Recuerdos de Juventud

3135 Palabras
¿Sabes con quien estás hablando? A pesar de estar riendo, Danilo estaba bastante molesto ¡Soy el premio Nobel de Medicina! No puedo ir a ser algo tan banal como un paramédico de... ¿qué nos pagan tanto por una aparición? Hubo segundos de silencio dentro de esa oficina, antes de que el reconocido médico suspirara. —¿Es la única forma en que logré que se cierre el patrocinio? ¿Es totalmente seguro que seremos la franquicia preferida? Más silencio, el de cabello n***o se movía de un lado a otro con visible molestia ¡Está bien! ¡Está bien! Pero que quede claro, solo iré porque es de prueba, ¡No volveré a presentarme en un lugar así! La llamada terminó, la molestia en la cara de Danilo era casi tan visible como que el sol sale todas las mañanas. Solo tenía una cosa clara, el idiota que prometió su imagen por cerrar un patrocinio de la Formula 1, no iba a volver a pisar un hospital de prestigio en su vida. —¡Andrea! Más que un grito, Danilo parecía que estaba rugiendo ¡Andrea! ¡Ven aquí en este momento! La susodicha bajo a toda velocidad las escaleras, visiblemente asustada. Su marido había llegado antes a la casa, cosa que nunca pasaba. Ella, desmaquillada, con lo que perfectamente podría ser una ropa de pijama, sabía que vendría un fuerte regaño de su parte. Y más aún, porque sabía que Danilo estaba furioso. —Danilo, cariño, llegaste...Intento aparentar que nada pasaba, incluso intentando acercarse a besarlo, pero Danilo la apartó con tanta brusquedad que perfectamente podría ser interpretado como un empujón. —¿Qué es lo que haces? ¿Qué estás haciendo vestida así? A pesar del reclamo, las preocupaciones de Danilo parecían estar en otro lado, cosa que Andrea agradeció -Dile a Natalia que traiga algo de comer y me sirva, arréglate y acompáñame, Andrea asintió repetidamente y salió corriendo a toda velocidad, en busca de la empleada de servicio. No pasó mucho tiempo antes de que la comida fuera servida. Andrea ya estaba maquillada y había cambiado sus ropas. Comía en silencio y lentamente, con miedo de incluso levantar la mirada. —Es raro que llegues tan temprano del trabajo. -Después de un par de minutos, tomó el valor de hablar con él. Incluso aunque estuviera al borde de recibir más gritos. —Sí, tengo cosas que planificar y no puedo hacerlo en el hospital. Trabajo administrativo, moví parte de mis cirugías, le respondió, cosa que extraño a la mujer, sus palabras siempre solían ser ignoradas cuando preguntaba por algo. —¿Y eso? Viendo que hoy estaba teniendo buena suerte, se animó a seguir preguntando. —No hagas nada para dentro de una semana, tenemos un evento, fue lo que respondió -Voy a cerrar un importante contrato con la Fórmula 1...Los ojos de Andrea se iluminaron. —¿La Fórmula 1? ¿Es la competición de autos? Lo interrumpió, cosa que irritó a Danilo; si las miradas matarán, Andrea ya estaría muerta. —Si... Esa misma -Contestó lentamente, Andrea se sentó al caer en lo que había hecho, aunque me sorprende tu emoción, nunca te han interesado los deportes. —Lo siento, apenas alcanzó a musitar, volviendo a bajar la cabeza avergonzada. —El punto es que te necesito ahí, me acompañaras. Es solo una sesión de entrenamiento, no debería ser nada importante. Llevarás ropa informal, porque estaremos en una zona sucia, no quiero ridículos — Andrea apenas hizo un pequeño movimiento con la cabeza, pero lo suficiente como para que Danilo supiera que todo estaba bien -Me voy a trabajar a mi oficina. No quiero que nadie me moleste. A pesar de lo que Danilo le había dicho, Andrea no pudo evitar estar emocionada por ir a aquel dichoso evento. En los últimos años, eran contadas las ocasiones en donde Danilo la había invitado a salir a cualquier evento importante. Que estuviera ahí era como salir de un encierro en el que vivía día con día. Era en esos pequeños e insignificantes momentos dónde Andrea se volvía a sentir una jovencita. Como una niña pequeña descubriendo un mundo nuevo. La pista de carreras era inmensa, era intimidante. Pero apenas pudo disfrutarla. Danilo parecía estar obsesionado con que Andrea no se fuera más lejos de cinco pasos atrás de él. Y al ver que Danilo estaba muy ocupado charlando con los que debían ser los patrocinadores, Andrea dejó de admirar el lugar. —Andrea -La voz de su esposo la sacó de sus ensoñaciones -Está es solo una carrera de prueba, no habrá mucha gente, pero están las televisoras. Este