12
En la cancha de baloncesto, Tom le hizo un pase a su amigo Bill y
éste encestó justo en el momento en que un sonido estridente anunciaba
que había finalizado el tercer parcial del partido. Judith gritó de felicidad.
—Hola.
Judith miró a su lado y sonrió al ver a ______ sentarse junto a ella.
—¡Qué bien que hayas venido!
—Dora se ha quedado con Sami y me he podido escapar. ¿Cómo van?
—Vamos ganando, 65 a 59 —respondió Judith—. Pero todavía queda
el último parcial y los de Stuttgart son muy buenos.
Ambas sonrieron y comenzaron a charlar.
Bill se sorprendió al ver quién acompañaba a su mujer.
—Vaya..., la cosa se pone interesante —cuchicheó acercándose a su
amigo.
Tom, que en ese instante bebía de una botella que uno de los
asistentes le había pasado, miró hacia donde Bill le indicaba y al ver a ______
allí se echó agua por la cabeza.
—Interesantísima —murmuró.
Las miradas de los dos se cruzaron y Tom, con guasa, le guiñó un
ojo. _______ le susurró a su amiga:
—¿Cómo no me habías dicho que James Bond jugaba a básquet?
—Di por hecho que lo sabías.
—Pues no, no lo sabía. Y si lo llego a saber, te aseguro que no vengo.
Me apetece tener una noche tranquilita.
Judith sonrió sin saber a qué se refería y, acercándose a ella, la calmó:
—La tendrás. Él estará ocupado con la pelirroja que tenemos aquí
delante. Es más, te la voy a presentar.
Judith dio un toquecito a una mujer que estaba delante de ellas,
hablando por el móvil, y, mirándola, dijo:
—Maya, te presento a mi amiga _______ Muñiz.
La pelirroja sonrió sin levantarse de su asiento.
—Encantada, ________.
—Lo mismo digo, Maya.
Cuando ésta continuó hablando por teléfono, Judith comentó:
—Tom no vendrá a la cena. Creo que tiene planes con Maya. Y mi
intención es presentarte a algunos compañeros de Tom, como el número
doce, el dieciocho y el veintiuno. ¿Qué te parecen?
Con curiosidad, _____ miró a los hombres que ella le indicaba y sonrió.
La verdad era que todos ellos estaban muy bien, pero mirando a su amiga,
contestó:
—Si mi abuela te oyera, te diría que eres una alcahueta.
Judith sonrió.
—Mi hermana y mi padre también me lo dirían. Vamos, dime cuál
quieres que te presente.
Paseando sus ojos por los tres, ______ finalmente se decidió:
—El número doce.
Ambas rieron y segundos después, comenzó el cuarto parcial del
partido.
Las jugadas que realizaban cualquiera de los dos equipos eran
maravillosas. Todo un espectáculo y Judith pronto vio que ______ entendía
muchísimo más de baloncesto que ella.
Disfrutando del partido, ______ observó lo buen jugador que era Tom.
Se movía por la cancha con una agilidad que le secaba la boca.
Ella, que lo había visto en acción en otros menesteres, suspiró. Aquel
hombre era un espectáculo andante, tanto vestido con traje como desnudo o
con el equipo de básquet. Sin poder evitarlo, paseó su mirada por sus
fuertes brazos. Los brazos con los que había soñado la noche anterior y que
la volvían loca.
Marcó catorce puntos él solito y ______ aplaudió. Tom realmente era
increíble. Elegante en sus movimientos y asolador cuando atacaba. Y
cuando sonó el estridente timbre del final de la cuarta parte, Judith y
_______, encantadas, aplaudieron y silbaron. El equipo al que apoyaban
había ganado y eso debía celebrarse.
Mientras esperaban en la sala a que los jugadores salieran de las
duchas, ______ se fijó en la pelirroja que esperaba a Tom. Es más, creía
haberla visto en el Sensations. Cuando él salió del vestuario, caminó
directamente hacia la pelirroja y, dándole un beso en la boca, murmuró
algo que sólo ellos pudieron oír y que la hizo sonreír.
Abstraída mientras lo observaba, _______ no se fijó en que un hombre se
ponía a su lado hasta que Judith, llamando su atención, dijo:
—_______, te presento a Damian, el dorsal número doce.
—Buen partido, Damian.
—Gracias, _______ —respondió aquel rubio, encantado.
Centrándose totalmente en el hombre que sonreía ante ella, ______ le dio
dos besos y él, feliz, los aceptó. Hablaron durante un rato, mientras el resto
del equipo terminaba y salía de las duchas, y cuando todos estuvieron, Bill
preguntó:
—¿Dónde os apetece ir a tomar algo?
Tras varios nombres, al final todos decidieron ir a la coctelería de uno
de los del equipo.
Cuando iban hacia allí, ______ vio que Tom, de la mano de la pelirroja,
los seguía.
—Pero ¿no has dicho que James Bond tenía planes? —cuchicheó
acercándose a su amiga.
Judith, al ver lo que ella indicaba, preguntó levantando la voz:
—¿Vienes a la coctelería, Tom?
Éste asintió y, con una sonrisa, respondió:
—Sí. Maya y yo tenemos sed.
_______ suspiró. Le molestaba tener que aguantarlo aquella noche e,
intentando no coincidir en ningún momento con él para que no le hablara,
al llegar al local se sentó lo más lejos que pudo.
Mientras miraba la carta de cócteles, Judith, divertida, comentó:
—Esta coctelería es de Svent y mira —afirmó, señalando con el dedo
—, tiene mi cóctel.
—¿Tu cóctel?
Judith soltó una carcajada y explicó:
—Una noche, Svent hizo un concurso de cócteles entre los asistentes,
ganó el mío y decidió incluirlo en la carta.
