CAPÍTULO 33: LO QUE NO PODEMOS CONTROLAR

894 Palabras

El miércoles por la mañana, Victoria hizo su maleta. Lo hacía con una eficiencia que siempre me había parecido admirable: ropa doblada en categorías, zapatos envueltos en bolsas de tela, neceser perfectamente organizado. Doce años de viajes de trabajo habían convertido esa rutina en algo casi mecánico. Yo la observaba desde el marco de la puerta de su habitación, preguntándome si así era como se veía el mundo cuando lo estás a punto de destruir: perfectamente ordenado, perfectamente normal, perfectamente ajeno a lo que se acerca. —¿Segura que no necesitas nada? —pregunté. —Segura. —Cerró la maleta—. Oye, Sofía. —¿Sí? —He estado pensando... —Bajó la mirada al cierre de la maleta, pasando el pulgar sobre él—. ¿Todo está bien entre tú y Alejandro? El piso desapareció debajo de mis pies

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