hombre de aquí y le señaló a lo que parecía ser un empleado del lugar -Te llevará a la zona VIP, yo me quedaré aquí abajo en los pits. —¿Los pits? Preguntó, extrañada. —Sí, ¿no te interesa saber qué es? Pudo escuchar ligeras risas de los hombres que acompañaban a Danilo, seguro sonó como una estúpida por no conocer la palabra -Solo sigue al hombre y quédate ahí. Yo iré una vez que termine todo. Andrea asintió, sin decir nada más. Se despidió amablemente de aquellos hombres y se fue, un tanto decepcionada, le hubiera gustado ver la carrera desde más abajo, pero sabía que no era su lugar. No pasó mucho tiempo antes de que empezara la carrera, o, aunque sea, el entrenamiento de esta. Andrea estaba recargada desde una barandilla de la zona, suspirando. El aburrimiento empezaba a aparecer, si tan solo tuviera alguien con quien hablar... Entonces los vio. Los autos empezaban a salir a la pista. Lentamente se acomodaban de uno en uno. —La carrera está por comenzar, madame—El mismo empleado que la había acompañado apareció ¿Gusta que le traiga algo de tomar? —Una copa de vino, por favor Respondió sin dudar, él empleado asintió y se fue, volviéndola a dejar sola. No pasó mucho tiempo, sin embargo, en unos minutos, ya había regresado, con la copa en mano. —Disculpe, pero, si no es mucha molestia, ¿Sería tan amable de acompañarme? Desconozco de automóviles y sería de gran placer para mí que me guiara. Aquel hombre sonrió, asintiendo. —Siempre estaré gustoso de acompañar a una bella dama como usted Aquel halago ruborizó a Andrea, hacía mucho que nadie le decía algo así. Las siguiente hora y media fue la más amena que Andrea había tenido en mucho tiempo, aquel chico era bastante amable y había tenido mucha paciencia para enseñarle cada parte de carrera. Quienes participaban, y funciones técnicas de los carros. —Entonces, ¿No es tanto por talento? Por lo que veo, gana el que tiene el mejor carro Andrea preguntaba interesada, dándole un sorbo a lo que era ya su cuarta copa de vino. —La mayoría de veces—Contestó sirviéndose un poco de vino, ya había traído una botella entera, y como gesto de agradecimiento por parte de Andrea, le había invitado a tomar a su lado — Pero siempre hay excepciones... ¿Ve ese carro blanco de ahí? Andrea se inclinó un poco más en la barandilla, el carro estaba pasando justo en ese momento Es una marca humilde, nunca han ganado nada. Su carro ha sido uno de los peores que han hecho. Pero tienen una joven promesa, una revelación. No se puede decir que ha ganado algo, pero ha juntado cinco podios esta temporada, su compañero ni siquiera puede pasar del último lugar. —¿Ah sí? Andrea parecía interesada, en un mundo en donde parecía que el poder económico y las máquinas dominaban, el talento siempre salía a relucir. El hombre se le acercó, poniéndose al lado de ella en la barandilla -Así es, es toda una promesa mundial de las carreras de autos. Todos sabemos que es cuestión de un año o dos, antes de que él saltó a un verdadero grande. Por qué, además, es demasiado joven, la mayoría de las estrellas debutantes siempre saltan a la máxima categoría un año o dos más grandes que esa estrella. Parecían los dos muy embelesados en la carrera, tomando juntos, que cuando ocurrió el choque, fue imposible que la copa de Andrea no cayera y ensuciara la blusa que había llevado aquel día. Aquel carro blanco, del que estaban hablando apenas unos segundos antes, parecía haber perdido el control al luchar por superar a su contrincante, estrellándose contra una de las paredes de la pista. —¿Qué ha pasado? Andrea parecía preocupada, el golpe parecía haber sido extremadamente duro. —Un accidente, parece que ambos carros se chocaron rápidamente, se vio como lanzaban la bandera roja, y Andrea vio que Danilo salía de los famosos pits, a socorrer al corredor. —Tengo que bajar, fue lo primero que pensó y dijo, a pesar de que se sintió mareada cuando se levantó tan bruscamente. —espere! El chico también se levantó—Le acompañó, se puede lastimar. Cuando ambos estuvieron abajo, vieron el desastre que era, al parecer el corredor había quedado inconsciente, y necesitaba ser llevado al hospital. —¡Danilo! ¡Danilo! — Andrea intentó llamar la atención de su marido, que parecía estar atendiendo al corredor ¿Qué ha pasado? —iVete de aquí Andrea! -Danilo la empujó lejos de su vista. Siendo agarrada por el empleado que la había acompañado para evitar caerse este