Amelia observaba por la ventana del nuevo departamento que ahora compartía con Carolina en Brickell, una zona vibrante y exclusiva de Miami, donde la revista las había alojado durante sus primeros meses. Allí la mayoría de los residentes eran latinos de diferentes partes de América. Desde su vista en el piso superior, las calles parecían estar siempre llenas de vida, con gente yendo y viniendo en bicicletas o patinetas, parejas charlando animadamente en las terrazas de los cafés y autos que avanzaban con prisa en las avenidas iluminadas. La diferencia con la tranquilidad de Mérida era abrumadora; aquí todo parecía moverse a otro ritmo. — ¿Te das cuenta de que estamos en uno de los lugares más deseados para vivir? —Dijo Carolina emocionada mientras sacaba algu

