Una vez terminaron de desayunar, cada uno se retiro de la mesa y se dispuso a realizar sus labores del día.
— ¡Padre necesito hablar con usted y debe ser lo mas pronto posible!
— colocando se muy serio.
— ¡Muchacho ni siquiera pides la Bendición a tu padre! — respondido altaneramente.
—¡Disculpe me padre pero es muy en serio necesito hablar con usted!
— ¡En un rato hablamos, ahora debemos cumplir con lo que vinimos ¡a trabajar! — evadiendo lo rápidamente.
— ¡Padre basta, ya no soy un niño!
— subiendo su tono de voz.
— ¡Que quieres Andrés ya te dije que ahora hablaremos!
— Con permiso Don Manuel ya limpiamos el establo que nos ordenó.— dijo Rafael uno de los peones que estaba trabajando esa semana en la hacienda interrumpiendo sin intención la conversación entre padre e hijo, por supuesto a Don Manuel le cayó como anillo al dedo para evadir a Andrés.
— ¡Muy bien vamos a ver como quedó eso, hijo luego hablamos anda a cumplir con tus labores, que Dios te bendiga! — Andrés estaba muy molesto sentía que la sangre le hervía , su padre una vez más se había burlado de él.
—¡Si crees que esto se quedara así pues estas bien equivocado padre! — Expresó Andrés con un profundo sentimiento de rabia.
En la cocina se encontraban Rebeca y la señora Estela fregando los corotos, eran un buen equipo se repartían las labores por igual, mientras Rebeca restregaba los platos con pétalos de rosas mientras que la señora Estela les echaba agua con una tapara
— Estelita hoy cuando estaba recibiendo a los trabajadores para que pasaran a desayunar pasó algo muy extraño.
— Como dices hija ¿que pasó?
— pregunto estelita.
— ¡El señor Manuel me miró de una manera extraña! — poniéndose un poco nerviosa.
— ¿De que manera hija?
— ¡No sabría explicarle Estelita es la primera vez que alguien me mira así, el señor espero que los demás pasaran a la cocina y luego me dío los buenos días mirándome tan extraño que sentí vergüenza. — sitiendo se confundida.
—¡Mi niña mucho cuidado con ese señor, no estés cerca de el y trata de no estar sola, no sabemos quien es! ¡La señora Eugenia podrá confiar en el pero nosotras no debemos hacerlo! — siendo muy clara con Rebeca.
— ¡Si Estelita así va a ser! — Estelita se quedo pensando ¡Viejo descarado! ¡no le da pena!
Muy elegante y vestida de n***o como de costumbre la señora Eugenia se prepara para salir a la ciudad de Caracas, un viaje de negocios y familiar le espera, por supuesto los negocios son lo primordial para ella, no puede permitir que su hacienda se derrumbe.
—Don Manuel aquí le entrego este manojo de llaves, solo las tienen las personas de mi entera confianza, ya que Pedro saldrá conmigo a la cuidad usted sera el encargado de tenerlas — responsabilizando.
— ¡Es para mi un honor que me sea confiado tan preciado tesoro! ¡Que Dios los acompañe y regresen pronto! — respondió a su patrona.
— ¿Estas listo Pedro? — ¡Si señora Eugenia! — dijo abriendo la puerta de la carroza para que la señora Nieves se subiera, muy delicadamente ella subió su vestido para no resbalar al pisarlo y se apoyó de la mano izquierda de Pedro la cual estaba extendida para ayudarle.
— ¡Espero todo salga bien! ¡Santísimo ayúdame en este viaje! — expresó ¡En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo Amén, persignándose y tomando el rosario para rezarlo durante el recorrido del viaje.
Mientras tanto en San Fernando de Apure se encuentra Doña Julia y Juliet, es un nuevo día una nueva mañana sin embargo para ellas es un día común y corriente se han levantado muy temprano para hacer los quehaceres del hogar Juliet está regando las plantas en la parte trasera de su casa y Doña Julia se encontraba barriendo las hojas secas.
— Madre, ¿Papá no le ha escrito?
— ¡Bueno hija aún no he recibo correspondencia de el, pero si de tu hermano!
— ¿Cree que suceda algo con papá? ¡No creo hija! ¡las malas noticias son las primeras que se saben! — mirando a su hija a la cara.
— ¿Entonces porque no le escribe siquiera para saludarle? ¡Mamá con todo respeto, ya no soy una niña y me he dado cuenta que papá ya no es la misma persona con usted! —¡Ya no esta pendiente de nosotras! — las palabras de Juliet remontaron a Doña Julia a una época en la que su matrimonio estaba atravesando por una crisis.
