Al día siguiente, no muy lejos de la casa de Tom, la teniente ________
Parker hablaba con su madre mientras ésta hacia la maleta para regresar a
Asturias.
—Robert me dio recuerdos para ti.
—¿Robert Smith?
—Sí, mamá. Iba a ir a tomar algo con él ayer, pero le adelantaron la
hora de despegue y no pudo ser.
Luján, al pensar en aquel muchacho amigo de su hija de toda la vida,
sonrió.
—Qué majo que es Robert y qué monada es Savannah. Aún recuerdo
su boda, ¡qué bien lo pasamos!
Al recordar aquella boda, un año antes, _____ sonrió y su madre
preguntó:
—¿Consiguieron el traslado a Fort Worth?
—Sí. Y, por cierto, papá les está ayudando mucho con todo el papeleo.
Oír hablar de su marido, a Luján le hizo perder la sonrisa.
—Tu padre, cuando quiere es un amor y cuando no, ¡un ogro! —
cuchicheó.
_______ soltó una carcajada y su madre prosiguió:
—¿Cómo vas con el curso de diseño que estás haciendo por Internet?
—Abandonado, mamá. Apenas tengo tiempo.
Luján suspiró y añadió:
—A Peggy Sue ya le he echado comida. Por cierto, qué asquito me
dan esas ratas.
—Mamá, no es una rata, es el hámster de Sami —rió ______ al recordar
que Robert se la había comprado a la niña.
—No le echéis tanto de comer, está tan ceporra que casi no se puede
mover —insistió Luján mirando aquel bichejo blanco.
_______ miró a Peggy Sue y sonrió. El hámster verdaderamente estaba
muy gordo.
—Vale, mamá. Intentaré controlar a Sami —respondió.
Luján sonrió, pero mirando a su hija, musitó:
—Me voy preocupada por ti, que lo sepas.
—Mamá, no tienes por qué preocuparte.
—¿Cómo no me voy a preocupar, _______? —protestó la mujer—. Eres
igualita que tu padre. El ejército corre por tus venas y ante eso nada puedo
hacer. Pero tienes que pensar en tu hija. Ella te necesita. Necesita una
madre que la cuide y la mime y, sobre todo, ¡que le dure muchos años!
Pero ¿no te das cuenta de que tu trabajo no es compatible con tu vida?
Su madre tenía razón. Por su situación de madre soltera todo era muy complicado. Cada vez que tenía que partir en alguno de sus viajes se las veía y deseaba para dejar
a la pequeña. Aunque con esfuerzo y tesón siempre lo conseguía. En
Múnich, Dora, una vecina de la edad de su madre y sobre todo de total
confianza, se ocupaba de la niña cuando ella hacía viajes cortos, aunque
cuando duraban más de cuatro días, era la propia Luján la que se trasladaba
a Múnich para cuidar a su nieta o _______ se la llevaba a Asturias.
—Escucha, mamá, me gusta lo que hago y...
—Ya sé que te gusta lo que haces. Te repito que eres como tu padre.
Él antepuso el ejército a la familia y mira lo que pasó.
______ resopló y su madre continúo:
—No entiendo cómo tú hermana y tú podéis ser tan diferentes. Ella
nunca ha querido saber nada del ejército, pero tú...
—Mamá, Scarlett es Scarlett y yo soy yo. ¿Cuándo te vas a dar cuenta
de eso?
—Nunca —gritó la mujer, enfadada—. Yo quiero una hija que no
corra peligro. Quiero una hija que sea feliz con una familia. Quiero una
hija que se deje cuidar por un buen marido. ¿Por qué no piensas lo que
digo?
Molesta por la misma cantinela de cada vez que se veían, miró a su
madre y replicó:
—Tú tenías todo eso. Una vida sin peligros, una familia feliz y un
hombre que te cuidaba. Creo que precisamente tú eres la persona menos
indicada para hablar así.
Al oírla, Luján cerró los ojos y, sentándose en la cama, respondió:
—Tienes razón. Yo tenía todo eso. Pero no olvides que también vivía
con la incertidumbre de si tu padre regresaría de sus misiones o no.
También vivía con sus drásticos cambios de humor. También vivía con sus
pesadillas nocturnas cuando regresaba de sus misiones. ¿Quieres que
continúe?
_______ negó con la cabeza. No había sido justa con su madre y,
abrazándola, murmuró:
—Vale, mamá, perdona. Tienes razón y yo no soy nadie para decirte
lo que te he dicho.
