Valentina se levantó con un dolor de cabeza imposible, con ganas de vomitar y todo que le daba vueltas. Se incorporó apenas de la cama cuando vio una pequeña luz que entraba por la r*****a de entre la persiana y abrió lentamente los ojos. Al terminar de abrirlos por alguna razón se dio cuenta que esa no era su cama. Miró hacia abajo y estaba vestida con una camiseta que tampoco era la ropa que tenía la noche anterior.
Por un instante pese al dolor que tenía en el cuerpo y sobre todo en la cabeza, trató de recordar los eventos de la noche pasada pero le resultó completamente imposible. En ese momento un hombre atractivo de unos 30 y pico, aproximadamente un metro 80, pelo rapado castaño oscuro y ojos oscuros también, de nariz perfectamente cincelada , cejas gruesas y pestañas largas, delgado pero con físico marcado especialmente sus bíceps todos tatuados, entró cargando una bandeja de desayuno. Tenía puesta una camiseta blanca cabada sin mangas y un jean ancho colgando de sus caderas.
— Buenos días Valentina , veo que ya te despertaste.—
Valentina busco taparse rápidamente con la frazada y se recogió sobre el respaldar de la cama.
— ¿Usted quién es, qué hago aquí ?— le dijo en tono asustado.
Él apoyó la bandeja sobre la cama y le dijo levantando sus manos en señal de rendición.
— Mira ayer estabas muy borracha... yo te cuide , te pusiste mal y vomitaste. Así que te traje a mi habitación. Tuve que lavarte y darte una de mis camisetas... pero te juro que no te hice absolutamente nada. Ni siquiera dormí en esta cama, te lo aseguro — a Valentina el hombre le pareció sincero pero a la luz de los hechos que la habían conducido hasta Las Vegas estaba empezando a dudar de su propia capacidad para juzgar el carácter de una persona. Por ende, había empezado a dudar un poco de su actual criterio.
Valentina miró por debajo de las frazadas y tenía aún su ropa interior puesta. Él no se la había quitado, ni sentía nada raro por ahí abajo que delatara que entre ellos hubiera pasado algo.
— Disculpa pero tuve que cambiarte y lavarte un poco... porque te habías vomitado toda — le dijo él con un poco de timidez justificándose.
— Te traje algo a ver si puedes desayunar. Es un poco de té y unas tostadas, que es lo que solía preparar mi madre cuando nosotros pasábamos una borrachera ... y también este licuado que tienes aquí , que era su especialidad de batido para pasar la resaca — dijo y le alcanzó un vaso. Después sonrío — ...y mejor no preguntes que tiene. —
Ella tomó el vaso con cautela y lo olfateó . Tenía olor a distintas frutas y verduras , así que tomó un sorbo ...no estaba tan mal.
— ¿ Cómo sabes que me llamo Valentina ? — le preguntó con curiosidad.
Jay podría haber traicionado a su amiga Mía. Pero prefirió decirle una verdad a medias.
— En un momento durante la noche te agarró la peda melancólica y me contaste prácticamente la historia de tu vida. — lo cual era cierto . Incluso había llorado en su hombro antes de vomitarle encima.
Por eso había tenido que lavarla y luego se había dado una ducha él mismo, no sin antes acomodarla en su propia cama cuando ella terminó de vomitar y él de higienizarla.
— Me duele mucho la cabeza — dijo ella llevándose una mano hacia su frente.
— Es por el Tequila... ¡me hiciste acordar!!!
Te traje unas pastillas para la resaca — él sacó un sobre de atrás de su bolsillo y se lo entregó.
Ella lo observó, sacó la pastilla de su envoltorio y la trago junto con el batido.
— Yo soy Jay — le dijo él estirando la mano para estrecharsela.
— Un gusto. Mi nombre es Valentina, cómo ya sabes... gracias por haberme ayudado la noche anterior.— ella tomó su mano y luego la soltó.
En ese momento ambos a escucharon un griterío que provenía de afuera y una Mia enfurecida entró a la habitación.
— ¡Maldita sea Jay, te dije que te prohibía tocar a la chica! — le gritó.
Él otra vez con rostro inocente y alzando sus manos pero esta vez de cara a su amiga Mía le dijo.
— Yo la cuide, no le hice nada.—
— Eso dicen todos los hombres...— acotó Mía resentida.
Luego se acercó hacia la cama para tomar la mano de la joven.
— ¿ Estás bien querida ? ¿O este tipejo te hizo algo ?.— dijo mirándolo con recelo de reojo, Mía.
Valentina sonrío un poco apenada por toda la situación.
— Creo que tiene razón, solo me cuido... lo único que tengo un dolor de cabeza que se me parte.—
— Lo mejor va a ser que te dejemos a solas para que descanses— dijo soltándola y agarrando luego a Jay de un brazo para arrastrarlo fuera de la habitación.
Mia cerró la puerta y sacudió a Jay.
— Yo te tenía como un chico bueno...al final de cuentas eres igual que todos los hombres.— dijo ella con rencor.
— Estás siendo injusta Mía...yo no hice nada. Solamente cuidarla. Aparte tú estás casada con un hombre ¿ acaso no confías en ninguno, ni siquiera en tu marido ? —
— En esa serpiente retorcida es en quién menos confío — dijo ella casi gruñendo. Recordando lo ocurrido la noche anterior.
