Nunca te he amado
Estoy ansiosa de que Lucas vuelva, me hace tanta falta y, sinceramente, empiezo a sentir su ausencia en términos de intimidad. Me dijo que volvía hoy, pero no he recibido ninguna llamada, lo cual me preocupa mucho. He preparado una cena para recibirlo, tenemos un año de casados y, aunque a veces siento que está de mal humor, en el fondo jamás me haría daño. ¡Pero lo extraño! Es como mi aire para poder respirar; sin él, siento que me falta algo. Miro mi teléfono una y otra vez esperando una respuesta positiva para poder estar tranquila.
¿Y si le pasó algo? ¿Y si su avión...? No, Lusiana, no pienses esas cosas porque NO son reales.
El celular suena y casi corro para ver su mensaje:
Lucas: Cariño, no puedo llegar hoy. Mi viaje tuvo un contratiempo. En dos días te veo. Por favor, cuídate. Besos.
Sentí mis esperanzas desvanecerse con su mensaje. ¿Entonces no lo veré sino hasta dentro de dos días? La espera me estaba matando. Era increíble lo mucho que me había llegado a enamorar de Lucas Graham, jamás me había enamorado de esta manera. Y me hace mucha falta.
Con mucha tristeza le respondí:
Lusiana: Está bien, cariño, te estaré esperando con ansias. Te extraño y te amo. Besos.
Solo miró el mensaje, pero no me respondió. Eso me pareció extraño.
—Señora, ¿a qué hora llegará el señor Lucas para servir la cena? —me pregunta Lupe, la criada de la cocina.
—No vendrá, Lupe. Guarda todo esto y repártelo entre los trabajadores. El señor llega en dos días —le dije.
Lupe hizo un gesto de desconcierto, pero asintió y empezó a retirar la comida de la mesa.
Me dirigía a la habitación cuando el celular sonó. Contesté con entusiasmo sin mirar el remitente, pensando que tal vez sería Lucas.
—Hola, Lu.
Era Paola, mi ex amiga. Digo ex amiga porque nos distanciamos, solíamos ser las mejores amigas desde pequeñas, pero desde que empezó a meterme ideas malas sobre Lucas, preferí alejarme. Parecía que no se alegraba de que me hubiera casado con el hombre que amo, aparte de ser guapo y millonario. Creo que son celos, y eso me molestó.
—¿Qué quieres, Paola? ¿Seguir con tus chismes de barrio? —le hablé con desgana.
—Me duele que me digas eso. Pero no, solo quiero estar bien contigo. Quiero que volvamos a ser amigas, las mejores. Prometo no volver a decirte nada sobre... esa persona. No quiero que eso afecte nuestra amistad. Fue un error haber dicho esas cosas, perdóname, por favor. Te extraño y quiero salir contigo, tonta.
Sonreí a medias porque yo también la extrañaba. Era como mi alma gemela en la amistad. Suspiré profundo. Ya que Lucas estaba de viaje, no quería quedarme aburrida y sola aquí.
—Te perdono, Paola, pero por favor no vuelvas a decirme cosas en contra de Lucas.
—Lo prometo. Ven al hotel, hagamos algo divertido como en los viejos tiempos.
Lo pensé un poco porque no sonaba mal.
—Está bien. Dame la dirección.
—Te envío la ubicación, querida.
Me llegó su ubicación por mensaje.
—Estaré ahí pronto —le dije, colgando. Subí a ponerme algo más cómodo, ya que me había puesto un vestido muy revelador para recibir a Lucas, pero como no vino, opté por unos pantalones de mezclilla y un suéter blanco. Tomé mi bolso y salí en busca del auto.
—¿A dónde la llevo, señora? —me preguntó el chofer.
—Al hotel Hill.
Me subí al coche y Roberto arrancó.
El hotel Hill es lujoso y tiene fama de que mujeres vienen en busca de hombres millonarios para pasarla bien. Espero que esto no llegue a oídos de Lucas, lo último que quiero es tener problemas con él.
Cuando entré, Paola me estaba esperando con una sonrisa fingida, lo pude notar.
—Amiga —me abrazó—, me hiciste tanta falta.
—También me hiciste falta —le dije.
—Vamos de fiesta, pero... —me miró de arriba abajo, no le pareció mi atuendo—. Vamos a mi habitación para que te pongas un bonito vestido.
—¿Qué haces hospedada en este hotel?
