No dormí. Me quedé mirando el techo toda la noche, procesando. El discurso de mi madre. Sus palabras sobre familia. La forma en que había mirado a Alejandro y a mí con tanto amor. Las dos personas que más amo en el mundo. ¿Cómo podía destruir eso? Pero también, ¿cómo podía seguir viviendo esta mentira? A las seis de la mañana me rendí. Me levanté, me duché, me preparé para el día que cambiaría todo. Bajé a las siete. Mi madre ya estaba en la cocina, impecable en su traje de trabajo. —Buenos días, graduada. —Sonrió—. ¿Cómo te sientes? —Cansada. No dormí mucho. —Demasiada emoción de ayer. —Preparó café—. Fue un día perfecto, ¿verdad? Perfecto. Claro. —Sí, mamá. Fue hermoso. —Tu discurso me hizo llorar. —Lo noté. —Es solo que soy tan feliz. —Tocó mi mejilla—. Tengo todo lo que s

