Hermes La furia arde dentro de mí como un fuego descontrolado mientras lanzo golpe tras golpe contra el hombre que me apuñaló hace tres meses. Cada impacto es una liberación momentánea del dolor que he estado sintiendo desde ese maldito día. Mis nudillos están doloridos, casi entumecidos por el constante contacto con su cuerpo, pero no puedo detenerme. Necesito hacerle pagar por lo que ha hecho, por dejarme en este estado de parálisis y por separarme de mi mujer e hijos. —¡Ya basta! Por favor—implora John con dificultad. Intenta zafarse del agarre de Patrick y Martín, pero estos no se lo permiten. —Todavía no acabo contigo, imbécil. No gastes tu aliento clamando una piedad que no te daré—gruño asestando otro golpe en su mandíbula casi destrozada. Deseo con todas mi fuerzas seguir con

