CAPITULO 44

2254 Palabras

        Tampoco había asistido al funeral ya que el jardinero me dio la noticias después de su muerte y no tenía a quien darle el pésame, por el hecho de no tener familia la pobre señora, en años de servicio tampoco había recibido una remuneración por más de 40 años en la mansión, toda una vida paso Rufina allí. Una mañana me fui a la floristería y compré un ramo de flores y me dirigí al cementerio, y después de preguntar al hombre encargado de abrir las tumbas, por el nombre de Rufina López, ese hombre me dijo que su tumba yacía en una de la partes más alejadas y abandonadas del cementerio, incluso estaba enmontada y las lapidas se hallaba casi enterradas y otras en el suelo, y cerca de un arbolillo de limones estaba una lápida a medias hacer con la inscripción de “Rufina López QEPD”, sol

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