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En el concesionario, un enorme tráiler descargaba los coches —
mientras Harry Kaulitz, un alto directivo de Aston Martin, indicaba a los
trabajadores el lugar donde colocar los caros y elegantes vehículos.
Aquel día habían llevado varios de alta gama y los clientes más
adinerados, avisados por él, habían ido a echarles un vistazo. Mientras los
hombres observaban embobados los coches, Harry se deshacía en atenciones
con sus mujeres.
Al igual que su hermano Tom, se las llevaba de calle y raro era que
una fémina no se fijara en él. Pero a diferencia de Tom, tenía los ojos verdes y el
cabello castaño y una cara inocente que nada tenía que ver con lo que era
en realidad.
Gracias a su magnetismo, con apenas veintisiete años era un alto
ejecutivo de la marca Aston Martin y un hombre que viajaba por el mundo.
Cuando la puerta del concesionario se abrió y entró Tom, para Harry ya no
existió nadie más. Adoraba a su hermano y éste lo adoraba a él.
Con una divertida sonrisa, Harry caminó hacia él y lo abrazó, ante la
atenta mirada de varias mujeres, que suspiraron al verlos. Eran dos jóvenes
guapos y triunfadores y su fama de gentlemen los acompañaba. Tras darse
un caluroso abrazo, el menor de los hermanos Kaulitz, dijo:
—Ven, vamos a ver tu coche.
Sin demora, caminaron hasta un lateral del concesionario y cuando
llegaron ante el impresionante coche, Tom silbó y Harry dijo:
—Aquí lo tienes, hermanito. Aston Martin Vanquish Coupé. Máxima
velocidad 295. Aceleración de 0 a 100 en 4,1 segundos. Motor doce
cilindros en V. Culata de aluminio. Inyección. Tracción trasera.
Automático. seis velocidades.
—Mío —afirmó Tom, tocándolo con deleite.
Desde que vio aquel coche en una revista, hacía más de un año, supo
que debía ser suyo y por fin estaba ante él.
Tom sonrió. Le encantaba el gesto de placer de su hermano y,
abriendo una de las dos puertas del vehículo, lo animó:
—Venga, vamos a dar una vuelta.
Tom asintió. Se montó junto a su hermano y sacó el coche del
concesionario. Con sumo cuidado, condujo por las calles de Múnich.
Aquella máquina era impresionante y cuando salieron a la autopista,
simplemente voló.
Una hora después, cuando regresaron al concesionario, Tom lo tenía
aún más claro. Aquel impresionante coche debía ser suyo, y ante las risas
de su hermano, afirmó:
—Lo quiero mañana.
—¡¿Mañana?!
—Sí. Mañana.
—Tom, tengo que arreglar papeles y...
Él miró a Harry con exigencia y, cortándolo, dijo:
—Mañana te dejo mi viejo Aston para llevarme éste. Y ahora mismo
vamos a comenzar a mover los papeles para que yo lo pueda disfrutar. Por
el seguro no te preocupes, llamo a Corina y ella me pasa el del otro Aston a
éste. ¿Con quién más hay que hablar?
Harry sonrió y, mirándolo, respondió:
—Acompáñame. Tendremos que hacer varias llamadas, pero lo
solucionaremos.
Si algo tenían claro los hermanos Kaulitz era que siempre se salían
con la suya.
Esa tarde, ______ paseaba con su hija por una concurrida calle de
Múnich. Hacía frío. En enero siempre hacía un frío siberiano en aquella
ciudad.
En compañía de su pequeña, se paró ante cientos de puestos para
comprarle mil regalos y la cría aplaudió emocionada. Eso hizo reír a _______.
Su hija era su felicidad. Su mejor regalo. Cuando entró en una cafetería
para tomar algo, le sonó el móvil. Al ver que era un número especial,
contestó:
—Teniente Parker al habla.
—Buenas, teniente.
_______ sonrió. Era su buen amigo Fraser y, sentándose en una silla,
preguntó:
—¿Por qué me llamas desde ese número?
—Porque sabía que lo cogerías.
Torciendo el gesto, ella protestó y murmuró:
—Sabes que fuera de la base soy _______, nada de teniente Parker.
—Lo sé..., lo sé...
Ambos rieron y, finalmente, _____ preguntó:
—¿Qué tal todo con la azafata de Air Europa?
—Bien... muy bien. ¿Ya se ha ido tu madre?
—Sí. Anoche la llevé al aeropuerto y ya está en Asturias con la
familia.
—Perfecto.
Un extraño silencio se hizo entre ellos y _______ inquirió:
—¿Qué ocurre, Fraser?
Tras maldecir en un americano muy de Kansas, él dijo:
—¿En serio tu hermana va a regresar a Fort Worth?
______ resopló y contestó:
—Eso parece. Sabes que se fue a España por una temporada tras la
separación de mis padres, pero tarde o temprano Scarlett tiene que rehacer
su vida.
—Tienes razón. —E intentando pensar en otra cosa, le espetó—:
¿Dónde estás?
—Comprando regalos para Sami. Me encanta malcriarla. ¿Y tú?
—Con Monica en su casa.
—¡Guau, eso suena bien!
Fraser sonrió e, intentando olvidarse de la hermana de ella, añadió:
—Sólo te diré que desde ayer no hemos salido de la cama.
—¿Lo pasaste bien entonces?
—Y lo voy a seguir pasando. Sólo te he llamado por si necesitas algo,
pero en cuanto cuelgue, regreso a la cama con Monica. Estoy muy
necesitado.
Ambos rieron y ______ murmuró:
—Regrese a la cama, sargento, olvídese de otras mujeres y disfrute de
su necesidad.
Una vez colgó, miró a su pequeña de ojos negros y dijo:
—El tío Fraser te manda besos, Sami. ¿Quieres merendar?
La cría aplaudió y unos señores que había a su lado sonrieron.
Samantha era una preciosidad de niña, además de simpática, y allá
donde fuera siempre llamaba la atención con su coronita de princesa. Le
gustaba la gente y lo demostraba sonriendo y acercándose a todo el mundo.
A diferencia de su madre, era rubia, pero las dos tenían un rasgo común:
sus ojos negros.
_______ disfrutó de las gracias de su hija y los comentarios de quienes la
rodeaban mientras dibujaba en una servilleta.
Aquella tranquilidad, en aquel lugar, le encantaba. Nada tenía que ver
con la intranquilidad que vivía cuando estaba de misión.
Mientras observaba cómo una señora bromeaba con su pequeña,
sonrió. Pero su sonrisa desapareció cuando recordó las palabras de su
madre al referirse a que Samantha la añoraría cuando creciera. Sabía que
tenía razón. Pero aquél era su trabajo.
Tras pedir un café y unos sándwiches, madre e hija merendaron.
Horas más tarde, cuando regresó a su casa, Dora, la mujer que se
quedaba con Sami cuando ella estaba fuera, pasó para ver cómo estaba la
niña. Tras charlar con ella durante un rato, _______ preguntó:
—Dora, ¿podrías quedarte con Sami unas tres o cuatro horas esta
noche?
La mujer dijo:
—¿Tienes una cita?
Ella asintió. Tras la conversación con Fraser, supo que necesitaba salir
esa noche y, mirándola, respondió:
—Sí. Tengo una cita.