La mañana comenzaba con una mezcla de ansiedad y emoción que latía en el aire mientras Amelia se preparaba con esmero. Frente al espejo, se detenía en cada detalle, como si el reflejo pudiera ofrecerle respuestas. Sus dedos recorrieron las perchas del armario, buscando la prenda perfecta, la que transmitiera confianza, pero sin perder su esencia. Finalmente, sus ojos se detuvieron en una blusa blanca de seda, la combinación con unos pantalones negros ajustados creaba el balance perfecto entre formalidad y frescura. Amelia sonrió consigo misma, sintiéndose un poco más segura con cada prenda que elegía. Mientras se vestía, el nerviosismo le recorría las venas como un pulso acelerado, su mente dibujaba imágenes del día que estaba por comenzar: el bullicio de la oficina