Sorprendida, _______ sonrió y, leyendo el nombre del cóctel,
preguntó:
—¿«Pídeme lo que quieras», ése es el nombre de tu cóctel?
Judith, encantada, asintió. Ella y quienes la conocían íntimamente
sabían el porqué de aquel nombre. Acto seguido, dijo:
—Pídelo, te va a encantar.
_______ soltó una carcajada y convino:
—Vale..., pero ¿qué lleva?
Sin querer revelar los ingredientes, Judith contestó:
—Yo lo voy a pedir. Tú pídelo también y luego, cuando lo pruebes,
me dices qué te parece.
Divertida, ______ asintió. Quería probar ese cóctel. Y cuando el
camarero se les acercó, ella lo miró y le informó:
—Nosotras queremos dos «Pídeme lo que quieras».
Judith sonrió...
Bill sonrió...
Y Tom, que la había oído, también... sonrió.
De aquel grupo, sólo ellos tres sabían que Judith llevaba esa frase
tatuada en el pubis, algo que a los tres les había despertado siempre mucho
morbo.
Cuando el camarero dejó la bandeja con varios cócteles, Bill cogió
uno de los que conocía y se lo tendió a su mujer, que, encantada, lo besó.
______ estaba mirándolos cuando Tom cogió el otro cóctel y, con mofa, se lo
tendió a ella, diciendo en un tono bajo:
—Pídeme lo que quieras.
Sin pillar el significado de esas palabras, ______ lo miró, tomó el vaso
que él le entregaba y, con una expresión que hizo reír a los demás, repuso:
—Te pediría que hicieras el pino con una mano, pero creo que te
despeinarías, muñeco.
Tom soltó una carcajada y, sin responder, se acercó a donde estaba
Maya y, besándola en el cuello, comenzó a hablar con ella, intentando
obviar a la mujer que realmente lo tenía abstraído.
_______ bebió un sorbo de su cóctel. Estaba rico. Era refrescante y,
cuando miró a Judith, preguntó:
—Esto lleva Coca-Cola, ¿verdad?
Su amiga rió y, tras dar un trago que le supo a gloria, la retó:
—Ahora adivina qué más.
Ambas rieron y continuaron charlado con afabilidad mientras Tom
las observaba. Sin dejar de hablar con Maya, éste paseó su mirada por el
cuerpo de ______. Aquel pantalón de cuero n***o, a juego con un chaleco
también n***o y las botas de tacón, le quedaba muy, pero que muy bien.
Estaba muy sexy.
Tras varios cócteles, todos decidieron ir a comer algo o acabarían
borrachos como cubas.
En el restaurante, _______ se volvió a sentar lo más alejada que pudo de
Tom. Había reparado en cómo sus miradas se cruzaban en varias
ocasiones en la coctelería y no quería que nadie las malinterpretara. Él, que
también se había percatado de las miradas, sonrió. Se sentó en la otra punta
de la mesa, pero buscó un ángulo desde donde pudiera seguir
contemplando sus movimientos a la perfección.
No sabía qué le ocurría, pero aquella chulita española lo atraía como
un imán, y cuando a media comida ella se levantó y fue al baño, él hizo lo
propio después, con disimulo.
Cuando _______ salió del aseo, la agarró del brazo y, arrinconándola
contra la pared, preguntó:
—¿Irás al Sensations esta noche?
—A ti precisamente no te lo voy a decir.
Tom frunció el cejo y murmuró:
—Nunca he conocido a nadie como tú.
—Y nunca lo harás.
Él sonrió por esa chulería e insistió:
—¿Lo pasas bien con Damian?
Asombrada por la pregunta, ______ suspiró.
—Mira, nene..., ocúpate de tu pelirroja y deja de mirarme. Estoy harta
de tus miraditas y...
—Si sabes que yo te miro —la cortó él— es porque tú también me
miras a mí, ¿o me equivoco?
Boquiabierta por no saber qué contestar a aquello, _______ protestó:
—¿Quieres hacer el favor de soltarme, ¡imbécil!?
Pero Tom no se movió. Se dedicó a observarla con sus ojazos ambarinos,
hasta que ella, nerviosa, siseó:
—Tú y yo no tenemos nada que hacer juntos.
Al oír eso, con una peligrosa mirada, él sonrió y, acercando su boca a
la de ella, murmuró:
—Te equivocas... podríamos hacer muchas cosas.
Y, sin más, la besó. Acercó su boca a la suya, la aplastó y metió la
lengua, dispuesto a disfrutar de lo que llevaba ansiando desde que la había
visto sentada en las gradas de la cancha y en ese instante había ido a
buscar. No obstante un mordisco de ella en el labio lo hizo soltarla.
—¡Serás bruta!
—¿Yoooooooooooooo?
Tocándose el labio, Tom se sorprendió al ver que tenía sangre y,
molesto, le espetó:
—¿Cómo se te ocurre morderme?
Con una sonrisita en los labios, ______ respondió al ver la sangre:
—Tengo una tirita de princesas en el bolso, ¿quieres que te la ponga?
La expresión de él le hizo saber lo enfadado que estaba por aquello.
Eso le gustó y, sin amilanarse, afirmó con chulería:
—Vuelve a besarme y juro que te arranco la lengua. —Y antes de
marcharse, añadió—: Y súbete la cremallera del pantalón..., c*****o.
Sin más, se dio la vuelta y se marchó, dejando a Tom dolorido por el
mordisco. Él no pensaba caer de nuevo en la tontería de la cremallera del
pantalón. Cuando consiguió reponerse, volvió a la mesa donde estaban
todos y uno de sus compañeros gritó:
—Colega..., súbete la cremallera, que el pajarito se escapa.