Claudio. Camino de un lado al otro en el apartamento. No encuentro sosiego, quiero conocer a mi hija, necesito ver a Isabella, tengo que recuperarla como sea, no importa lo que tenga que hacer, a quien tenga que sobornar o secuestrar, quiero a mi mujer y a mi hija conmigo. Ese maldito de Giacomo supo como joderme, me engañó de tal forma que no dude ni un minuto de que su historia fuera cierta, todo porque no soporté los celos de pensarla en sus brazos. Cometí un error, no debí dejarla ir, no debí hacerle lo que le hice, estaba embarazada de mí, esperando a mi bebé. Sacudo la cabeza, la incomodidad se me instala en el cuerpo, siento que no puedo respirar, no estaré en paz hasta tener a Isabella de nuevo bajo mi mismo techo. —¡Claudio! —grita Patricia. Me giro a verla. —¿Qué pasa? —

