Llegamos a una cabaña en mitad de la nada, había comenzado a llover por lo que tuvimos que entrar corriendo a la casa, todo era demasiado bonito y acogedor, pero odiaba con todo el ser la lluvia, era fría, incomoda y te hacía pasarlo mal, no me gustaba la lluvia pero si el frió, no niego ser una loca que nadie entiende, pero no me importa, era lo que yo sentía. Daniel encendió la chimenea dejando que esta calentara la casa, se fue a la cocina a hacer la comida mientras que yo me quedaba delante de la chimenea calentándome. —¿Estás bien?—me pregunto Daniel. No le mire. —Tengo frío—aclaré. Daniel me echo una manta por mis hombros y le mire, sin dudarlo le abrace para que me calentará más, al principió las cosas no fueron bien, Daniel se quedo quieto sin abrazarme pero tras ver que yo no