Don Manuel la dejó sola durante casi dos años tras irse a una guerra, la señora Julia solo salia al mercado y a casa de su madre o si no se encontraba sola en su casa, no tenía amistades solo le acompañaban el personal de trabajo de su hermosa hacienda; dos mujeres llamadas Petra y Rosa y dos caballeros el señor José y Esteban quien era un poco más joven de unos 37 años contemporáneo con Doña Julia atento referente a todas las cosas de la hacienda, siempre estaba presente; un día miró a la señora Julia con deseo podía ver que detrás de aquella ropa señorial se escondía una hermosa mujer llena de vida
— ¡Es una rosa que están dejando regar! — dijo mirándole de arriba abajo, justo en ese momento a la señora Julia se le cayó de las manos su abanico Esteban se agachó muy amablemente para recogerlo la señora Julia también había hecho lo mismo, es justo en ese momento cuando ocurre por primera vez una mirada entre ambos con deseo la miro aquel joven; la señora Julia de puso un poco nerviosa, su piel se le erizó y sus manos temblaron, luego se levantó rápidamente para evitar todo lo que estaba ocurriendo
—¡ Gra, gracias! — Respondió con nervios.
— ¡ No se preocupe ! — Disculpe señora Julia pero no puedo evitar decirlo, ¡sus ojos son los cristales mas hermosos que he visto! Don Manuel debe sentirse muy orgulloso de tenerla como esposa!
— La señora Julia se sonrojó, y sin querer cayeron en un romance sin frenesí en donde la pasión y lujuria desbordaba.
Al recordar aquel momento la señora Julia sentía vergüenza y pena ya que ese era el secreto mas grande que ella guardaba durante años.
— ¡Madre! ¡Madre! — le gritaba su hija.
— Perdón hija me distraje un poco, ¡Juliet recuerda! Debemos ir a las 10: 00 AM, a tomar el té en casa de los Pérez , vamos a terminar las cosas rápidamente se nos hará tarde debemos ser puntuales — Dijo la señora Julia para cortar con la conversación.
Mientras tanto en la hacienda Nieves Don Manuel se encontraba rondando, era como una casería de brujas no dejaba de observar y observar buscando licor su adicción era tanta que no podía estar tranquilo hasta beber; después de tanto buscar se dio cuenta que en ningún otro lugar había licor solo en el estante que ya había observado así que no le importó nada y fue directo a buscarlo.
La vitrina se encontraba en una bodega de la cual solo tenían llaves las personas de confianza, esta era la oportunidad perfecta para Don Manuel todo el licor para el solo por fin saciaría su sed.
—¡Por fin estoy en la Gloria! — Exclamó con una sonrisa. Sin dudar Don Manuel tomo la botella de whisky y comenzó a beber desmedidamente.
Mientras tanto Andrés ya había bañado a los caballos pura sangre con mucha dedicación, bañó uno auno, admirando la incomparable belleza de estos animales se había asegurado de tratarlos con cariño para mantenerlos domados.
— ¡Jo! ¡Jo! ¡Tranquilo, tranquilo! — Le decía Andrés a cada uno de los hermosos caballos que ya estaban listos dentro del potrero.
Fue un día de mucho trabajo en la hacienda Nieves, los trabajadores se fueron preparando para la hora de la cena exactamente a eso de las 6:00 PM,
Cenarían en el mismo orden que el día anterior Don Manuel y Andrés en el comedor del personal de confianza, esta vez cenarían solos ya que la señora Eugenia y Pedro se encontraban rumbo a la ciudad de Caracas, los peones cenaban en el establo y la señora Estela y Rebeca en la cocina, esta vez la señora Estela seria la que recibiría al personal de confianza y les serviría la cena, quería evitar que Don Manuel tuviera contacto con Rebeca; ella sabia exactamente cuales eran las intenciones de este, pero al esperar solo ve que Andrés llega solo enseguida le pregunta:
— ¡Hola hijo! Y ¿Tu padre?
— ¡Hola señora Estelita! ¡No lo se!
— ¡Y créame que quisiera saberlo!
— ¡Sigue hijo, antes que te enfríe la cena!
¿En donde estará papá ahora? ¿En que cosas andará ahora? — se preguntó Andrés.
Mientras tanto Don Manuel ya tenía un plan en mente. Tomó la botella de whisky la guardo entre su chaleco y pantalón, luego se aseguró de que nadie lo viera y se aproximó a la habitación caminando poco a poco, una vez ingreso a la misma comenzó a beber.