chico está inconsciente ¡Solo me distraes! A pesar de todo, Andrea podía jurar haber visto los ojos del chico viéndola fijamente, pero fuera un momento tan rápido como el viento, que no alcanzó a ver ni el color de los ojos. —Va... Vamos al hospital, está muy estresado, no debí incomodarlo, lo esperaré allá El chico asintió, ayudándola a caminar hasta su carro. Sin embargo, el chófer se había ido. —No se tiene que preocupar, en serio, yo puedo conducir intentó explicarse Andrea, siendo ella quien tenía las llaves. Pero el empleado se negó, no estaría en paz hasta que viera a Andrea sana y salva. Cuando llegó al hospital, parecía que la situación se había calmado. Porque, cuando Danilo alcanzó a ver a lo lejos, como Andrea iba llegando al hospital, de la mano de un desconocido, riendo y sonriendo, olvidó por completo al paciente que estaba atendiendo. —¿qué estás haciendo al lado de él!? Danilo llegó corriendo al estacionamiento, al punto en que Andrea se soltó de la mano del empleado con un brinco. —Danilo, ¡Danilo, mi amor! Calma, vine a saber qué es lo que pasó, Andrea intentó acercarse, pero éste la apartó, analizándola, tomándola con fuerza. Excesiva fuerza. —¿Qué es esto? Señalo la mancha roja que marcaba toda su blusa ¿Es vino acaso? ¡¿Estuviste bebiendo con este hombre!? ¿Estás borracha? Las preguntas empezaron a atosigar a Andrea, quien estaba aterrada. —Calma Danilo, Estaba conteniendo las ganas de no llorar Él es solo un empleado, un amigo, tenía una copa de vino en mi mano cuando ocurrió el accidente y del susto la dejé caer, no hicimos nada malo... —Señor, si me permite explicar...El empleado intentó explicarse, reaccionando por fin. —Callese y váyase ¡Ahora mismo! Los gritos de Danilo solo lograron asustar al joven, que dejó las llaves en la capota del coche, antes de irse a toda velocidad. —¿Te imaginas la imagen que hubieras dado si llegabas de la mano y riendo al lado de ese sujeto? Danilo regresó con Andrea ¿Te imaginas cuántas cosas tendría que explicar? ¿Cómo podría explicar que mi esposa llegó al lado de otro hombre, tomada y la ropa hecha un desastre? —Pero Danilo, yo no estoy bebida... —¡Eso no importa! Eres una tonta ¡Por eso es que no te llevo a ningún evento ya! Vete de aquí Andrea ¡Vete de una vez! Pasaron un par de horas hasta que Andrea tuvo el valor de regresar al hospital. Se había cambiado y arreglado nuevamente. Tal vez Danilo tenía razón. Tal vez se había excedido con las copas que había tomado, había sido una imprudencia de su parte regresar manejando a casa en ese estado. Danilo tenía razón, era ridículo cómo iba vestida, solo hubiera dado mala imagen en frente de los trabajadores de Danilo. Los rumores hubieran aparecido cuando ella hubiera llegado hablando con un desconocido. Ella era la culpable de todo. Si realmente había regresado al hospital, era solamente para pedirle disculpas a Danilo. Sabía que, a raíz de ese día, Danilo llegaría muy tarde a casa, si es que llegaba. Y ella necesitaba disculparse. Entró al hospital, con las miradas expectantes de todos. Todos dentro de ese hospital la conocían. Algunos la respetaban, ¡para otros era la mujer más misteriosa del mundo. Pero todos sin excepción tenían algo claro. Que ella estuviera ahí era una señal de peligro. Porque no había una sola persona dentro del hospital, que no supiera que el doctor Danilo tenía dos mujeres. Nadie supo darle razones del mismo. Nadie sabía dónde estaba. Parecía que Danilo se escabullía entre los pasillos y se volvía un fantasma. —No pasa nada, lo esperaré en su oficina entonces. Mencionó después de que la recepcionista tampoco supiera del paradero de su marido, la señora asintió y la dejó pasar. La oficina de Danilo quedaba poco delante del camino entre el área pediátrica y la zona designada para pacientes de lujo del hospital. Hubo una época en la que a Andrea le había parecido muy hermosa la ubicación que el mismo Danilo había elegido. Pero ahora no podía decir si era tristeza o nostalgia. Sin embargo, mientras cruzaba aquel pasillo, vio algo que llamó su atención. ¿Es que acaso sus ojos la estaban engañando? Un hermoso violín, acomodado en una cama individual. Los recuerdos de su infancia y adolescencia llegaron muy fuerte a su mente. Vio entonces a una niña entrar al cuarto, la niña cargaba muletas, y su expresión era sombría. No parecía ser mayor a los trece años, era bastante linda. Entonces se dió cuenta, que esa chica tenía la mitad de su cuerpo quemado. Con algo de esfuerzo, aquella joven se logró sentar en la cama, y tomar el violín. Sintiendo cada una de sus cuerdas, antes de ponerse a llorar. No podía levantarlo. De alguna manera, aquel pequeño instante, dónde enseñó a una niña a acomodar un violín, a acomodar su mano con delicadeza y amor. Había sido el momento más satisfactorio en más de cinco años. La nostalgia de ese momento, la felicidad que le daba enseñar sus talentos a un pequeño... ¿Por qué la vida le había privado de tener hijos? —Señora...