La Fatídica Noche

2786 Palabras
No podía negarlo. Había sido una lástima total, que justo el día donde anunciaron su premio nobel, hubiera estado afuera de su hospital, ¿Podía quejarse? Pero por supuesto que no, el día anterior había sido muy... "Divertido", si había una forma de decirlo. Y había celebrado Su anterior lo extremo. Había peleado por muchos años esa investigación. Años seguidos ganando todos los premios que un médico podía ambicionar, rompiendo los paradigmas de la medicina desde que se había graduado de la universidad -Y desde que estaba en ella también- siendo un joven prodigio, para ahora ser todo un veterano, y de los más respetados en todo el mundo. Si no fuera porque tenía que guardar las apariencias con la tonta de su mujer, entonces seguramente, seguiría con el buen humor que había tenido apenas unas horas atrás. Lo podía presentar, la tierra se lo estaba diciendo. El mundo se estaba muriendo por él. Así que, antes de entrar, se dio una última vista por el espejo de su Porsche, para confirmar que su cabello estaba perfectamente arreglado para las fotos y aplausos. Frunció el ceño, cada vez era más notorio que empezaba a tener canas. Aunque sea, en los nacimientos de su cabello. Pero rápidamente, ese enojo pasó a ser una sonrisa. Seguía siendo extremadamente atractivo, incluso aunque su cabello se viera tiñendo de gris. Salió del carro y se dirigió a la entrada de su hospital. El primero de toda una larga franquicia de hospitales que tenía por todo el país. Y el más importante, evidentemente. Abrió la puerta, y una horda de aplausos invadió el lugar. Todo desde el más acérrimo respeto y admiración. Era el momento recibir lo que había extrañado el día anterior. El reconocimiento y alabanza de todos sus trabajadores. Porque en aquella sala, estaba todo su personal. Desde los practicantes hasta las enfermeras, desde los paramédicos hasta los médicos generales, de los especialistas a los veteranos en cirugías. Incluso había venido toda su junta directiva, solo para aplaudirle. Los propios pacientes que estaban ahí le aplaudían, todos se enorgullecían con el cumplido de él. -Gracias amigos, gracias a todos los que se molestaron por venir en este momento especial para mí. Nada de esta nominación, podría haber sucedido sin todos ustedes- Más aplausos, aplausos que Danilo recibió a gustoso. Cada uno se sintió verdaderamente importante dentro de los logros de su jefe - Este Nobel, por mucho que la estatuilla se vaya a quedar en mi casa, es de todos ustedes- Los aplausos eran ensordecedores, al punto en que Danilo tuvo que pararlos y mandar a todos a trabajar. No quería desgracias por vanagloriarse... Por mucho que quisiera seguirlo haciendo. Al final, los únicos que no regresaron a trabajar fueron su junta y alguien más. Alguien con quien había estado todo el día anterior. - ¡Felicidades Danilo! Sabía que lo lograrías- Su compañero de trabajo, Andrew Smith le saludó con un abrazo que Danilo correspondió. Como le hacía falta que alguien le diera un abrazo para felicitarlo. -Evidentemente, el proyecto de Darién era el mejor, un trabajo de una vida. Un desarrollo neuronal nunca antes visto, que pocos médicos estarían dispuestos a desarrollar- Un m*****o de la junta directiva, Damián Montenegro, habló- No había un trabajo que pudiera compararlo. Todo lo que no hubiera sido dártelo sería un escándalo -Y le guiño el ojo. -Por supuesto, seguro que ya tenías a todos los periodistas del gremio en el teléfono en caso de que todo saliera mal- Damián sonrió con malicia. Entre las miradas de sus hermanos, Diego y Mauricio. -No me puedes decir que tu no tenías tu plan B en caso de que todo saliera mal. Ibas a meter presión para una revisión, así tenían que ir hasta el fin del mundo- Darién le sonrió, tampoco estaba diciendo ninguna mentira. -Lo que importa, es que él ganó el premio. Y ahora, como no podría ser de otra forma, están todos invitados a una fiesta- Las sonrisas de sus amigos se iluminaron- Una fiesta tranquila y de