Claudio Sé que le hice daño y qué está molesta conmigo, así que en este encuentro, voy puntos abajo. Sabía que ella no estaría dispuesta a dejar la vida de lujos que tenía junto a mí, menos ahora que tenemos una hija. La sigo sosteniendo entre mis brazos, y me parece hermosa, es mi hija. Una de las niñeras la toma de mis brazos, se la entrego sin protestar. Subo a la habitación que ocupará Isabela, he tenido que aceptar que duerma en una habitación diferente como parte del trato para que volviera, pues dice que aún necesita tiempo para superar lo que pasó, lo que le hice. Acepté para no tener que hablar de aquello de nuevo o dar explicaciones. Abre la puerta, desvía la mirada y se da la vuelta. —Ya iba a bajar a buscar a la niña —dice con tono seco. La atrapo por las caderas desde

