encontraron. Por
norma, se miraban con desafío, pero esa vez ambos supieron que lo hacían
con deseo.
Dos parejas se acercaron a Tom y se sentaron a su lado. Él los invitó
a una copa mientras, sorprendido, observaba cómo ______ aquella noche no le
quitaba ojo de encima. Eso lo calentó y lo hizo sentirse bien. Por fin había
atraído totalmente su atención.
En un momento dado, sus miradas se volvieron a encontrar y ella
sonrió con sensualidad. Tom le devolvió la sonrisa para después
desaparecer con las parejas en un reservado.
Durante un buen rato, estuvo atento para ver si oía la música heavy,
pero no fue así y le extrañó. Cuando salió del reservado, ella no estaba en
el local. Se había ido.
Una semana después, tras unos días sin verse, volvieron a coincidir en
el local. Esta vez Tom la miró con deseo. No había podido borrar de su
mente cómo ella lo miraba aquel día y con sólo pensarlo se calentaba.
Como era de esperar, ______ al verlo sonrió y el juego de miradas comenzó, y
cuando Tom creyó que ya lo tenía todo ganado, ella se levantó y, tras
guiñarle un ojo a una pareja que tenía delante, desapareció tras los
cortinajes.
Así pasaron dos semanas más.
Muchos jueves y sábados por la noche ambos acudían al local. Tom
nunca estaba solo y ______ pudo comprobar cómo las mujeres revoloteaban
enloquecidas a su alrededor en busca de ser las elegidas. Y aunque al
principio esas actitudes no la molestaban, de pronto, pasados los días,
comenzó a sentir cierta aprensión por ello. ¿Qué le ocurría?
Cada jueves y sábado se miraban, se calentaban, se retaban, para luego
entrar cada uno en un reservado diferente para gozar del sexo. El problema
era que ya ninguno disfrutaba lo que antes deseaba, una vez se cerraba el
cortinaje del reservado, la diversión se acababa.
Pero un sábado, tras controlarse mutuamente durante más de una hora,
cuando Tom, ofuscado, se marchó del brazo de dos mujeres, _____ lo
siguió. Vio que entraba en una de las salas donde había varias camas y un
jacuzzi y que rápidamente comenzaba a jugar.
Decidida, ______ regresó a la sala y, tras elegir a dos hombres, volvió a
entrar donde estaba Tom. Una vez dentro, lo vio entregado al deleite con
aquellas mujeres y decidió hacer lo mismo. Se tumbó en la cama de
enfrente y cuando se aseguró de que la había visto, se entregó al disfrute de
sus dos hombres sin vendarse los ojos.
Tom, al verla, ya no pudo concentrarse en lo que estaba haciendo.
Las mujeres con las que estaba eran deliciosas, tentadoras, ardientes, pero
para sus ojos ya sólo existió ella. Mientras penetraba a una de las mujeres,
que, enloquecida, se movía debajo de él, y la otra le mordisqueaba gustosa
el abdomen esperando su turno, él miraba al frente, donde ______, sentada a
horcajadas sobre un hombre, buscaba su propio placer moviendo las
caderas mientras un segundo la tocaba deseoso de penetrarla.
______ sentía en su propio cuerpo cada acometida de Tom a la mujer.
Tom percibía cada movimiento de _____ con el hombre, y ello lo hacía
jadear.
La tensión s****l no resuelta los estaba matando.
Ambos lo sabían.
Sus miradas lo gritaban.
Sus cuerpos lo demandaban.
Y el morbo del momento fue el que originó que, sin acercarse ni
tocarse, se sintieran el uno en el cuerpo del otro.