—Pues... —empezó a decirme mientras subíamos en el ascensor—, quise darme unas vacaciones. Estoy soltera, sola, y tengo que buscar cómo distraerme de vez en cuando, querida.
Las puertas se abrieron y caminamos por el pasillo. Llegamos a la puerta de la habitación 203, y me pareció extraño que dentro se escuchaban voces, como gritos o gemidos.
—¿Estás sola?
—No... quiero que veas algo, Lu. Perdóname por esto, por favor, pero tenías que saberlo. Odio que te mientan.
Abrió la puerta y me dejó pasar. Avancé un poco hasta encontrarme con la cama y una pareja teniendo sexo allí.
Me quedé paralizada, sentí cómo mi mundo se derrumbaba en un segundo. Esto no puede estar pasando, tiene que ser una pesadilla. Sentí cómo mi corazón se partía en mil pedazos. Estaba... una mujer desnuda disfrutando de su pareja... pero yo conocía muy bien a esa persona: era Lucas. Ambos se besaban y acariciaban. Ni siquiera se habían dado cuenta de que yo estaba ahí. Reían.
Cuando dejé caer la bolsa al piso, voltearon a verme. Me llevé una mano a la boca, tratando de no echarme a llorar allí mismo.
—¡Lusiana! —dijo Lucas, sorprendido—. Esto es...
—Lucas, tú...
—Lusiana... perdóname, pero la verdad es que nunca te he amado —me dijo sin tapujos—. Me casé contigo por la presión de mis padres... perdóname.
Tomé mi bolso y salí corriendo del lugar. No podía seguir viendo esa escena. Llegué donde estaba Roberto y me subí al coche.
—¿Todo bien, señora?
—Llévame a casa —le dije apenas en un hilo de voz. Sabía que Roberto estaba preocupado, pero no quería quebrarme allí frente a él. Además, estaba en shock por lo que había visto. Esa imagen de Lucas, el amor de mi vida, teniendo sexo con otra mujer no salía de mi mente. Cuando llegué a casa, subí rápido a la habitación y, allí sí, lloré.
Lucas no tardó en aparecer.
Mi dolor no le causaba nada, y eso me dolía más. Pensé que me amaba. Ahora me siento traicionada. ¿Cómo fingió tan bien que me amaba? ¿¡Cómo!?
—Lusiana, perdóname.
—¡No vuelvas a mencionar mi nombre! —le grité, lanzándole una almohada que él atrapó. Abrí los cajones y saqué toda mi ropa; no pienso quedarme ni un minuto más aquí. Ahora todo esto me da asco. ¿Cuando venías a hacerme el amor, lo hacías después de estar con otra, no es así?
—Lo que te dije es cierto. De hecho, pensaba pedirte el divorcio, pero ahora que lo descubriste por ti misma fue mucho mejor porque no tenía el valor. Lusiana, eres una buena mujer y no te mereces a un idiota como yo. Es mejor que te deje libre para que puedas encontrar a alguien que sí te ame.
"Que sí me ame".
No lo sabe, pero sus palabras son como dagas hacia mi pobre corazón. Puse toda mi ropa en mis maletas lo más rápido posible y, cuando estuve lista, lo miré.
—Así que te casaste solo por presión de tus padres. Un matrimonio arreglado, y yo ni cuenta me di. Pensé que me amabas. Hice todo lo posible para que estuvieras cómodo. Te cuidaba, te esperaba, te... —sollocé—. Ya no vale la pena seguir mencionando todo lo que hice por este idiota. Al menos hubieras tenido el valor de decírmelo en la cara, cobarde. Si querías el divorcio, me lo hubieras pedido y ya. Tampoco te voy a rogar —dije con rabia—, porque, Lucas Graham, te voy a demostrar que hay vida después de ti. Envíame los papeles del divorcio pronto para firmarlos y hacer de cuenta de que tú y yo nunca fuimos nada. Quédate con tus zorras, espero que un día te enamores y seas tú a quien le rompan el corazón. Te mereces lo peor de este mundo por haber jugado conmigo, con mis sentimientos, cuando yo solo hice cosas buenas por ti. No quiero volver a verte jamás en mi vida. Para mí, ya estás muerto.
Lo dejé sin palabras.
Tomé las dos maletas y pasé a su lado. Salí de esa casa a la que un día llamé hogar y tomé un taxi, porque el chofer era suyo, todo aquí era suyo. Yo no tenía nada. Me quedé sin nada. Lucas me dejó sin nada.