Capitulo 12 "En Las Mejores Familias"

2001 Palabras
Mirando de un lado a otro salió Don Manuel Robles ex capitán quien había luchado en tantas guerras y había salido victorioso defendiendo la patria, con actitud arrogante y orgulloso de si mismo caminaba por la hacienda Nieves buscando algo, o mejor dicho a alguien. Se paseo por la cocina, por el porche de la hacienda, por las caballerizas hasta que por fin encontró a quien buscaba, como todo era seguro no había de que preocuparse así que los peones dormían con la puerta el establo abierta, además el insoportable calor y la plaga los obligaba a hacerlo; cosa que no les causaba ningún tipo de problema. — ¡Buenas noches caballeros — dijo Don Manuel entrando al establo. — ¿Pasa algo? — preguntó Arturo con mucho asombro. — ¡Si, uno de los caballos esta atorado entre uno de los alambrandos de la empalizadas y me es imposible sacarlo de allí! — ¡Necesito a uno de ustedes ¡Tu muchacho! — Dijo refiriéndose a Juan — Eres el indicado ven acompaña me. — juan no tuvo otra opción que ir, después de todo Don Manuel pasaba a ser su jefe y debía obedecer le. — ¡Voy! — Dijo mirándole con odio, se levantó se coloco las botas de trabajar una camisa y salió. ¡Ya vengo muchachos! — Juan no decía ninguna palabra solo caminaba muy molesto. Don Manuel comenzó a hablar como para romper el hielo. — ¡Bien muchacho, vamos por acá ese caballo no para de relinchar! — ¿En donde esta el caballo? —¿Por aquí no están los establos? — ¿A donde me lleva? — tranquilo, esta mas adelante. — ¡Escuchame bien patiquin desde el primer momento en que te vi no me diste buena espina para nada, ¡conozco a los que son como tu! — ¿De que habla? ¡Usted es el único que se ha pavoneado frente a nosotros, diciendo que debemos hacer o no, como si no supiéramos hacer nuestro trabajo! — ¡ Cállate! No eres mas que un Don nadie, un bastardo, ¡un hijo de poca madre! — le dijo provocándolo para crear un conflicto. — ¡Viejo Borracho! — le dijo Juan ¡En ese momento Don Manuel se enfureció y se le fue encima a Juan lanzándole un golpe, Juan lo esquivo y también se lo devolvió, tenia mas agilidad era mucho mas jóvenes y su peso le favorecía pero don Manuel no se dejo, para el era una ofensa que un "Simple peón le ganara en una pelea" así que Don Manuel sacó su arma y lo amedrentó apuntándole en la cabeza. — ¡Eschuchame bien hijo de cabaretera, ahora mismo debes largarte de la hacienda y dale gracias a Dios que no te mato porque estoy de buenas así que largate ya! y cuidado con decir una sola palabra de esto a alguien, de lo contrario me encargaré de ir hasta tu casa y yo mismo matare con mis propias manos a tu miserable familia ¡bastardo! — juan lo miro con odio e impotencia porque no podía hacer nada. — ¡Ya largate! ¡largate! — juan no tuvo otra opción que irse de la hacienda solo con la ropa que llevaba puesta y prácticamente huyendo. Mientras tanto en el establo los demás compañeros se preguntaban — ¿que raro que ese señor vino hasta acá a pedir ayuda, no les parece extraño? — dice Domingo — ¡Si un poco raro, bueno esperemos que venga Juan y nos cuente antes que caiga la mañana, y ya tengamos que irnos muchachos! — dijo Guillermo Llego el amanecer y Don Manuel se acercó hasta el establo nuevamente. — ¡Buenos días muchachos espero hayan pasado una buena noche! Les dijo, ¿ya su compañero les dijo lo ocurrido? — ¡No, no hemos visto a Juan desde anoche que se fue con usted! — ¿Me hablan en serio? —¡Sii! Y muy enserio — dijo Rafael con mucha intriga — Muchacho les contare; su compañero anoche se portó como un patan , estaba muy molesto porque estaba lidiando con el caballo y el alambrado además no soportaba que yo le diere las ordenes, siento que ese joven sentía desprecio por mi ya que se me abalanzó encima diciéndome que mi actitud no le agradaba para nada, como podrán entender me toco defenderme — dijo descaradamente el Señor Robles. — Dijo que ya no me soportaba y dio gracias a Dios que no estaría mas acá ya que se les terminaba el contrato, se dio media vuelta y se fue. — A Don Manuel no le importaba en absoluto lo que pensaran de el aquellos "Don nadie" como el les llamaba sin embargo creyó oportuno hablar con ellos y así evitar algún comentario en su contra. — ¿Se fue así, sin sus cosas? — pregunto nuevamente Rafael. — ¡Eso me pregunto yo, al parecer me odiaba tanto que ni sus pertenencias le importaron! — respondió Don Manuel. — ¡Bueno muchachos me retiro! ¡con permiso, debo seguir trabajando que les vaya bien! — ¿No les parece extraño eso que dijo? ¿sera que ese señor mató a Juan? — dijo Rafael quien inmediatamente fue interrumpido por Arturo. —¡No digas eso! — respondió persignándose rápidamente — ¡Y si eso fuera así no nos creerían Rafael es la palabra del Capitán contra la de un peón! — Mejor ya vámonos, — dijo Guillermo tomando un pedazo de paja y colocándolo en su boca cada uno salió poco a poco. — ¡Al parecer ese viejo es peor de lo que nos imaginamos! — dijo Arturo. — ¡Eres un genio Manuel Robles! Dijo Don Manuel soltando una gran carcajada. ¡Ja, ja, ja! — Ahora debo esperar lleguen los próximos ¡don nadie! — refiriéndose a el otro lote de peones que llegaría a la hacienda. Pero primero un baño y un trago no me caerían nada mal, se dirigió hacia la hacienda poco a poco con una gran satisfacción pues se sentía en un pedestal y nadie podía estorbarle a Don Manuel inclusive su hijo. — ¡Hola señora Estelita! ¡Buenos días! — ¡Pero hijo por Dios Santo que te sucedió! — Dijo la señora Estela con gran asombro al ver a Andrés con la nariz rota e hinchada. — ¡Ay señora Estelita, papá, fue papá! — ¿Como dices muchacho? — ¡Si me pelee con el, pero bueno ya es hora de que tome las riendas de mi vida como un hombre que soy, fue lo mejor así de una vez tomo control de mi vida! — ¡Hijo pero como dices eso, un hijo y padre nunca deben pelear! — ¡Si tiene razón señora Estelita, o eso es lo que un padre pensaría antes de golpear a su hijo! — La señora estela guardo silencio y le dijo. —¡Tranquilo hijo ya te prepararé una aguita de árnica es muy buena para sacar los golpes! — ¡Buenos días! — dijo Rebeca quien se acercó a la cocina y le preguntona Andrés ¿Que le pasó joven Andrés? — Hija ven ayudarme a recoger unas árnicas ven vamos rápido — dijo la señora Estela interrumpiendo a Rebeca. —¡Estelita! ¿Que le paso? — hija fue el degenerado de su padre lo golpeo, no se porque y tampoco quise preguntarle ¡solo vamos a ayudarle preparándole el agua de árnica para que le saque ese golpe! Mientras tanto camino a la cuidad se encontraba la señora Eugenia pensando como hablar con su hija para que ella aceptara estar a cargo de la hacienda junto con ella, habían muchas cosas con las que la señora Eugenia no podría lidiar sola — ¡Señora Eugenia hay un camino en el que podríamos ahorrarnos unos días y llegar a la cuidad en menos tiempo! — ¿Que tan seguro es ese camino Pedro? ¡No lo se señora! Antonio el chofer de los Quintero me comento