Me desperté con una erección y su cuerpo en mi mente, estoy tan duro que duele y todo lo que necesito es estar dentro de ella.
No pienso masturbarme, no lo hago desde que era adolescente, no tengo necesidad.
Hace diez minutos que deje de prestar atención a mi asistente, está frente a mi parloteando sobre trabajo y las cien reuniones que tengo está tarde.
Carajo, solo quiero irme de aquí y llegar a la que tengo a las diez.
— Por último el abogado de la señora Smith quiere cambiar el acuerdo de divorcio, parece que la señora no está de acuerdo con la mensualidad que se estipula en el acuerdo de divorcio, también quiere la propiedad de las Bahamas.
— Gracias Olive, lo revisaré y me pongo en contacto. — Reviso mi reloj. — Tengo una cita en un rato, reunión, una reunión. — Corrijo. — No quiero que me molesten por favor, regreso más tarde.
Salgo de mi oficina y de camino a mi auto miro una vez más el papel con la dirección, lo meto en mi bolsillo y conduzco, falta una hora, pero por la mañana el tráfico es insoportable.
Cuarenta y cinco minutos después estoy estacionando mi auto, pero no estoy seguro de estar en el lugar correcto, saco el papel de mi bolsillo y verifico la dirección, parece que estoy en el lugar indicado pero algo me dice que algo no está bien, no es su casa, ni una cafetería, es una escuela, una maldita escuela, ¿Que carajos hago aquí?
— Buenos días, ¿viene a recoger a algún alumno? — Pregunta una mujer a traves de la reja.
— Buenos días, no, es muy probable que me haya equivocado de dirección, busco a Alice Bennett.
La mujer me escanea de arriba abajo y forma una sonrisa en los labios.
— Está en el lugar correcto. — Abre el portón y me hace una seña para que pueda pasar. — Si gusta seguir le indico cuál es su salón. — Avanza por el lugar con familiaridad y ocasionalmente me lanza una mirada. — Ese es su salón. — Señala con el dedo un salón idéntico al resto pero con una distintiva puerta muy colorida, con dibujos relacionados con la primavera.
— Gracias.
Avanzo en dirección al salón y cuánto más me acerco puedo escuchar gritos, me detengo junto a las ventanas y la veo a través de ellas, está frente. a un grupo de niños no mayores a cinco años, parecen estar bailando y cantando.
Golpeo la puerta y el ruido se detiene de golpe, los niños toman asiento en unas diminutas sillas y guardan silencio.
— Oh, hola, llegaste temprano. — Saluda sorprendida, está agitada por el baile, tiene las mejillas ligeramente rosadas con un toque de purpurina que también adorna su cabello, lleva unas gafas redondas que hacen ver mucho más grandes sus hermosos ojos.
— Aún no entiendo que hago aquí.
— Pasa y en un momento lo sabras. — Termina de abrir la puerta y se hace a un lado para permitirme el paso.
Cientos de diminutos ojos se posan sobre mi.
— Alice, esto no es para nada lo.....
— ¿Puedes cuidar al grupo un momento? no me tardo, solo necesito unas copias. — Pide mientras se aleja.
— No creo que yo sea el más apropiado para e....— No tengo tiempo de terminar la oracion, desaparece sin importarle dejarme hablando solo.
Me quedo solo, con un grupo de pequeños Minions, uno a uno comienzan a levantarse, corren y gritan por el lugar, los ignoro y centro la atención en mi teléfono.
— Hola. — Saluda uno de ellos.
— Hola. — Respondo sin prestarle mucha atención.
Observo perplejo como todos comienzan a rodearme y ponen sus pegajosas manos llenas de purpurina y resistol sobre mi costoso traje, hablan todos a la vez y no logro entender nada de lo que dicen, están por todos lados y no se que hacer para detenerlos.
— Silencio. — Grito en un intento por recuperar el orden y parece funcionar, por lo menos por un momento, acto seguido uno de ellos comienza a llorar, intento calmarlo, le muestro algunos de los juguetes que hay en el lugar, le pregunto su nombre pero nada funciona, no sé hacer esto, mi última idea es sacar mi billetera, busco un billete de baja denominación pero el más pequeño que tengo es de cincuenta dollar, con la paciencia llegando a su límite, lo saco y lo ondeo frente a su rostro, sus ojos brillan y deja de llorar de inmediato, da un brinco y me lo arrebata de la mano.
Veo que detrás de él se ha formado una fila de al menos dieciocho niños más esperando recibir dinero.
— No tengo más. — Miento dispuesto a no caer en su trampa.
Un coro de llantos comienza a sonar dentro del aula, un segundo después estoy repartiendo billetes de cincuenta y cien dollar a diestra y siniestra.
Es la cita más cara y menos productiva de la puta vida, me quedo solo con un maldito billete en la cartera, a menos de que acepten transferencia espero que no aparezcan más de estos bandalos estafadores.
La puerta se abre y por arte de magia mi molestia desaparece en cuanto veo a Alice cruzar por la puerta.
— Maestra, tu novio nos dio dinero. — Dice una de las niñas con el billete en la mano.
¿Novios? ¿Eso les dijo? Carajo, no había estado tan nervioso desde ..... nunca.
— ¿Les diste dinero? — Susurra en mi dirección.
Me encogi de hombros y sonreí, que más se puede decir, tenía la evidencia en las manos, todos la tenían.
— Bien niños, él no es mi novio, es un ABOGADO. — resalta la palabra en voz alta.— nos va explicar cómo es su trabajo.
— No me dijiste nada de esto. — Digo sorprendido por lo que acabo de escuchar.
— No me digas que te dan nervios un par de niños.
No son un par, son mucho más que eso y esos niños me acaban de quitar todo mi efectivo.
— Por supuesto que no.
Comienzo a explicar en que consiste mi trabajo.
— Mike. — Me llama en medio de mi discurso. — Palabras sencillas, son niños. — Dice al darse cuenta que no entienden nada de la jerga que estoy usando.
No recuerdo la última vez que pase tanto tiempo cerca de una mujer sin estar desnudos.
Subí a mi auto para regresar a mi oficina después del rotundo fracaso.
— Holmes, necesito una dirección, te envío el nombre. — Llame a mi investigador de confianza.
Ahora, haré las cosas a mi modo.
Escribí un me sabe de texto con lo poco que sabía de ella y lo envíe.
Para cuando llegue a mi oficina ya había recibido en mi teléfono la dirección de Alice.
Con mi primera victoria, entre a la oficina planeando la que sería la segunda, algo que nunca falla y a la que únicamente he recurrido en ocasiones especiales (cumpleaños de mamá), las flores.
— Olive, envía unas flores a esta dirección por favor. — pido a mi asistente mientras anoto la dirección en un block de notas.
— ¿Que tipo de flores señor?
Su pregunta me hace dudar, no se que tipo de flores le gustan.
— Rosas rojas. — Me voy a la segura, no hay nada más romántico que las rosas.
— ¿Desea que agreguen una dedicatoria?
— No Olive, solo mi nombre, avísame en cuanto las entreguen.
Después de un rato llego la noticia que estaba esperando, le entregaron las flores.