—La voz de la chica la sacó de sus recuerdos, parecía estarle hablando desde hace tiempo. —¿Eh? Lo siento mucho, estaba en mis pensamientos, la chica solo le sonrió. —Parece que sabe tocar el violín, ¿Acaso lo práctico? Aquella pregunta sorprendió a Andrea. Incluso le dió un poco de risa, nadie que la conociera podía decir eso. —Cuando era joven y bella Respondió, -Me gustaba mucho tocar el violín y pintar. Soñaba con ser una gran violinista... Pero entonces me casé y ese sueño pasó a ser eso, un sueño. Y luego envejecí. —A mí me sigue pareciendo joven y bella Andrea se sonrojó ante el halago. Con algo de esfuerzo, la chica logró estirar el brazo, extendiendo el violín -Aún no puedo tocar, ¿Podría hacerlo para mí? Por un instante, Andrea quedó en shock. Hacía más de una década que nadie le pedía tocar. Incluso sintió miedo ¿Sería que había perdido el toque? Sin embargo, y después de reaccionar, asintió con la cabeza y tomó el violín. El tacto con el frio de la madera era electrizante, sentía una fuerza que pensó que ya no existía. Se acomodó y tras un largo suspiro, Andrea empezó a tocar. Tocar como hace años no lo hacía, sentir la melodía con el corazón, sentirse una con el violín, mientras movía los dedos rápidamente por las cuerdas, mientras sentía que la música fluía y envolvía a todos. La pequeña niña quedó impactada, no había esperado que aquella mujer que la había ayudado fuera una experta, que tuviera tal habilidad. Y por lo visto, la gente a su alrededor, también estaba admirada. Más niños, de otros cuartos, estaban enamorados de aquella música. Los médicos estaban sorprendidos, muy pocos sabían acerca de las habilidades de la señora Andrea. Incluso, la melodía llegaba más lejos que el área pediátrica. En un cuarto especial, en un pasillo adelante, un joven de cabello rubio y corto, que hasta hacía unos minutos estaba muriendo en aburrimiento, había quedado sorprendido de aquella música. ¿De dónde venía? ¿Quién podía tener esa habilidad? Poco le importó que estuviera en observación, o que fuera tal vez el paciente más importante dentro del hospital. Aquel joven de veinte años necesitaba saber quién producía tal melodía. Camino por el pasillo. Siguiendo el sonido, acercándose con relativa rapidez. —¡Andrea! Aquella voz, calmada pero tenebrosa, hizo que la música dejara de tocar. Incluso los niños que estaban alrededor brincaron y se fueron a toda velocidad. Los médicos, asustados de ver a su jefe, regresaron a trabajar. —Danilo...El miedo en los ojos se hizo presente, sabía que lo había arruinado. Vine a pedirte disculpas, no quería... —Está bien -El hombre parecía querer mantener las apariencias, -Solo no molestes a los pacientes. —¡ella no me estaba molestando! De hecho...La chica del violín intentó defender a su nueva amiga, pero Danilo le mandó callar. —No, no, el doctor Danilo tiene razón, lamento haberte molestado. Además, creo que estoy un poco fuera de práctica Andrea inclinó ligeramente la cabeza, pidiendo perdón. —¿Me acompañas, Andrea? Danilo la tomó del brazo con fuerza, sacándola lentamente del cuarto ¿Qué te he dicho de tocar? —Lo siento cariño, la chica estaba un poco triste y una cosa llevó a la otra... —¡eso no me importa! No soporto el sonido de la música ¡Y menos en mi trabajo! Distraes a mis empleados y molestas a mis pacientes. ¡Déjalo de una vez! No quiero verte otra vez con un instrumento en mano. Andrea quería llorar. La felicidad de hacer lo que tanto amaba se había esfumado tan rápido como llegó. —Vete a la casa Andrea, no tienes nada que hacer aquí. Estoy atrasado y tengo pacientes que tratar, no llegaré temprano a la casa. Poco sabía el veterano doctor que, a lo lejos, en el pasillo, una persona había escuchado todo, y había quedado embelesado ante la misteriosa mujer con un talento nato para la música.
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