clase, privada, solo entre los más cercanos, pueden traer a sus mujeres si quieren. - ¿Para qué? ¿Para qué tu mujer las ahuyente? - Varios de los amigos de Danilo rieron- Perdona que te lo diga amigo, pero tu mujer no es del agrado de nadie... Eso demasiado... -Sería- Completo la frase Diego -Vive en su mundo, y ese mundo a veces es demasiado extravagante para todos nosotros, y en especial para nuestras mujeres. -Mi mujer se la vive detestando, cree que todo lo que Andrea hace es para demostrar que es mejor que todas las demás. Simplemente, tiene ese aire de superioridad -Habló otro de sus compañeros, pero Darién parecía más irritado que otra cosa. - ¿y quien soporta a alguien cómo Andrea? -Terminó por decir, tocándose la sien- Maldigo todas las mañanas el día en que decidió casarme con ella, ¿Porque tuve que decir que si en el altar? – Sus amigos soltaron una carcajada que se oía en todo el pasillo. - Aun así, por favor, traigan a sus mujeres, a quien ustedes gusten, yo me encargaré de mantener en raya a Andrea. -Pero bueno Danilo, piensa positivo, si quiere, siempre vas a tener a alguien que te sacará de esa prisión a la que dices llamar casa, ya esa carcelera que haces llamar esposa... -Y hablando de la reina de roma. - Justo en ese momento, mientras los cinco amigos hablaron, apareció la razón por la que Darién no había enloquecido en los últimos tres años. Luciana Herrera. Todos los amigos se compartieron miradas, antes de dejar a ambos solos. -Doctor Danilo, escuche que recibió una grata bienvenida a su retorno al trabajo, muchas felicitaciones por el premio Nobel- Luciana se le adelantó lentamente, y Danilo la tomó de la cintura. -Pero que enfermera tan cotilla, parece al tanto de todo lo que sucede en el mundo de la medicina... -Me gusta mantenerme al tanto de los últimos avances de la medicina. Y eso lo incluye a usted y su investigación-Respondió. -En serio? Por qué en ese caso, necesito hablarle de ciertos temas relacionados a mi investigación, ¿sería tan amable de ir a mi oficina para discutirlos? -Sonrió, brindo un fugaz beso. Luciana Herrera era la razón por la que Danilo sonreía. Era la amante que tanto atesoraba desde hacía tres años. Luciana era todo lo que Andrea no había sido, no era, y nunca seria. – ¿Te la pasaste bien el día de ayer? - Danilo le preguntó mientras le daba un beso en su hombro, mucho más apasionado que el que le había dado en el pasillo. - ¿Y cómo no hacerlo? Tu casa de campo es espectacular- El sentir los labios de Danilo sobre su cuerpo. hacia estremecer a Luciana- Es un lindo lugar para vivir ver crecer a niños o así- Intentó alivianar el ambiente, no tienen que perder el control en ese hospital. ¡Sin embargo, la palabra “niños” iluminaba los ojos de Danilo! -Me alegra que te gustara- Al fin la soltó, antes de quitarse la bata de laboratorio y sentarte en un sofá de la oficina-Tal vez nos vayamos a vivir ahí algún día. Aquellas palabras no pudieron ilusionar más a Luciana -Me hubiera gustado quedarme en la noche, debe ser hermoso - Reflexionó - Hace mucho no tenemos un día juntos completo- La mente de Luciana comenzó a divagar. -Humm, creo que es cierto... - ¿Qué tal si salimos hoy? -Mencionó emocionada-Puedo cambiar mi turno nocturno y tú no tienes ninguna cirugía... -No puedo, cabeza de bombón, hay una fiesta- Luciana se puso seria- Por mi premio Nobel, alguna gente importante y los de la junta. Nada del otro mundo- La intentó tranquilizar, pero Luciana siguió tan seria como antes. -Quiero ir-Reclamó- Quiero estar ahí. Danilo sonrió-Es en mi casa, no puedes ir, sabes quién estará ahí. -Era curioso, casi nunca mencionaba a Andrea por su nombre. -Soy tu jefa de enfermeras, además, fui tu mano derecha todo el tiempo en la investigación, merezco estar ahí más que el mismo Damián – Luciana hizo un puchero, y Danilo rió, sin embargo, se puso a pensar. Tal vez, era el momento en el que Andrea supiera su lugar. Y no había una mejor manera de mantener a raya a su mujer, que haciendo que ésta se sintiera