— ¡Por fin lo logré! ¡Salud! — Dijo levantando la botella hacia arriba y echándose el primer trago en la habitación.
— ¡ Muchas gracias señora Estelita! —Todo quedó muy sabroso, dijo Andrés aprovechando que solo estaban ellos dos
— Con permiso nos vemos el día de mañana si el santísimo así lo permite.
— ¡Hasta mañana hijo! ¡ Que descanses! — despidiendo de el.
Andrés se dirigió a la recamara estaba muy agotado solo quería bañarse e ir a dormir, no sabia si podría hablar con su padre ya que nadie sabía de el.
Al abrir la puerta de la habitación se encontró con su padre:
— ¡Hijo mio! ¡Por fin llegaste! ¡Ven te invito un trago!
— ¿Pero papá que haces? ¿Has enloquecido, de donde sacaste esa botella? — pregunto a su hijo.
— ¡Hijo no hay que de que preocuparse todo está bajo control! — respondió Don Manuel.
— ¡Papá que es lo que pasa, ya dime la verdad de una vez por todas! ¡Ya no soy un niño, porque esa actitud tan extraña, ¡No soy un tonto! ¿De donde sacaste esa botella?
— ¡Ya cállate muchacho del demonio! ¡Deja de hablar tantas pistoladas! — tratando mal a su hijo.
— ¡No me voy a callar papá, ya estoy cansado de sus maltratos ! ¡Ahora que explicación le dará a la señora Eugenia sobre su licor! ¡El hombre que me enseñó que lo ajeno no se debe tomar, tomando una botella de licor que no es suya!
— Don Manuel no toleró tales palabras, se le fue encima a Andrés dándole un golpe en la cara, partiéndole la nariz luego se disponía a seguir golpeándole pero con agilidad Andrés logró esquivarlo; así que se golpeo con la mesita de noche y cayó en el suelo Don Manuel, desde allí pudo ver como Andrés sangraba y recordó claramente cuando el el año 1811 hizo uno de los actos mas despreciables que un ser humano puede hacer, abuso sexualmente de una niña de 14 años quien se encontraba trabajando en el campamento de batalla, aquella niña de cabellos amarillos como el sol y ojos azules como el mar fue tomada a la fuerza por un brazo, la llevo a un monte muy lejos en donde nadie pudiera escucharla, la amenazó con matar a su familia si decía una palabra y fue justo en aquel lugar en donde con mucha agresividad penetro a aquella niña causándole un dolor desgarrador; por más que gritaba nadie la podía escuchar, por eso la golpeo fuertemente hasta romper su nariz y terminar su bajo acto s****l.
Después de tener ese recuerdo tan turbio Don Manuel se salió de la habitación en la que había quedado completamente solo; se dirigió al baño y se quedó pensando en todo lo que paso aquella tarde de 1811, después de ese día no solo la vida de aquella niña cambio, ahora Don Manuel ahogaba en el alcohol cada vez que podía aquel espantoso recuerdo .
Andrés salió de la casa fue muy lejos de los establos, de la hacienda, de la gente de todo y todos solo quería estar solo; bajo la mirada de la Luna y el cielo estrellado de Barinas pensaba y pensaba como haría para ya no estar al lado de su padre, pues pasó lo que el tanto temía su padre no era quien aparentaba ser, es entonces cuando Andrés se comienza hacer miles de preguntas.
¿Quien es realmente Papá? ¿a quien mas le ha hecho daño? ¿a quien mas le seguirá haciendo daño?
Ya no puedo seguir al lado de papá ya no confió en él, apenas regresa la Señora Eugenia hablare con ella se decía así mismo Andrés quien ya había decidido dar el paso que quiso hacer desde hace mucho tiempo.
Sin perder tiempo Don Manuel ya había bebido gran parte de la botella que tomo sin consentimiento de la señora Eugenia, esto podría llamarse robo pero para el no lo era simplemente con su actitud de cinismo planeaba a quien culpar de ello y ¡Caramba, vaya que pensó muy bien a quien culpar! Se miro en el espejo del baño y dijo a su reflejo:
— ¡Eres un ganador Manuel Robles! Nada ni nadie puede derrotarte.
salio del baño entro a la recamara, buscó una camisa la cual aun se podía ve recién planchada, cambio su pantalón por uno color gris plomo se puso sus zapatos mocasines los cuales brillaban tanto como la noche por su puesto no podía faltar su revolver Smith Wesson 38 Chiefs Special cañón corto que siempre lo acompañaba a un costado de su cintura; salió de la habitación bajando las escaleras, pasando por la espaciosa sala y dirigiéndose a las afueras de la hacienda.