Después de minutos Robert se detuvo en frente y bajé rápidamente para ir hasta el salón del pequeño. En cuanto me detuve toqué a la puerta y la profesora salió. —¿Qué sucedió? —inquirí inquieta. Ella me observó con el ceño fruncido. —Vamos. El niño está en la dirección. Ella comenzó a caminar y después de pasar varios pasillos entramos en una oficina, allí se encuentra Milán sentado en una de las dos sillas que hay allí y la que me imagino es la Directora. Su expresión de pocos amigos me asustó. —Por favor —señaló la profesora Brenda señalado la silla vacía al lado de Milán. Eso hice y miré al niño que está cruzado de brazos con el rostro fruncido. —¿Qué sucedió? —inquirí mirando a la señora con traje elegante y ojos azules, quién está con los labios fruncidos. —Sucede que este niñ