El muy maldito de Tony cuando ella había llegado a la habitación preocupada por Pat, le aseguró que Patrick estaba bien y en su cuna y cuando ella fue a chequearlo efectivamente su niño estaba dormido perfectamente en su cuna. No mostraba ningún signo de golpe de ningún tipo . Cuándo salió de la habitación del niño, cerrando apenas la puerta encaró a su marido.
— Me dijiste que se había golpeado Tony, me hiciste preocuparme y venir corriendo. Tuve que dejar a Valentina.—
— Fue una falsa alarma — le respondió él con rostro inocente. Maldita serpiente. Después su marido la abrazó por la cintura.
—Te preocupas demasiado querida. Valentina es buena chica, va a estar bien.—
— Estaba poniéndose borracha como una cuba y yo la dejé para venir porque supuestamente ¡Patrick estaba herido!.—
Tony husmeó su cuello.
— Yo me siento herido...tengo una herida muy muy grande que necesita de tus tiernos cuidados...— murmuró él — Aparte si el padre no está bien , el hijo tampoco lo estará —le dijo susurrandole con sensualidad.
— Vamos querida Hace mucho que no estamos juntos y te extraño— le dijo el refregandose contra ella que pudo sentir su dureza través de la ropa.
—Tony estuvimos juntos hoy al mediodía —pues habían hecho un breve break cuando su niño estaba en la guardería y habían estado juntos en la oficina de Tony jugueteando un poco.
— Por eso...es un montón de tiempo — afirmó el y le dió un beso húmedo en el cuello.
Ella gruñó en señal de protesta. Pero él empezó a bajar con sus labios hasta llegar a su pecho.
Le corrió hacia abajo su delgada camiseta de tiras finas junto con su brasier. Mia aún tenía leche que a veces se sacaba para el pequeño Patrick. Que se extraía para él cuando no podía amamantarlo.
El bajo hacia su pecho y tomo uno de estos, después comenzó a succionar y beber la leche como hacía su niño, dándole gran satisfacción, mientras con una de sus manos iba por adentro de su falda hacia llegar a sus bragas para empezar a frotar el mismo centro de su intimidad.
Ella estaba cansada y había tenido un día largo, así que finalmente se dejó llevar por la seducción de su marido.
Las palabras de Jay la trajeron nuevamente a la a la realidad.
— ... te juro que cuando vomitó yo la limpié y la traje aquí a descansar. Ni siquiera dormí en la misma cama.—
— Más te vale — le dijo ella con tono amenazante.
— Pero Mía, si eso te lo juré por mi madre...yo te lo prometí. Aparte nunca haría una cosa así.—
— Mmmmno sé no sé —ella lo miró desconfiada.
— ¿ Alguna vez te dijeron que eres muy desconfiada ?— le dijo Jay cruzándose de brazos un poco molesto.
— Me lo dicen siempre y solo me equivoco el 20% de las ocasiones... Espero que tú seas la excepción y no la regla— le respondió ella cruzandose de brazos también y mirándolo perpicazmente.
Mía se estaba por dar vuelta para dirigirse a la salida. Cuándo recordó algo.
— Y te pido que cuando esté en condiciones, me hagas el favor de acompañarla a su habitación — le dijo para finalizar ahora sí yéndose por dónde había venido.
— Perdón jefe no pude evitar que pasara — le dijo su seguridad personal acercándose y mirándolo con culpabilidad.
Él lo rechazó con la mano.
— No hay problema. Está todo bien tengo, todo bajo control.—
Jay volvió a la habitación para ver cómo estaba la joven.
Valentina se había bebido el batido y estaba con los ojos cerrados, su cabeza apoyada en la almohada. El tomó la bandeja y la colocó en una mesita cercana.
— ¿ Ya se fue? — le preguntó.
— Sí , es que estaba preocupada por ti.—
—Creo que mi hermana le encargó a mi seguridad —
— Sí, por lo que me dijo así fue.— aunque se lo había dicho la noche anterior. Pero ella no tenía porqué saberlo.
— ¿ Ustedes se conocen bien, no? — ella aún tenía los ojos cerrados.
El se sentó a su lado en la cama y como ella hablaba en voz baja, el susurró también.
—Sí la conozco... es la mujer del gerente del hotel. La familia de su esposo es dueña del hotel y multimillonaria y antes de ser su esposa era la relacionista pública aquí... Y de alguna manera nos hicimos amigos.— le explicó
Ella abrió los ojos y lo miro . Y él se percató de lo verdes que eran. De un tono increíblemente claro que nunca había visto jamás en nadie
— Te gustaba...—afirmó ella.
El asintió con la cabeza. Y sonrió al recordar esos tiempos.
— Quise robármela y Tony no me lo perdona todavía —
—Aún así, estás en este hotel.—
— Negocios son negocios — le respondió él.
— Lo entiendo— dijo ella. Hizo una pausa mientras se tomaba del ceño con sus dedos por el dolor de cabeza.
— ¿Podrás conseguirme una bolsa con un poco de hielo?—
—Sí, por supuesto— le contestó Jay levantándose de la cama.
— Ah y Jay...—
—¿ Si ?—
—Muchas gracias —