de ello, tendríamos que intentarlo, usted ordene señora. — ¿Porque no? — vamos a intentarlo Pedro, ¡pero eso si con mucho cuidado, no conocemos esos caminos verdes! — ¡Como usted ordene señora! — Pedro fue conduciendo la carroza con mucho cuidado ¡Jo! ¡Jo! Decía mientras tiraba del atalaje para arrear a los caballos. De vuelta a la hacienda Andrés estaba lavando su rostro con al agua de árnica. — con cuidado hijo, decía la señora Estela quien lo ayudaba a echarle el agua poco a poco. — ¡Arde un poco! — Si hijo pero esto te ayudará a sanar rápido. — Señora Estelita hay un favor que quiero pedirle — ¿ Dime hijo que sera ? — ¿Usted podría permitirme quedarme acá? ¡ya no puedo, ni debo estar al lado de papá es lo mejor! — ¡Hijo cuanto quisiera ayudarte! pero eso que me pides es delicado, lo mejor es que hables con la señora Eugenia, si hago eso sin su consentimiento se podrían formar la sampablera! — Entiendo señora Estelita, ¡bueno algún sitio buscare para quedarme la hacienda es grande! — En lo que regrese la señora Eugenia hablaré con ella. — La señora Estela se sintió muy mal al saber que Andrés se quedaría en uno de los establos, sin una cama en donde dormir solo la paja de heno. — ¡Hijo hagamos algo, pero eso si, no se lo puedes decir a nadie, ya sabes como son las cosas con la señora Eugenia, es una señora de carácter y si se llegase a enterar podríamos perder nuestro trabajo! — Le escucho señora Estelita. — ¡Te quedaras acá! detrás del sótano hay un cuarto pequeño en donde puedes pasar la noche, eso si, debes hablar con tu padre el debe saber en donde pasaras la noche se podría preocupar mucho! — Señora Estelita ¡pierda cuidad! ¡A mi padre no le interesa otra cosa que no sea el alcohol, ni cuenta se dará! — ¡Esto si es vida! Solo debo estar pendiente que los "don nadie" hagan su trabajo y quedarme tranquilo solo me falta algo, una linda damisela como la que aquí trabaja ¡Ja, Ja, Ja! — dijo Don Manuel bebiendo un trago de whisky y encendiendo un tabaco — ¡pronto! ¡pronto! ¡no podrás escaparte de mi corderito! —dijo con una mirada sádica. — ¡Pobre jovencito, no le ha sido fácil lidiar con un padre como ese señor! — dice la señora Estela a Rebeca en ese momento preparando el almuerzo. — ¡Hay algo que no entiendo! Un padre es una persona, que enseña, que cuida, que inculca principios, y parece que ese señor es todo lo contrario, ¿no le parece Estelita ? — ¡Bueno mi niña quien sabe, de pronto ver tantas cosas en la guerra hizo que ese señor cambiara, no sabemos, lo que no me parece nada justo es que lo golpee, pero bueno mi niña esas cosas suelen pasar hasta en las mejores familias! Don Manuel baja de la habitación con un olor a tabaco impregnado en su ropa y alcohol en su alieno a recibir a los peones que trabajarían durante esa semana, también le había sido asignada por la señora Eugenia la tarea de ver bien que trabajador podía quedarse permanentemente en la hacienda y así teniendo mas persona eficiente en ella, una fila de muchachos entre 28 y 37 años esperaban ser atendidos por Don Manuel ¡Buenas tardes! — Permitanme presentarme soy el ex capitán Manuel Robles encargado de los peones que trabajan en esta hacienda, a partir de este momento estaré supervisando el trabajo de ustedes además les diré que hacer, ¡Hay mucho trabajo en esta hacienda y necesitamos verdaderos hombres para ello! — Recalco Don Manuel Robles dejando bien marcado el machismo
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