humillada. **************************************** -Señora, se ve muy bien con ese vestido ¿Es nuevo verdad? - Natalia elogió el atuendo de Andrea mientras le ayudaba a terminar de arreglarse el cabello. Andrea le asintió en señal de agradecimiento. -Sí, lo compre justo el día de ayer-Respondió, poniéndose el último arete. Había pasado casi la mitad de la tarde en arreglar y preparar la casa. Se había encargado de contratar todo un equipo de catering, otro que cocinara los platillos más elegantes, y todos sus empleados la ayudaron a mejorar el diseño de la casa, todo estaba perfectamente listo. -Es hermoso, estoy seguro que el señor Danilo le va a encantar-Sonrió. Inmediatamente, escuchó la puerta abrirse, Danilo había llegado. -Danilo, mi amor! - Andrea salió apresurada a recibirlo, bajando con elegancia en sus tacones a darle un beso a su marido, que, a pesar de apartarla rápidamente, lo recibió. -Andrea- Le respondió con calma- Veo que ya está todo listo- Andrea asintió, gustosa de que Danilo notara su trabajo. Ambos caminaron lentamente por toda la casa, hasta llegar a su habitación. -Así es, llame a su servicio de catering que tanto te gusta ya los chefs del mejor restaurante de la ciudad. Estarán aquí en cualquier minuto, ya todo está limpio y arreglado- Darién asintió, sin embargo, se puso bastante serio. -Tenemos que hablar- Andrea sintió su presión caer y empalideció, ¿Qué había hecho mal?- Quiero una fiesta perfecta, ¿Entendiste?- Andrea se sintió aliviada. -Claro que sí, marido mío, así es como será... -Y eso te incluye a ti- El malestar de Andrea volvió - Va a venir gente muy importante, la junta directiva del hospital..."Damian y sus amigos" - Y muchos de mis compañeros de trabajo. Además de sus esposas- Ahí estaba la razón de los reclamos de Danilo. Las esposas de los amigos de su marido nunca habían sido de su agrado. Por más que intentó ser amable con ellas, pareció que el peso de que había sido ella quien se quedó con el mejor hombre y más guapo de la preparatoria, siendo de una familia menos reconocida, había calado en su alma- Quiero que seas amable con ellas, cortes, que les ofrecen todo lo que quieren, y si pueden evitarlas mejor. ¡Pero Danilo! - Intentó reclamar, pero fue en vano- Soy tu esposa, me merezco el lugar que... pero nada Andrea- La respuesta de Danilo fue cortante-Quiero que te quedes callada, no me molestes, atiendas a los invitados, y seas la linda esposa tranquila. ¿Entendido? - Andrea asintió -Perfecto, me voy a arreglar, deberías hacer lo mismo. Andrea no podía dejar de pensar que, en esos momentos, Danilo le daba bastante miedo. A pesar de su malestar, y quejas constantes, Andrea cumplió con lo que Danilo le había pedido. Se dio unos ligeros retoques, y se dedicó a atender a los invitados. Al punto en que había perdido la cuenta de cuantos falsos elogios había recibido dentro de un corto tiempo. Todos eran lo mismo: "Hermoso vestido Andrea", "Que elegante peinado", "Tan hermosa como siempre, No es así Andrea". Ni un gracias a sus atenciones había recibido. Pero no les había dicho nada, y eso también aparecieron todas las horribles palabras que estaban diciendo enfrente de ella. - Pero Karolina, mi vida, se un poco más. discreta-Diamante le murmuró esa última palabra a su esposa- Nos pueden escuchar. -Tampoco es como que eso me molestara- Diego - ¿ya la viste? Parece más una sirvienta que su esposa. Pero Andrea tenía que quedarse callada. Todo debía legar a su tiempo. Después de casi dos horas de estas ofreciendo pastelillos, pláticas cortas, sonreír y recibir invitados, la mujer de cabello aqua estaba agotada. Pensando que nadie más la molestaría, había decidido ausentarse de sus funciones por apenas cinco minutos, para sentarse y relajarse. Su cabeza le dolía y los pies la mataban. ¡Cómo extrañaba los tiempos en donde disfrutaba de las fiestas de sociedad... iLuciana! Pensé que al final no vendrías- Esa frase, esa simple frase que vino de Danilo, la hizo levantarse y ponerse en todos sus