—Escucha, ______, sabes que adoro a tu padre. Lo quiero a pesar de que
él me odie por haberme separado. Pero lo que no quiero es que algún día
alguien te odie a ti porque antepongas el ejército a la familia.
—Mamáááá...
—No quiero que tengas pesadillas como él. No quiero que tu vida sea
sólo el ejército. Quiero que tu vida se normalice y puedas ser feliz con un
hombre que...
—No tengo intención de emparejarme con nadie.
—Pero ¿por qué, cariño? Mike era un hombre bueno, pero estoy
segura de que podrás encontrar a otro que te llene por completo el corazón.
Luján no sabía la triste realidad de lo que descubrió sobre Mike e,
intentando que guardara el recuerdo que de él tenía, ______ añadió:
—No necesito un hombre, mamá. Vivo muy bien como lo hago. Yo
soy la dueña de mi vida y no necesito que nadie venga a mangonearme.
—A lo que tú llamas «mangonear», yo lo llamo «querer». ¿No vas a
volver a querer a nadie?
—Ya os quiero a ti, a papá, a Sami, a Scarlett, a la abuela...
Desesperada por la cabezonería de su hija, Luján insistió:
—Sami crecerá.
—Eso espero, mamá. Los pañales son muy caros —se mofó.
—¿Cómo crees que se tomará ella que tú te vayas y la dejes sola?
—Nunca estará sola. Para eso os tengo a vosotros.
—Por supuesto que nos tienes a nosotros, cariño, pero la pequeña te lo
reprochará a ti —siseó Luján mirando a su hija—. Ya ha perdido a su padre
y no puede perderte a ti también.
—Mamáááá...
—¿Has olvidado las cosas que le decías a tu padre cuando eras
pequeña y se marchaba? ¿Crees que Sami no te las dirá a ti?
—Mamáááá...
—¿Has olvidado cómo llorabas cuando se iba o cómo te asustabas
cuando regresaba de alguna misión y tenía aquellas horribles pesadillas?
—Yo no tengo pesadillas, mamá.
—¡Las tendrás!
La joven cerró los ojos. Su madre tenía razón. Había comenzado a
tener pesadillas. Pero nada, excepto su propia hija, la ataba al mundo e,
intentando no pensar en ello, se levantó y murmuró:
—Mira, mamá, de momento quiero seguir con lo que hago. No hay
ningún hombre en mi vida y soy feliz. Tengo lo que necesito y...
—¿Cómo que tienes lo que necesitas?
—Mamááááá...
—Tú necesitas estabilidad emocional, hija. Un hombre que te abrace,
que te quiera, que te mime...
—Paso de todo eso, mamá... Paso... paso.
Luján no se daba por vencida.
—Desde que ocurrió lo de Mike, ¿has vuelto a tener alguna cita? —
insistió.
—No.
—Entonces, ¿cómo puedes tener todo lo que necesitas?
Sin querer desvelar su vida íntima, miró a su madre y musitó:
—Si te refieres a si me he acostado con algún hombre, la respuesta es
sí. Ese terreno lo tengo muy bien cubierto.
Boquiabierta, Luján la miró y susurró:
—Uy... qué sinvergüenza.
Ese comentario hizo que ambas rieran; abrazando a su madre, ______
murmuró:
—Tú tranquila, mamá. Hasta el momento mi vida va bien. Tengo un
trabajo que me gusta, una familia que me cuida, una hija preciosa y un
amplio abanico de hombres que me dan lo que yo necesito, cuando yo
quiero y como yo quiero.
—No quiero escuchar más.
—Pero si has sido tú quien me ha preguntado... —replicó ______.
—_______ Parker Muñiz, he dicho que no quiero escuchar más.
Ella sonrió. Siempre que se enfadaba, su madre decía su nombre y
apellidos al completo.
Luján, horrorizada por lo que su hija insinuaba, cerró la maleta y
añadió:— Tú y yo volveremos a hablar de esto, jovencita. No me hace
ninguna gracia que vayas de flor en flor, como seguro que hace tu padre.
—Mamáááááá...
—Ahora, vamos, llévame al aeropuerto o perderé el avión de regreso a
España.
Media hora después, abuela, hija y nieta se dirigían al aeropuerto. A la
salida, un mimo le regaló a la pequeña una pegatina con una carita
sonriente. ______ sonrió y pensó que aquello era una buena señal. ¡Había que
sonreír más!