sentidos. Aquel nombre, Luciana, ese nombre maldito era quien la llevaba atormentando desde hace años. Desde aquella horrible fiesta donde los amigos de Darién; Damián, Mauricio, Diego... Todo ellos ahí, riéndose descaradamente, hablando de cómo su marido había conseguido a alguien mejor que a ella. Cómo logró engañarla con tanta facilidad. Luciana, ahí estaba. Ahí podía verla enfrente ya todo color, desde lo más alto de su casa. Era apenas una jovencita de cabello rubio largo, abrazando a su Danilo con excesiva familiaridad, frente a todos. Y si Danilo la había llevado hasta su casa, era porque estaba poniendo por primera vez, las cartas sobre la mesa. Y las había sabido jugar. La fiesta se había terminado, ella se iba a dormir. Poco sabía que, desde lo que parecía un simple abrazo de cortesía, Danilo miraba a lo alto de su casa, con una sonrisa de oreja a oreja. Andrea había visto lo que él quería que viera. La fiesta apenas empezaba. Aquella fatídica noche, Andrea no pudo dormir. El dolor de su corazón era extremadamente fuerte cada vez que recordaba que había fallado como mujer. No podía entender porque sufría de esa desgracia. Aun así, cuando Darién llegó a la cama, Andrea intentó acercarse como hacía mucho tiempo no lo hacía. -Estoy cansado- Mencionó, mientras se acomodaba en su espacio. Sin embargo, Andrea lo abrazó por la espalda e intentó besarlo. Danilo, notando las intenciones de su mujer, le respondió con un beso en la mano, como si realmente fuera importante. Pero luego la apartó- Hablo en serio, estoy cansado- Y luego de eso, volvió a apagar la luz. Andrea se sintió derrotada. Era incapaz de incluso seducirte. No despertaba interés. Pero en lo más profundo de ella, un pequeño golpe en su corazón le pedía que lo volviera a intentar. Ella no podía perder tan fácil. Ella era la mística Andrea. Ahora de esposa del doctor más galardonado del país, ella debe tener un beneficio de ello ¿No? Debía pelear por lo que era suyo. Volvió a prender la luz. Ahora un poco más enojada. -¿hace cuánto que no estamos juntos Danilo? -Le pregunto, pero el susodicho intentó ignorarlo, alegando que estaba dormido. Creo que me escuchaste perfectamente. -y acaso importa? No hagas preguntas tontas- Reclamó, medio somnoliento. -Responde la pregunta y te puedes volver a dormir- Realmente, Andrea no sabía de dónde estaba sacando el valor para hablarle así a su Danilo. No lo sé. Si tanto te importa, responde la pregunta tú -Danilo ni siquiera se molestó en voltear a verla. ¡mucho tiempo! - Andrea se cruzó de brazos, recargando se en la base de la cama, esperando ver una reacción en su pareja, reacción que apenas fue visible. - ¿cuánto tiempo? -Preguntó- ¿cuánto exactamente? - ¡No lo sé! No anoté la fecha- Andrea estaba exasperada. -Si no la anotaste es porque no es importante- La jugada de Danilo surgió efecto-Siempre anotas todo. No importa después de tantos años de matrimonio. Ya no somos unos jovencitos Andrea. -¡y es que acaso el amor es solo para los jovencitos? ¿Es que acaso nosotros ya no importamos? -No es eso Andrea- Danilo estaba cansado -Es solo que el amor a nuestra edad, el amor es diferente. -Entonces ya no te importo en ese sentido! ¿Ya no me ves como una mujer? - Le apartó la mirada, estaba al borde de las lágrimas. Y, a pesar de todo, Danilo se vio tentado a decir la verdad. -Por favor Andrea, está conversación es ridícula, no vamos a ningún lado- Danilo se volteo, vuelve la espalda a ella- si tienes algo de compasión por mí, déjame dormir. Aquella fatídica noche Andrea tuvo que llorar en silencio como tantas veces ya lo había hecho en los últimos tres años. Solo recordar el rostro de la sin vergüenza que le había arrebatado su felicidad le causaba náuseas y no podía hacer nada más ante la negativa que su esposo tenia hacia ella. ¿Pero que podía hacer contra ella? ¿Ya había perdido la batalla? Si tan siquiera hacer algo para recuperar el amor de su esposo que alguna vez fue suyo.
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